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Valerie Miles / LENA PRIETO

Valerie Miles: "Como editora lo que hay que hacer es lo que no espera la gente"

La directora de la revista 'Granta' en español asegura que en Estados Unidos existe interés por la literatura en castellano y desvela que hay muchos inéditos de Bolaño

16.07.2018 00:00 h.
32 min

La periodista, editora y escritoraValerie Miles nació en Nueva York en 1963, pero en 1991 llegó a España para quedarse. Desde hace años, Barcelona es su ciudad de residencia, donde, nada más llegar, comenzó a colaborar con La Vanguardia, publicando entrevistas memorables a Susan Sontag, Paul Bawls o Richard Ford, entre muchos otros. Fue editora de Emecé y responsable de la edición de autores como Cheever, Richard Yates o Lydia Davis, cuyas obras o eran inéditas o estaban descatalogadas. Después, estuvo al frente de Alfaguara, donde publicó a John Banville o a Joyce Carol Oates. Actualmente dirige Granta en español, revista que fundó en 2003 y que tiene como objetivo dar a conocer a los autores más relevantes en lengua castellana, sea hispanoamericanos o españoles. Fue la comisaria de la exposición que el CCCB organizó sobre el archivo de Roberto Bolaño, autor sobre el que está realizando una tesis doctoral. 

–Usted ha sido editora, escritora y periodista​. ¿En qué faceta se ha sentido más cómoda a la hora de convertir la opinión en conocimiento, como dice Samuel Johnson?

–Es una buena pregunta. Me he sentido muy cómoda en todos estos lugares en su momento; me alegro de haber podido ejercer todas y cada una de estas profesiones. Han sido un modo de practicar la curiosidad, no solo de sentirla. Creo, además, que el hecho de haber trabajado en diversos ámbitos me hace mejor editora, porque entiendo lo que es hacer cultura, lo que significa hacer un libro, desde todas las perspectivas. La única que no tengo es la de agente y, seguramente, la agencia literaria es el único lugar en el que nunca he querido entrar, pero, a parte de esto, he ejercido como periodista cultural, como editora y como editora interna; he sido directora de proyectos con presupuestos importantes; he trabajado dentro de grupos y en startups, he hecho un poco de todo.

Ahora mismo estoy muy cómoda haciendo lo que hago, simplemente porque ahora puedo tener mis propios proyectos. Con esto no quiero decir que en algún momento dado no me pudiera tentar para trabajar en un solo proyecto, pero me gusta lo que hago ahora. En el fondo, lo que he querido hacer siempre es tener proyectos propios, algo que no siempre he podido hacer. Para mí, lo más importante ha sido siempre seguir aprendiendo y seguir creciendo, porque cuando te quedas quieta dejas de aprender. 

–De su época como periodista, sus entrevistas, son ejemplares. ¿Ese conocimiento con los autores que pudo tener gracias a las entrevistas fue fundamental para posteriormente dedicarse a la edición?

–Sí, exactamente, fue así. De hecho, Mil bosques en una bellota es fruto de aquel conocimiento tú a tú. Siempre me ha fascinado el proceso creativo y, en parte, esa fascinación nace de las largas entrevistas del The Paris Review, donde se intentaba descifrar el proceso creativo de los autores, pues cada escritor tiene una forma diferente de plantear la escritura. Las entrevistas te permiten acercarte a un escritor, entendiendo de dónde viene el objeto literario; en Mil bosques en una bellota me interesó preguntar a cada escritor cuáles eran las mejores páginas de sus vidas y cuál era ese in nuce creativo que necesitan expresar. Las entrevistas te permiten abordar estas cuestiones, sobre todo porque, además de la conversación, las entrevistas te obligan a informarte acerca del lector, a leer sus obras y a leer en una constelación literaria que te puede ser ajena. 

Valerie Miles / LENA PRIETO

–Usted se formó en la constelación norteamericana, pero muy pronto se adentró en la hispánica. ¿Cómo confluyen en usted estas dos constelaciones literarias?

–El idioma determina tu modo de pensar y, por eso, a pesar de estar inmersa en la lengua española desde hace tanto tiempo, sigo sintiéndome algo ajena, no porque no entienda las palabras, sino porque mi manera de pensar está condicionada por el inglés, mi idioma materno. Sin embargo, también es cierto que, tras muchos años viviendo aquí, siento una especie de extrañamiento con el inglés; podría decir que vivo en un constante extrañamiento, sea con mi propio idioma sea con el español, precisamente por esta confluencia de constelaciones. Dicho esto, a nivel literario, si hay una tradición en la que me inscribo de manera muy consciente es en la del americano expatriado que vive una vida literaria.

