“Sabemos que estamos en transición, pero no sabemos hacia dónde”. Es una de las frases más rotundas (y gramscianas) que podemos leer en Senderos que se bifurcan (Arpa), el último ensayo histórico-político que acaba de publicar José Luis Villacañas. Y evitamos adrede el sintagma el último libro de José Luis Villacañas porque, sinceramente, no sabemos con exactitud cuál es el último libro de este pensador estelar y grafómano. Aún no repuestos de su Max Weber en su contexto (Herder, 2024), o Giorgio Agamben. Justicia viva (Trotta, 2024), o de Diego de Saavedra Fajardo. La lealtad conocida (Fundación Banco Santander, 2025), o su imponente Ortega y Gasset: una experiencia filosófica española (Guillermo Escolar, 2023), y seguro que me dejo alguno, aparece este libro suyo con una propuesta a medio camino entre los Momentos estelares de la Humanidad de Stephan Zweig y las grandes síntesis de historia globalista tipo Harari o Frans de Waal.
En 'Neandertales', el autor examina el primer gran cambio cultural y político de la Humanidad: la mutación casual que permitió a los Sapiens desarrollar una laringe peculiar con la que podían articular un verdadero lenguaje, lo que condujo a un desarrollo sin precedentes de la conciencia y las formas más dinámicas del cerebro humano, inaugurando las jerarquías dentro de las cavernas y la costumbre tan humana de contar historias. Con la nueva glotis nacen también la narrativa, la literatura, y el pensamiento diversificado. En 'Akenatón o Moisés' Villacañas desarrolla un tema que había obsesionado a Hume y a Condorcet: cómo se pasó de las religiones totémicas al politeísmo, y de ahí a la abstracción monoteísta.
En 'Tersites o Agamenón', el autor se centra en un episodio de la Ilíada en el que un disidente se enfrenta, en un capítulo inicial y arcaico de parlamentarismo embrionario, a la aristocracia militar y guerrera que trata de detentar el poder político en casi todas las sociedades humanas. Y va asomando aquí y allí el verdadero tema del libro: la oposición entre el concepto de Gobierno y el de Imperio, que se consideran antagónicos. El descontento Tersites vendría a ser el primer arquetipo de pionero lúcido, que señala los males del poder por el poder y el verticalismo irracional, luego desarrollados en figuras modernas como Lutero o Max Weber.
José Luis Villacañas
Mientras que el Gobierno consistiría en la organización de las diversas funciones necesarias en el seno de una comunidad, el Imperio consistiría en la instauración de una obediencia directa que trabajaría para sofocar tanto la libertad personal como cualquier tipo de diversidad ideológica o de conciencia. En 'Calígula o Filón' se analiza la independencia del pueblo judío respecto a las pretensiones de divinización en vida del Trump romano y la persistencia del pensamiento griego bajo las pulsiones militaristas del Imperio. 'Mauricio o Gregorio' resume la vida y la política de un Emperador bizantino y del primer Papa que se dio cuenta de que sin un Estado propio no iba a poder sobrevivir un cierto tipo de catolicismo. 'Cristóbal Colón o el príncipe Juan' relaciona el estado depresivo de la Corte castellana, encallada en muertes prematuras y guerras civiles, y el impulso optimista que supo insuflar el descubridor a un país que no encontraba una salida civil clara.
'Carlos V o Lutero' es uno de los capítulos nucleares, puesto que se enfrentaron la primera disensión seria y organizada, iniciada por un simple fraile, contra el primer Imperio moderno con pretensiones de controlar el mundo entero. 'Hamlet o Cromwell' analiza la primera Revolución moderna y cómo se gestó la mentalidad ganadora en la incipiente civilización capitalista. 'Tocqueville o Donoso' es de algún modo una profecía de lo que se iba a desarrollar en el mundo contemporáneo, que se mueve en la siguiente disyuntiva: democracia orgánica o dictadura expansiva. 'Disraeli o Bismarck' es un capítulo de transición entre esa radiografía del mundo liberal y su crisis en el siglo XX, que llega en 'Guillermo II o Weber', que quizás es el más bello e intenso de los capítulos del libro.
¿Puede organizarse el ser humano en comunidades racionales que garanticen su libre desarrollo humano y cultural, o vencerán los caprichos destructivos de los excéntricos obsesionados con la homogeneización, como Calígula, Guillermo II, Hitler, Stalin o Trump? Villacañas se abandona en ocasiones a una épica inteligente que quiere infundir optimismo o confianza en el futuro, demostrando que es también un gran historiador y un escritor muy hábil a la hora de trazar grandes síntesis: “Tocqueville comprendió que el juicio moral era un motivo político formidable, mucho más decisivo que la situación de sufrimiento social. La razón de la revolución era el vicio, la indiferencia, el egoísmo de una gente incapaz e indigna. De forma desesperada clamó por la transformación del espíritu de gobierno”.
“Donoso" –escribe– "escuchó con atención al embajador y vio dos cosas. La primera, que Europa estaba amenazada por el comunismo porque era la más fiel imitación de la religión y de la institución católica; y la segunda, que Rusia, proyectando su influencia, contaba con energías como para contener esa democracia. Como Tocqueville, pensaba que el mundo tenía que decidir entre el Imperio americano y el ruso”. El siglo XX fue, según estas intuiciones, cuando se enfrentaron la Revolución de los de arriba con la Revolución de los de abajo.
'Senderos que se bifurcan'
Villacañas es ducho en dardos y sentencias ajustadas: “Cuando faltó Disraeli, Gran Bretaña continuó dominando su extenso Imperio y los mares del mundo. Cuando faltó Bismarck, dejó una pieza de relojería tan complicada que solo podía funcionar dirigida por su inventor, lo que llevaría al mundo a la serie de tragedias más catastróficas de la historia”. Se está refiriendo a las dos guerras mundiales y a las políticas homicidas de Guillermo II y Hitler. Senderos que se bifurcan trae novedades frescas para un pensamiento progresista riguroso, que no nos cause vergüenza ajena por su simplismo. Se trata, por ejemplo, de una de las principales líneas de trabajo de Franco Bifo Berardi, según la cual los imperios actuales están en manos de tecno-oligarcas, y que por lo tanto se están desterritorializando, porque sus áreas de influencia avanzan a través de redes sociales, causantes de distorsiones culturales y con un potencial desestabilizador inmenso, línea que Villacañas hace suya y desarrolla con originalidad y extensión hacia el final de su libro.
Otra idea fundamental relaciona el despliegue de la Inteligencia Artificial con un proceso inquietante de homogenezación de la mente humana. Y así llegamos tarde al enfoque político sobre esta cuestión: identificar los proyectos totalitarios que llegan asociados a la IA o perseverar en la resistencia en los modos culturales. He aquí la encrucijada actual. O nos dejamos diluir en un océano de renuncia y obediencia, o reclamamos información veraz, comunidad, pensamiento vivo, federalismo y diálogo.
Digámoslo aún más claro: la IA se está desarrollando asociada a un proyecto político de sumisión dictatorial a escala global. No deberían preocuparnos otras preguntas técnicas o distractoras. La cuestión que está sobre la mesa es: Imperio o conciencia. Empobrecimiento generalizado de nuestra existencia o enriquecimiento social y cultural. Desposesión o reparto, imposición o diálogo. Villacañas firma un libro necesario, que avanza como una sinfonía con la intensidad y la relevancia instaladas en las últimas hojas, de lectura obligada para saber dónde estamos y qué podemos esperar.
