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Libros que vuelven del fin del mundo

Libros que vuelven del fin del mundo

Científicos estadounidenses investigan una nueva técnica de rayos X para descifrar los pergaminos enterrados y carbonizados en la erupción del Vesubio en el año 79 d. C.

06.10.2019 00:00 h.
6 min

De entrada parece un logro asombroso y exaltante la posibilidad de recuperar, gracias al ingenio de unos investigadores científicos aplicado a la más moderna e ingeniosa tecnología, la biblioteca que había reunido el suegro de Julio César en su casa en el rico pueblo costero de Herculano. Mejor que la posibilidad, la certeza. Dentro de poco podremos saber qué dicen los setecientos libros que aquel caballero acaudalado tenía en su villa cuando el Vesubio entró en erupción y la destruyó, como el resto de la rica población costera, además de la ciudad de Pompeya y otras localidades cercanas, bombardeándolas con una lluvia de lava y piedras ardientes y asfixiando a sus habitantes con el calor abrasador de la ceniza y los gases liberados. "Solo se oían los gemidos de las mujeres, el llanto de los niños, el clamor de los hombres. Unos llamaban a sus padres, otros a sus hijos, otros a sus esposas. Muchos clamaban a los dioses, pero la mayoría estaban convencidos de que ya no había dioses y esa noche era la última del mundo", según la descripción de Plinio el Joven en la carta al historiador Tácito en la que da cuenta de la muerte de su tío Plinio el Viejo.

Fue en el año 79 de nuestra era. En el siglo XVIII el rey de Nápoles, el que sería Carlos III, mandó iniciar unas excavaciones para recuperar de las ruinas de Pompeya y Herculano objetos y obras de arte de la antigüedad, a los que era muy aficionado. Desde entonces esas dos poblaciones no han dejado de excitar la imaginación de las sucesivas generaciones y las ensoñaciones de espíritus románticos e impresionables, hasta convertirse en centros famosos de atracción turística.

Como tantos otros vestigios fascinantes, los rollos de la biblioteca del patricio de Herculano se han conservado, y hasta ahora se diría que en vano, pues, pegoteados y carbonizados, cada vez que se ha intentado abrir alguno se ha pulverizado entre las manos de los investigadores. Borrándose sus secretos en el mismo momento en que se intenta acceder a ellos. (Esto seguramente es una metáfora de algo, aunque no podemos precisar de qué.)

Según contaba The Guardian el miércoles pasado, un equipo de investigadores de la Universidad de Kentucky ha desarrollado una procedimiento sofisticado a base de rayos X de última generación que, en combinación con un programa no menos sofisticado de inteligencia artificial, permitirán “circular” dentro de los rollos, escanearlos, desenrollarlos virtualmente y leerlos sin necesidad de abrirlos físicamente. Hurra por Kentucky. Hurra por otra gran victoria del ingenio inventivo humano sobre las leyes de la naturaleza y del tiempo.

Son cerca de setecientos libros los que los investigadores kentuckianos se han comprometido a descifrar, uno por uno. Están muy seguros del éxito porque una experiencia previa con un documento hebreo ha arrojado ya resultados satisfactorios.

En estos momentos reina una ansiosa curiosidad en todos los departamentos de Clásicas de todas las universidades del mundo. ¿Qué libros serán? Seguramente la mayoría serán ya conocidos, los best sellers del siglo I. Pero quizá entre ellos se encuentre también alguno de los textos venerados en su tiempo y luego perdidos a lo largo de la historia, y que por ello, por la imposibilidad de leerlos, han adquirido un aura mítica.

Por ejemplo, a lo mejor se encuentra allí una copia de los libros proféticos de la Sibila de Cumas, la más importante de la Antigüedad, que supuestamente llegó a vivir cerca de mil años; se perdieron en el siglo IV de nuestra era. Y los poemas de Safo, que tanto veneraban Catulo y Horacio y de los que solo conocemos unos pocos versos. Y a lo mejor el libro de Aristóteles sobre la comedia, segunda parte de su Poética, perdida durante la Edad Media, y que según Jorge de Burgos, el protagonista de El nombre de la rosa, la entretenida novela de Umberto Eco, es una justificación y celebración de la risa que si se difundiese daría pie a tremendas revoluciones.

Pero no es ninguno de estos libros el que mantiene en suspenso a los doctos profesores en los departamentos de Clásicas de todo el mundo. Sino otro. Sí, precisamente ese otro libro en el que está pensando el lector.

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