–Si no me equivoco, usted quería seguir los pasos de Gertrude Stein.

–¡Sí! Gertrude Stein vivía cerca de donde yo provengo. Yo no vengo de una casa literaria: mi padre me dio una educación muy interesante, muy pegada a la naturaleza. Es decir, crecí en la filosofía de Thoreau, en cuyos textos veo a mi padre y su relación con la naturaleza. Cuando empecé a leer, quizás porque buscaba lo opuesto a mi realidad, empecé a interesarme por la posibilidad de vivir en un contexto diferente, vivir sintiéndome extraña. Por entonces veía la vida como una gran aventura; siempre he perseguido aquello que plantea Vila-Matas en sus novelas: una vida literaria, una vida dedicada y rodeada de literatura. 

–¿Usted llegó a la literatura en castellano a través de los autores del boom?

–En gran parte. Mi primera experiencia con mayúscula con la literatura en castellano fue con Borges, solo que yo era muy joven y cuando leí Funes el memorioso no sabía que se trataba de un cuento de Borges, pues no me fijaba en el nombre de los autores, simplemente leía. Muchos años más tarde, en la universidad me reencontré este relato, que me había impactado muchísimo y descubrí que se trataba de un texto de Borges.

El otro autor clave fue Gabriel García Márquez, a quien leí en la universidad y me causó un efecto tan fuerte que recuerdo perfectamente el lugar dónde leí Cien años de soledad. Creo que, de alguna manera, tanto Borges como García Márquez imprimieron algo en mí; cuando, tiempo después, llegué a España, comencé a entrar en un mundo diferente, desconocido por lo que se refiere a la imaginación. Empecé a encontrar en los textos de autores españoles e hispanoamericanos una imaginación nueva, un mundo literario diferente. Recuerdo que uno de los primeros libros que leí en castellano fue Nuevo plano de la ciudad secreta de Ignacio Martínez de Pisón; fue una novela que me gustó mucho y, a partir de entonces, comencé a leer a Vila-Matas y a entrar en estos mundos diferentes que me ofrecía una literatura tan distinta a la norteamericana.

Valerie Miles / LENA PRIETO

–Cuando llegó a España se encontró la ausencia de grandes nombres de la literatura norteamericana: usted es una de las responsables de que se publicaran autores como Cheever, Mitchel o Banville. 

–En Estados Unidos había mucha literatura del boom, mientras que en España había mucha literatura norteamericana, pero no de la que me gustaba a mí. Había mucho best-seller, pero no llegaban los autores que yo encontraba más interesantes. Además, hay que tener en cuenta que en los años 90 no había en España mucha gente que leyera inglés; la gente de cultura era más francófila que anglófila y yo, recién llegada, podía ver perfectamente los agujeros literarios que había en el mercado. Cheever fue uno de los primeros autores que quise recuperar; había sido publicado, pero mal y poco y cuando yo llegué la mayor parte de sus obras estaban descatalogadas. Cuando decidimos editarlo, enseguida encontró un público muy amplio. 

–Cheever ha terminado por influenciar a más de una generación de escritores.

–Se convirtió inmediatamente en un modelo. A nivel comercial, el cuento era y sigue siendo un género difícil en España, como también en Estados Unidos; seguramente, Hispanoamérica es la excepción, por la gran tradición que tiene el relato, género que está en el centro de su canon. Por entonces, en España muchos editores eran bastante reacios a publicar relatos porque decían que no tenían lectores; yo, por el contrario, como editora siempre he dicho que lo que hay que hacer es lo que no espera la gente. 

–¿El beneficio comercial/económico no puede determinar qué publicar y qué no?

–Siempre he dicho que la idea del big data es horrible para nuestra imaginación, porque impone una lógica según la cual hay que dar al público lo que el público demanda. Sin embargo, yo no quiero que me den lo que creo querer; quiero que me den aquello que no sé, que desconozco. Ahora sabemos perfectamente cuántos lectores hay y qué leen, así que se ofrece bajo demanda, pero de esta manera no creamos nuevos lectores y, sobre todo, no descubrimos a los lectores obras e historias que no imaginan y que les sorprenderían.

La imaginación es una herramienta de alegría y de plenitud, es un músculo que hay que trabajar y hacemos un flaco favor a la imaginación y a la cultura si, como editores, solo nos regimos por los números. Entiendo que una editorial es un negocio, he trabajado con los números en la mano, pero creo que los editores que solo se rigen por los números tienen falta de visión.

Valerie Miles

–¿El trabajo de editor implica el descubrir autores? 

