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Tote King: "Llevo diez años leyendo sólo a los escritores de los que habla Vila Matas"

El rapero Tote King

El rapero sevillano, sentimental, vehemente, pesimista e ilustrado, habla de sus lecturas, cuenta cómo le ha cambiado la muerte de su padre y censura los retrocesos en la libertad de expresión

06.08.2018 13:25 h.
18 min

Que el desencanto y la melancolía y las innumerables batallas que se libran contra uno mismo pueden ser también vibrantes andanadas de energía lo saben quienes vienen siguiendo a Manuel González Rodríguez, Tote King, desde sus primeras tentativas ante el micrófono en 1996. Esa aparente paradoja es más cierta aún en Lebron (Universal), el disco más inspirado en muchos años del rapero sevillano, que a punto de cumplir los 40 firma su obra más meditabunda, autocrítica y nostálgica, un trabajo que prácticamente quedó partido en dos cuando murió su padre, hace poco más de un año. Sentimental, vehemente, pesimista incurable, a menudo contradictorio –tan capaz de tirarle un vacile con un ra-ta-tá de vértigo a los cachorros altivos que no guardan el debido respeto a los mayores, como de dudar con íntima crudeza de que sus esfuerzos tengan algún sentido–, el Tote King de andar por casa, donde pasa la mayor parte del tiempo, casi enclaustrado entre los libros y películas que centellean constantemente en sus letras escupidas con ritmo de velocista, se resiste a encajar en cliché alguno.

–Pregunta. Lanza un guiño en el título del disco a Lebron James, el jugador de baloncesto. Veterano, pero todavía jugando fuerte y marcando la pauta. ¿Por qué importan tanto las jerarquías en el rap?

–Respuesta. Si una persona es trabajadora, como es mi caso, si está haciendo una cosa que es seria, yo lo que no voy a permitir es que nadie lo ponga en duda. Ha habido quien lo ha intentado, algunos medios, algunos artistas que salen diciendo que los de mi quinta ya no tenemos peso... Pero la realidad es otra: los conciertos siguen llenándose, sacamos un disco y entramos al cuarto puesto de la lista de ventas. Yo esto podría ahorrármelo, sí, pero me apetecía recordar que curro como un mulo y puedo hacer esto muchos años más.

–Pese a las dudas que nunca se van, ¿no? La autoflagelación del tema 'Bartleby & Co' es paradigmática en ese sentido.

–Yo no me lo he creído absolutamente nunca, y no es una pose. Cuando descubrí a Vila-Matas y vi cómo trataba a los escritores del no, a la gente que abandona, aquello me pareció increíble, conecté totalmente con ese universo, porque no en vano convivo con eso desde chico. Y la batalla, en estos últimos tiempos, ha sido mucho más dura por la muerte de mi padre. Toda la energía que yo pudiera tener cuando empecé a hacer el disco, estando a la mitad más o menos saltó por los aires. Y comenzó entonces otro disco, con otra energía, con otra actitud, tuve que sacar la fuerza de otro lado. Me planteé muy seriamente dejarlo. ¿Todo esto para qué, tío? Luego ya me recuperé, pero a la mitad del disco, mira, ni Lebron ni pollas, estaba completamente fuera.

–En el rock lo mismo sí, pero en el rap, de momento, no existe un manual sobre cómo envejecer. ¿Desconcierta?

–Nunca me planteo esas cosas. O sí lo hago, pero sólo cuando estoy delante del papel o tengo semanas malas o leo un libro increíble. Pero una vez que arranco, una vez que consigo sacar una canción que me convence, y luego un disco, y luego me lanzan una gira y veo que sigue funcionando, entonces me vuelvo a cargar de energía. ¿Hasta dónde voy a llegar? Ni idea. Lo que sí sé es que nunca voy a acabar como el típico puretita de 50 años en una discoteca, engominado y fuertecito de ir al gimnasio, bailando entre chavales. Vamos, no lo he hecho ni de joven, como para empezar a hacerlo de mayor... Me da igual arrugarme, tengo 39 años y ya pasé mi crisis de verme en el espejo y constatar que el tiempo pasa, pero mientras mi cabeza funcione bien, ahí estaré. Lo cierto es que a día de hoy, con lo que yo tengo, con la mitad de lo que yo tengo, en todos los planos, cualquiera estaría contento.

El rapero Tote King

–Pero usted no...

