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Retrato de Miguel Poveda / LENA PRIETO

Miguel Poveda: "Cuando la vanguardia está bien hecha, los puristas del flamenco claudican"

El cantaor de Badalona repasa sus comienzos en el flamenco, defiende la innovación frente al purismo sin traicionar a la tradición y confiesa su pasión por la poesía

22.07.2019 00:00 h.
27 min

Miguel Poveda tenía solo quince años cuando se subió por primera vez a un escenario. Fue en su Badalona natal. Destacó en seguida y, siendo muy joven, se convirtió en una de las nuevas promesas del flamenco. Treinta años después, es uno de los nombres de referencia de esta disciplina artística. Amante de la poesía, en Desglaç cantó a sus poetas catalanes preferidos y en Enlorquecido rindió homenaje a Federico García Lorca. En El tiempo pasa volando, su último trabajo discográfico, repasa sus tres décadas de carrera dedicado en cuerpo y alma a la música. 

–¿Cómo un joven, nacido en Badalona, con padre de Ciudad Real y madre de Murcia, se acerca al mundo del flamenco?

–Diría que fue por distintas razones, pero de entre todas destacaría dos: por un lado, el convivir con tanta gente andaluza en un barrio de inmigrantes y, por el otro, el hecho de que mi madre, aun siendo de Puertollano, proviniera de una familia minera a la que le gustaba el flamenco y los cantes de la mina. Cuando vino a Cataluña, se trajo consigo sus discos flamencos, con los que yo crecí. Fue en este contexto cuando nació en mí el gusanillo.

Recuerdo que cuando mi padre ponía los discos de Pink Floyd me agobiaba, me parecía una música tenebrosa, y, sin embargo, cuando mi madre ponía a Bambino, que no era flamenco tradicional, pero estaba muy cerca, se despertaba en mí un entusiasmo particula que se fue convirtiendo en un deseo de que querer cantar. De repente, ya no quería ser simplemente el espectador de las peñas flamencas a las que me llevaba mi madre, quería ser un participante más, quería subir al escenario.

–Debutaste muy joven.

–Sí, un 15 de noviembre de 1988 me subí al escenario y canté por primera vez. Lo hice como regalo para mi madre, que ese día cumplía años. Quería que ella estuviese orgullosa de mí.

–¿Se te puede definir como un artista autodidacta?

–Completamente. No fui ni a escuelas de canto ni a academias. Además, sin vivir en Andalucía no era nada fácil formarse como cantaor y todavía menos adentrarse en el mundo del flamenco. Por esto, las primeras ganancias que tuve gracias a la música las invertí en bajar a Jerez de la Frontera para mezclarme con los flamencos y los gitanos de ahí, y así aprender de ellos, escuchándoles cantar. 

Retrato de Miguel Poveda / LENA PRIETO

–¿Un artista debe tener una predisposición natural?

–Seguramente, aunque tengo que confesar que al escuchar ahora grabaciones de cuando tenía quince o dieciséis años no veo nada de ese don que decían que tenía. ¡Canto tan mal! Algo debía haber en mi. Es necesario tener alguna cualidad artística para poder desarrollarla, pero sin trabajo de poco sirve tener un don. En mi caso, desde el inicio he trabajado mucho: me he ido construyendo poco a poco y de forma continua. Mi vocación flamenca era tan fuerte que, desde el principio, he trabajado para estar a la altura de los más grandes. Quería ser como Bambino, como Rafael Farina y como todos los artistas que escuchaba en mi casa. Ellos fueron mis referentes. Soñaba con ser un gran artista, pero para conseguirlo sabía que tenía que trabajar con constancia, con paciencia y tener capacidad de aguante. 

–¿Es difícil entrar en el mundo de la música si no te apadrina alguien o tienes un apellido conocido? 

–Diría que cada vez es más difícil formar parte de este mundo, sobre todo si entiendes la música como cultura. La industria discográfica tiene actualmente unas exigencias que no dejan mucho espacio a la gente que quiere hacer cultura. Por esto decidí, hace ya algunos años, crear mi propio sello discográfico e ir por libre para poder hacer lo que quisiese, sin tener que cumplir las expectativas de ninguna discográfica. En este sentido, como te decía, es difícil entrar en el mundo de la música si lo que quieres es hacer algo que vaya más allá de las exigencias del mercado. Yo sé perfectamente que mi disco Enlorquecido no va a sonar en Cadena 100 ni en los 40 Principales, no va a ser un disco que va arrasar, pero sí sé que hay un público detrás que se interesará por él, porque hay gente que busca obras que, más allá del resultado, defiendan lo artístico antes que lo comercial. 

–Christina Rosenvinge me comentaba recientemente que, cuando tienes un éxito, la industria solo busca que lo repliques y, de esta manera, te encasilla. 

–Es así. Te voy a contar mi experiencia personal. Grabé con Universal el disco Amargor, donde recopilamos coplas tradicionales, entre las cuales estaba A ciegas, un tema que Almodóvar eligió como banda sonora para Los abrazos rotos. El disco fue un boom: vendí más de 200.000 copias, fue disco de platino… Ante este éxito, me asusté un poco. La copla es un género que me gusta, pero, ante todo, yo soy un cantaor flamenco y no quería que, como consecuencia de este éxito, se me encasillara en un género que en realidad no era el mío.