–Claro y esto es lo más difícil que hay porque a la hora de descubrir un autor te riges únicamente por tu criterio. Es más fácil promover un autor cuando viene un agente y te lo presenta y está avalado por premios; lo más difícil es ver el talento allí donde no se ha visto antes y, con el tiempo, no siempre es agradecido: tú descubres un autor y luego viene una gran editorial con dinero y te lo quita. A pesar de esto, es una gran satisfacción descubrir un auto. Para mí, es una misión que me he impuesto, sobre todo porque creo poder entender la sensibilidad de un artista que está intentando trabajar en un mundo lleno de tigres. Que haya alguien que coja de la mano al artista y lo guíe es muy importante. Siempre recuerdo a los profesores que, cuando era joven, me guiaron a mí, así que quiero hacer lo mismo con los escritores jóvenes, ayudarles a volar.

–¿Qué busca en un autor por descubrir?

–Siempre digo que busco el talento y encuentro talento cuando puedo ver y adivinar la intención del autor porque esta intención se plasma en el texto. Todos los que escribimos sabemos que el texto nunca sale tal y como te lo habías planteado, pero es cierto que hay escritores que tienen la capacidad de conseguir que el resultado final esté muy cerca de la intención primera. Además, el talento reside en aquellos autores que tienen algo diferente, algo original, cuya mirada es distinta. 

–Como diría Harold Bloom, los autores que se desvían de aquellos que les preceden. 

–Exactamente. Los oulipianos lo llaman el clinamen. En Granta hemos recorrido un camino de ida y vuelta: hemos descubierto escritores de lengua española para el mundo que habla inglés y hemos descubierto escritores de habla inglesa para el mundo que habla español. 

–Siempre se ha dicho que en España la narrativa en inglés se impone a las narrativas en otras lenguas. Basta ver el gran número de traducciones del inglés con respecto a las traducciones de otras lenguas.

–Es cierto, el inglés vende más que otros idiomas, en gran parte porque el inglés es la lengua franca de la industria, del cine, del arte... Da la impresión que, en parte, todos somos un poco americanos, culturalmente hablando. Ciertamente es así, pero creo que tampoco hay que darlo por hecho como si fuera algo incuestionable. Es decir, si asumimos que esto es así y que no hay alternativa, lo que haremos es seguir publicando autores de lengua inglesa y no buscaremos en otras culturas.

Hubo un tiempo en el que se decía que los escandinavos no vendían nada, pero un día a Silvia Sesé se le ocurre comprar los derechos para Destino de Millenium y, de repente, todo cambia: un escritor sueco se convierte en el más vendido ¿Qué pasó? Pues que Silvia, que acababa de llegar a la editorial, no se rigió por los patrones que se imponen, sino que se desvió y optó por publicar algo diferente. 

Valerie Miles

–En Granta en castellano, como mencionaba usted antes, uno de los objetivos es dar a conocer autores en castellano en Norteamérica.

–Sí, recuerdo que hace unos seis años, con ocasión de un número dedicado a los mejores jóvenes narradores, me llevé de gira por Estados Unidos a Andrés Barba, Javier Montes y Albertos Olmos, tres escritores que jamás habían sido traducidos al inglés y, por tanto, desconocidos en Estados Unidos. Esta gira, que tenía que servir para calcular cuál era el interés que había en Estados Unidos por la actual literatura española, demostró que había mucho interés y, de hecho, todos los lugares que visitamos estaban llenos de lectores interesados en encontrar nuevas voces literarias, no lo mismo de siempre. 

–Sin embargo, se suele decir que el mercado norteamericano es particularmente complicado para un autor que viene de fuera.

–Es muy complicado, porque hay un nivel muy alto y esto es debido, en gran medida, a los cursos de escritura creativa. No sé si alguien puede convertirse en escritor acudiendo a estos cursos; de lo que no hay duda es que alguien perseverante y con talento llegará a ser escritor, con o sin estos cursos, pero de lo que tampoco hay duda es que estos cursos lejos de hacer daño alguno, crean una cultura lectora y, por tanto, forman a una generación de lectores, que saben leer y saben leer muy bien. Y esto es indispensable, porque cuando hay un público lector exigente sube la calidad literaria. Un lector exigente quiere un escritor exigente. 

–¿El lector norteamericano es más exigente que el español?