–Soy derrotista, soy pesimista. Creo que lo heredé, mi padre era así también, y nos reíamos mucho cuando nos veíamos y nos tomábamos una cerveza. Con esto quiero decir, y lo mismo va a sonar raro, que soy profundamente feliz, dentro de lo razonable. Y creo que toda esa gente que está en la onda del coaching, del mindfulness y de Mr. Wonderful y de todas esas pamemas, es mucho más infeliz que yo. Que yo y que el resto de las personas que no tenemos que buscar subterfugios para disfrutar de la vida tal cual es. Es más, todos los escritores que me gustan y hasta me hacen gracia son profundamente pesimistas, yo estaba leyendo Viaje al fin de la noche de Céline y no paraba de reírme aunque me tenía con los pelos de punta, porque el libro no puede ser más cabrón.

–¿Cómo es la biblioteca de Tote King?

–Empecé a leer de verdad cuando comencé Filología Inglesa, porque hasta entonces había estado dedicado al cien por cien al baloncesto. En la carrera leí mucho a Shakespeare, Joyce, Melville... Pero también había muchas cosas entre las lecturas obligatorias que me parecían un coñazo. Tenía buen rollo con un profesor joven que daba literatura americana, y como ahí entraba el slang poetry, la literatura afroamericana y todo ese rollo, a él le interesaba también el rap... Fue él quien me recomendó que leyera a Vila-Matas. Desde entonces leo todo lo que saca. Diría que llevo diez años leyendo prácticamente sólo a escritores de los que habla él.

–Su obra lleva aparejado un canon en sí mismo, y además un tanto 'periférico'...

–Claro, y eso mola muchísimo. Me propuse seguir esa guía. Antes seguía un poquito la de El canon occidental de Harold Bloom, que tiene un toque más clásico, que igual no es el mío, pero aun así yo tengo la idea un tanto romántica de que tiene que haber ciertas autoridades, y gracias a él descubrí cosas enormes como Un puente sobre el Drina de Ivo Andric, que me volvió loco. Pero con Bloom la cosa iba de libracos densos y, mira, yo con Victor Hugo y ese tipo de novelas no puedo. Entonces llegó Vila-Matas y me deslumbró. Las cosas que he leído más recientemente, Guía de Mongolia de Basara, una locura de libro; todo Céline; Ferdydurke y los Diarios de Gombrowicz; y ahora los Ensayos de Montaigne, me han llegado todas por él. 

Tote King

–Ahora muchos colegas suyos se han lanzado a escribir libros. ¿Cómo es que no le ha dado a usted por ahí?

–Yo es que prefiero leer. Y no quiero decir más porque puedo dispararme... Esa es mi respuesta. Que abruma lo que hay ya escrito. No quiero faltar al respeto a nadie, pero tiendo a pensar que quienes se lanzan a escribir sin tapujos, de manera tan rápida e inesperada, es porque realmente no saben lo que hay ahí afuera. A lo mejor yo podría haber tenido el arrojo de escribir algo si no hubiera leído tanto. He intentado alguna vez escribir unos ensayitos, pero uf, no puedo, me paraliza.

–Dice en 'Mi colega', esa carta tan emocionante a su padre: “Qué fácil es escribir cuando no estoy mintiendo”. ¿A veces se dice más la verdad que otras?

–Es el miedo del que hablaba antes. Cuando él murió me di cuenta de que muchas veces había tenido miedo al escribir según qué cosas. En este curro se tiende a proyectar una imagen de éxito y al final nunca somos de verdad, coño. La muerte de mi padre, el sufrimiento durante esos tres años terribles y la forma en que él lo llevó me han hecho más valiente. Hasta última hora me estuvo enseñando, el cabrón. Así que no me callo ya nada. No sé si era Monterroso el que decía que no le importaba que la antorcha de la verdad chamuscara algunas barbas. Pues eso. Al carajo, tío. 

–¿Tiene alguna explicación para tanto ofendido por doquier? 

–La atención es la droga de nuestros días, y es brutalmente adictiva. Y ojo, que mi corazón obviamente está con la gran mayoría de las luchas de hoy. El problema es que por cada cabeza seria que hay en un colectivo, hay otros 300 mendrugos con una necesidad tal de atención que parecen yonquis. A este paso, van a tener que dar paguitas para desintoxicarse de las redes sociales. 

–Me decía antes que se acabó el agarrotamiento a la hora de hablar de ciertas cosas. Por ejemplo...

