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La serie 'Dirty John' se emite en Netflix

Seré tu amante bandido

'Dirty John' constituye una nueva vuelta de tuerca al tema del novio (o novia) infernal que se cuela en la vida de alguien para amargársela

4 min

Debra Newell es una de esas mujeres que no saben estar solas. Tiene un satisfactorio y lucrativo negocio como interiorista y lleva cuatro matrimonios fallidos a la espalda, pero sigue esperando la aparición de un improbable príncipe azul como si fuese una cría de 15 años. Sus hijas, Veronica y Terra, están un poco hasta las narices de ella y de su búsqueda del amor, pues han visto pasar por casa a lo peor del género masculino y agradecerían que su progenitora se tomase las cosas del corazón de una manera más propia de su edad.

Pero mamá no para de quedar a cenar con desconocidos a través de distintas apps de contactos y una noche conoce a John Meehan, un anestesiólogo atractivo, culto y simpático que le hace tilín. Lamentablemente, la pobre Debra (Connie Briton, a la que el espectador aficionado a la música country tal vez recuerde de la serie Nashville) ha ido a topar con un psicópata peligroso que ni es médico ni es nada y que lleva años viviendo de las mujeres ricas a las que seduce. Pese a las advertencias de Veronica (Juno Temple) y Terra (Julia Garner, la inquietante palurda con ambiciones de Ozark), Debra se casa con el sucio John (Eric Bana, único famosillo de la serie) en Las Vegas y comienza así una vida de pesadilla para ella y sus hijas que acaba como el rosario de la aurora.

Esta es la historia que explica Dirty John, nueva propuesta de Netflix en ocho episodios, basada en unos artículos y un podcast de Christopher Goffard, periodista del Los Angeles Times, y que constituye una nueva vuelta de tuerca al tema del novio (o novia) infernal que se cuela en la vida de alguien para amargársela a conciencia. Pero, a diferencia de otras historias previas en esa línea, Dirty John cuenta con dos bazas muy interesantes: se basa en hechos reales y la relación entre verdugo y víctimas evita el maniqueísmo habitual del monstruo que intenta destruir a unos seres puros e inocentes.

John Meehan es un psicópata, sí, pero tuvo un padre que, prácticamente, lo empujó en esa dirección con su ejemplo de buscavidas, de listillo que va tirando a base de pequeños timos: lo explica perfectamente la secuencia retrospectiva en la que vemos al pequeño John en un restaurante chino, masticando el trozo de vidrio que papá le ha echado en el plato para que le sangre la boca y él pueda extorsionar convenientemente al propietario para evitar recurrir a las autoridades. Debra Newell, por su parte, es una mujer-niña que no ha madurado jamás y que es, en parte, responsable de sus desgracias. Veronica es, directamente, una pija egoísta que desconoce el significado de la palabra empatía, mientras que Terra, la pobre, es tonta del culo. O sea, que el espectador un pelín retorcido puede hasta disfrutar un poco viendo cómo esas tres absurdas son amenazadas por un cantamañanas fantasioso al que nunca se le dio la oportunidad de ser otra cosa.

Es ese peculiar punto de vista lo que distingue Dirty John del típico telefilm de psicópatas de la hora de la siesta y lo que convierte a esta miniserie en un producto digno de verse: las interpretaciones femeninas son excelentes, y hasta Eric Bana, al que muchos teníamos hasta ahora por un leño no muy expresivo, se desliza en su complejo personaje con una habilidad admirable.