–Sí y no. Yo creo que aquí hay, por un lado, un nivel muy alto y, por otro lado, lo que predomina es un nivel muy bajo. En medio, no hay apenas nada, no hay trasvase entre los dos niveles. En Latinoamérica pasa algo similar, mientras que en Estados Unidos hay una mayor confluencia en el centro, donde los dos niveles se mezclan y a los escritores-artistas, tipo Richard Ford, no les parece mal dar charlas multitudinarias para varios tipos de lectores, hablar del mercado…

El año pasado, tras nuestra primera gira de hace ya seis años, Andrés Barba volvió a Estados Unidos, puesto que acababa de publicar una novela allí. Con esto, lo que quiero decir, es que es posible entrar en Estados Unidos, pero se necesita tiempo. A veces la gente se quiere comerse el mundo con un solo gran bocado, pero lo que se necesita es tiempo y trabajo continuo. Esto es lo que queremos hacer en Granta: publicar cuentos y textos para introducir escritores en lengua española en Estados Unidos, pero nuestro gesto es solo un primer paso al que deben seguir otros. 

–Durante varias décadas, Latinoamérica-Barcelona-París formaban un triángulo, pero no sé si, actualmente, esta relación triangular se ha redefinido en una relación bidireccional: Latinoamérica-Estados Unidos.

–En parte sí, pero hoy en día los latinoamericanos miran a España con amor; quieras o no, en el imaginario, España es el lugar de origen y es cierto que durante mucho tiempo para triunfar en Latinoamérica había que pasar, por España. Por lo que se refiere a París, era la ciudad donde los latinoamericanos se reunían. España era el país donde triunfar literariamente, pero París era la ciudad donde te podías reunir con tus pares. Era, además, un lugar mítico y un espacio de libertad. Para los americanos, París ha sido durante muchas generaciones la ciudad donde se había reunido la Generación Perdida y donde todo aquel que quería ser escritor debía ir. Recuerdo que en una ocasión Vargas Llosa me comentó que él no había leído a Borges en Perú. No lo leyó hasta que llegó a París, ciudad a la que iban los latinoamericanos para leerse y conocerse.

Valerie Miles

–Decía César Vallejo: “Partí para Europa y aprendí a conocer el Perú”.

–Fue así para muchos. En París aprendieron a conocerse y a conocer su literatura. Cuando se instauró una cátedra con su nombre, Vargas Llosa dio una charla en la que comentaba cómo, cuando él era joven y todavía estaba en Perú, los autores latinoamericanos no se leían entre sí –Argentina no leía a Perú, Perú no leía a Chile, Chile no leía a México…– y, además, existían fuertes rivalidades literarias entre los países, unas rivalidades que, sin embargo, desaparecieron en París, donde todos eran latinoamericanos y ya no había diferencias entre los que venían de un país y de otro.

París fue una ciudad de destino para muchos, tras la Segunda Guerra Mundial. Durante los años 50 y 60, fue meta de muchos escritores norteamericanos. Fue entonces cuando nació The Paris Review. Fueron particularmente importantes los años 60 e, incluso, 70 con el OULIPO, con la llamada French Theory … Por otro lado, para los escritores españoles –Goytisolo,Marsé– París era la ciudad de libertad, el destino donde huir escapando del franquismo. 

–Volviendo a la pregunta que le hacía antes: ¿ahora la consagración de un autor latinoamericano pasa antes por Estados Unidos que por Barcelona o por París?

–Sí, sin duda, ahora la consagración pasa por Estados Unidos, donde hay muchas más posibilidades, sobre todo porque el mercado ha apostado, a diferencia de lo que sucedía en los noventa, por la literatura en castellano. Cuando nació Granta en castellano la situación era distinta a la actual y, de hecho, nació este proyecto, en parte, porque Richard Ford me comentó que desde hacía tiempo, desde el post- boom, se había perdido la pista de qué se publicaba en castellano. De hecho, desde 1993 al 2003, Granta no había traducido ningún autor español, mientras que en las décadas precedentes la situación era tan diferencie que incluso se había dedicado un número a la figura de Vargas Llosa. 

–¿Qué pasó para que, tras el éxito del boom, fuera tan notable la ausencia de autores en castellano en Estados Unidos?

–Hubo una saturación del mercado, copado por el realismo mágico y la literatura hispanoamericana del boom. Además, hubo cambios en la industria: cuando yo estaba tomando conciencia de la literatura en castellano, me daba cuenta de que las editoriales no estaban interesadas, preferían no publicar títulos en traducción.  Hay que tener en cuenta que en Estados Unidos la traducción es muy cara y, además, ahí los editores editan, es decir, se sientan con sus escritores e intervienen en el texto. Aquí, por el contrario, la situación es muy distinta y hay muchos escritores que se ofenden si les editas el texto; lo ven como un acto de censura y no como un trabajo de editing.