–Por ejemplo, el feminismo. Porque hay esnobismos y hay tendencias, y ahora van por aquí y mañana irán por allá. Yo no soy machista, yo soy feminista y siempre lo he sido. Lo que no voy a seguir es la línea esnob de nadie. No tengo que hacerme ninguna revisión porque sé la familia en la que he nacido y los valores que he recibido. Dicho esto, mi sensibilidad con el feminismo dónde está: en que una tía gane el mismo dinero que un nota; en que una tía tenga acceso a puestos de poder en empresas, en el Gobierno, en todos los estamentos de la sociedad, al mismo nivel que un hombre. Que tío que toque a una tía por la calle, al talego sin revisión de condena; que tío que viola a una tía, al talego con cadena perpetua, ahí me pongo yo radical. Ahora bien, gilipolleces para llamar la atención, conmigo no. Me pueden esperar sentados. Y sentadas.

Tote King

–¿Está la libertad de expresión en retroceso como dicen muchos ahora?

–¡Hombre! ¿Pero es que cabe alguna duda? Este país es una escombrera. Y luego ves a todos esos artistas que no hacen más que colgar fotitos de sus Nike nuevas o de su conciertito lleno, y no se atreven a decir ni pío cuando meten a Pablo Hasel y a Valtonyc en la cárcel. Qué vergüenza, tío. Un amigo abogado me ha estado explicando el Código Penal, y me parece un delirio interpretar los tuits de esos chavales como incitación a la violencia. Bueno, y luego está el tema de las injurias a la Corona. ¿Perdona? En el año 2018, la mera existencia de una institución como la monarquía es, como mínimo, controvertida. ¿O no? Ah, ¿que no se puede decir? ¿Pero qué coño es esto? No entiendo nada, tío. Sobre todo cuando lees las barbaridades que ponen los animalitos de extrema derecha en internet. Y no pasa nada. Como tampoco pasa si le hacen un homenaje a Franco o los nazis se manifiestan y arrasan las calles y a los dos días todos están en la calle.

–Volvamos a Podemos. Dice en el disco: “los tontos de Podemos ya están peleados entre ellos”, y habla de “la izquierda y su puta enfermedad crónica”. ¿Ha sido una decepción la así llamada nueva izquierda?

–Lo voy a simplificar todo un poco, porque ahora cualquiera se cree politólogo, y hay muchas cosas del funcionamiento de la política por dentro que yo no conozco. Dicho esto, el tufillo que a mí me da es que la derecha y la ultraderecha y el centroderecha van unidos como un equipo de fútbol sin problemas en el vestuario. Y la izquierda no tiene ese concepto de equipo: se ramifica, discute, se pelea. Ojo, quizá sea esa precisamente la base de la izquierda, el debate que se siembra en todo. Ese es el espíritu de la izquierda, vale, guay; pero hombre, podríamos arrimar el hombro un poquito, ¿no?, aunque sólo sea poder salir al campo a pelear el partido en igualdad de condiciones. Pero insisto, yo no sé como funciona eso por dentro.

Tote King

–Bueno, hay cosas que se han visto perfectamente desde fuera. Las luchas de poder, por ejemplo. Ahí está el arrinconamiento de Errejón...

–Fue una vergüenza. Sobre todo porque la línea de Íñigo es coherente y a mí me parecía que iba en sintonía con la de Pablo. Ah, no, pero que resulta que dentro hay bandos y ramas y mierdas. ¡Pero qué coño, tíos! ¡Que ahí fuera se están organizando los nazis, de qué me estáis hablando! ¡Que la ultraderecha en Europa se está levantando a muerte! ¿De qué matices me estáis hablando, cojones? Con las libertades disminuyendo, la violencia de género por todos lados, la gente hecha una puta bestia en las calles, yo me pregunto: ¿de verdad es la hora de matizar? No me entra en la cabeza, sinceramente. Desde fuera se ve vergonzoso. Probablemente los volveré a votar, pero se han comportado como idiotas.

–¿Ha estado atento a la situación en Cataluña?

–No mucho. Me cansa ya. Tengo mi opinión sobre los nacionalismos en cualquiera de sus formas, y es muy clara: no creo en la tierra ni en las patrias, creo en las personas, en tus vecinos, en tus familiares, en tus cuatro cositas, y lo demás me importa muy poco. Es una lucha que no comprendo. Porque a mí no me representa ninguna bandera, ni la de España ni la de Andalucía ni la de Sevilla.

–Para terminar, volvamos al rap con una pregunta muy simple: ¿es usted un clásico?

–Yo qué sé, tío. Lo puedo soltar en una rima, “soy un clásico / bla bla bla”, como puro ejercicio de estilo. Pero no tengo ni puñetera idea y además, la verdad, tampoco me importa mucho.

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