Los escritores norteamericanos, sin embargo, no se ofenden. Para ellos es natural que el editor intervenga. Entendiendo el trabajo de edición de esta manera. Al editor norteamericano se le hacía muy raro trabajar con textos que se iban a traducir y sobre los cuales no se podía intervenir y, por entonces, ni tan siquiera era posible conversar con el autor. Las cosas han ido cambiando y en los últimos años he notado que en las editoriales norteamericanas se han contratado a editores que conocen la lengua castellana y pueden trabajar directamente sobre un texto en castellano. Esto es un paso muy importante.

–¿Bolaño supuso un punto de inflexión?

–Sin duda, Bolaño fue un punto de inflexión como también lo fue Ruiz Zafón. Por un lado, Zafón vende y, por el otro lado, Bolaño representa la alta literatura. Hace algunos años montamos un festival de literatura ibérica en el Kennedy Center, en Washington D. C. Fueron dos días dedicados a la literatura española, a lo largo de los cuales me pidieron moderar un diálogo entre Zafón y Muñoz Molina. Gracias a esa charla me di cuenta de que Muñoz Molina tenía muchísimos lectores, mientras que Zafón tenía fans; los dos tenían un gran público, pero completamente distintos el uno del otro. Por un lado, Zafón llegó a las listas de los más vendidos de Estados Unidos, se convirtió en un best seller y esto transmitió a los editores norteamericanos la idea de que la literatura española vende. Por otro lado, Bolaño irrumpió entre premios y elogios de la crítica y se convirtió en un escritor de culto.

Valerie Miles / LENA PRIETO

–No son pocos los escritores norteamericanos que afirman que, a día de hoy, no es posible escribir sin haber leído antes a Bolaño.

–Sí, en Estados Unidos, los jóvenes escritores tienen que pasar sí o sí por Bolaño, no se puede escribir después de Bolaño sin tenerlo en cuenta. Lo que sucedió en aquellos años es que la industria asumió que la literatura en español vendía y los opinadores consagraron las letras españolas a través de algunos de sus autores, como  Bolaño.

–¿Es cierto que Oprah Winfrey y su club de lectura jugaron un papel relevante como en el éxito de Bolaño?

–Oprah es fundamental en cualquier cosa, incluso fue fundamental para Franzen, por mucho que intente ir de snob

–Usted comenzó interesándose por la Generación Perdida y ha terminado realizando una tesis sobre Bolaño, alguien que escribió siempre desde el extrañamiento geográfico. 

–La verdad es que hay algo de metafórico. Lo que a mí me atrae de la obra de Bolaño es precisamente su mirada, la de alguien que observa desde un lugar distinto al lugar de donde proviene y dónde empezó a hablar. En El espíritu de la ciencia ficción, el protagonista, que es uno de los primeros alter egos de Bolaño, camina por la calle mientras habla de las paltas que lleva en las manos: “Paltas, que en adelante siempre será aguacates”. En esta frase puedes ver el viaje geográfico que hará Bolaño, que escribe esta frase desde España, cuando ya ha pasado por México, donde las paltas ya se habían convertido en aguacates. 

–Usted ha comisariado la exposición del CCCB dedicada a Bolaño y ha trabajo sobre su archivo, ¿cuánto queda por publicar?

–Yo puedo hablar solamente de lo que conozco porque puede haber más materiales que yo no conozco. Yo trabajé en los documentos que Bolaño dejó en papel, no consulté los archivos de su ordenador. De lo que yo conozco  como comisaria de la exposición, donde se mostraron todos estos textos, puedo decir que todavía hay cosas por publicar. Si miras el catálogo de la exposición verás algunos de los cuentos que todavía deben editarse; además, también falta por publicar los manuscritos de poesía que dejó y alguna novela. Lo que no sé es si Carolina, su viuda, las quiere publicar, porque estas novelas son más bien ejercicios que novelas acabadas.

El espíritu de la ciencia-ficción se puede también entender como un ejercicio, pero destacaba por encima de los demás por ser un trabajo redondo, terminado. Algo que también sucede con Sepulcros de vaqueros o con Los sinsabores del buen policía, que tenía que haber sido su siguiente libro. Y por Amberes sabemos que Bolaño estaba trabajando con material del pasado para reelaborarlo. Además de todo esto, en el archivo hay correspondencia y algunos cuadernos divertidísimos que son una especie de diarios y que son altamente publicables. Uno de estos cuadernos se titula La virgen de Barcelona y fue escrito cuando Bolaño vivía en la calle Tallers de Barcelona. También hay una serie de tres cuadernos, Diarios de vida, donde se puede ver el origen de Amberes

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