En mi siguiente trabajo aposté por un disco de flamenco clásico; no tenía nada que ver con lo que esperaba la discográfica, pero no me importó. Quería mantenerme fiel a mis deseos artísticos, no quise buscar el éxito replicando el modelo, sino que me aproveché del éxito como escaparate para defender aquello que yo amo y que tiene para mí un peso cultural importante. El disco se llamaba Artesano, era completamente anticomercial y, a pesar de todo, fue disco de oro. Esto me demostró que vale la pena apostar por lo que uno cree; puede que no se consiga el disco de platino, pero a nivel personal el resultado es mucho más gratificante. 

Miguel Poveda / LENA PRIETO

–No respondes a los cánones tradicionales del cantaor flamenco: no provienes de una estirpe con nombre y apellido, eres de Badalona… ¿Has encontrado muchos prejuicios en el mundo flamenco?

–Algunos sí, pero, afortunadamente, están desapareciendo. Cuando entré en el mundo de la música estaban en pleno auge grandes del flamenco como La Paquera de Jerez, Bernarda y Fernanda de Utrera, Chocolate, Chano Lobato, José Meneses, Agujetas. Grandes maestros del cante estaban en activo y no apenas había jóvenes ni voces nuevas. De pronto aparecí yo, un chaval de Badalona, payo, con un pendiente… Era un bicho raro para ellos. Hoy, seguramente, alguien como yo no sorprendería tanto, puesto que el flamenco se ha despojado de prejuicios y se ha abierto no solo a gente joven, sino a gente que llega al flamenco con nuevas propuestas.

En este sentido, Enrique Morente hizo una labor muy importante. Defendía siempre a los jóvenes y a quienes tenían propuestas nuevas. Estos artistas valientes, como lo fue Morente, han removido el mundo flamenco y la mentalidad de los más tradicionalistas. Evidentemente, todavía hay un grupo importante de puristas y, en cierta medida, lo entiendo, comprendo el temor a que se pierda la esencia y la pureza del cante, pero también es cierto que muchos de los puristas del flamenco han ido adaptándose a los tiempos. Cuando la vanguardia está bien hecha, cuando proviene de genios como Camarón, Paco de Lucía o Enrique Morente, incluso los más puristas del flamenco claudican ante el arte. No hay discusión que valga, el tiempo lo ha demostrado: La leyenda del tiempo de Camarón u Omega de Morente son obras atemporales, llamadas a perdurar.

–Camarón recibió críticas feroces.

–Muchísimas. Sin embargo, estoy convencido de que hoy nadie se escandalizaría como se escandalizó entonces. Como te decía, afortunadamente, se han roto muchos moldes. 

–Sin embargo, el debate acerca de lo qué es o no es flamenco permanece. Basta ver lo sucedido con Rosalía. 

–Para comprender ciertas críticas a Rosalía hay que tener en cuenta una característica de este país: la envidia. Cualquiera que tenga un éxito tan apabullante y repentino como el que ha tenido ella va a tener detractores, independientemente de lo que haga. ¿Por qué? Porque somos muy envidiosos. Algunos medios la han vendido como la nueva revolucionaria del flamenco. Ella no tiene la culpa de que la describan así, pero sí es cierto que definirla de esta manera ha hecho que más de uno cargue contra ella, porque no ve en su música ninguna esencia flamenca. Pero Rosalía no tiene la culpa de lo que digan los medios de comunicación. 

Ella es una artista que ha metido en una coctelera elementos de la música urbana, de la música americana y, evidentemente, de flamenco, un arte que ella ama. De hecho, durante un tiempo se dedicó a él, si bien no ha desarrollado una carrera como cantaora. Lo que sí ha hecho es utilizar sus conocimientos de flamenco para crear un estilo propio. Es, además, una mujer con un gran magnetismo que ha conseguido conquistar al público. Me gusta y alabo su trabajo. Eso sí, comprendo que los más tradicionalistas se echen las manos a la cabeza cada vez que la definen como una artista flamenca. Y es que no lo es, ni tampoco creo que lo pretenda. Lo que sí puede pasar y, ojalá pase, es que al escucharla algunos quieran rastrear sus influencias y comiencen a interesarse por el flamenco, un arte que, a lo mejor, desconocen.

Retrato de Miguel Poveda / LENA PRIETO

–¿Podríamos decir que el  flamenco puro es un arte complejo que no llega con facilidad a los más jóvenes?

–El flamenco puro es muy complicado y, precisamente por esto, estoy convencido de que artistas como Rosalía pueden ayudar a que la gente joven lo descubra. Seguramente, si en alguna entrevista Rosalía cita a Lole y Manuel, a Camarón o a cualquier artista flamenco, sus fans se interesarán por estos artistas. Rosalía puede beneficiar el flamenco incorporando nuevo público.

–¿Está el flamenco suficientemente valorado desde el punto de vista artístico? 

–La labor de los gobiernos es apoyar y dar el lugar que merece a la cultura y, por tanto, también a la música flamenca, cuyo valor artístico es incalculable y ha sido reconocido en países como Francia, Japón o Estados Unidos, pero no en España. No tenemos una televisión pública que apoye la cultura flamenca y menos todavía que lo haga desde una perspectiva rigurosa y didáctica; al contrario, cuando se habla de flamenco se recurre a los estereotipos, olvidando que la historia flamenca es mucho más compleja y abraza muchas disciplinas, el cante, el baile, la guitarra…. En Televisión Española tienen un archivo flamenco impresionante, sin embargo, está ahí, aparcado, sin que nadie le preste atención y sin que nadie se dé cuenta del legado que representa. 

–Más de una vez se ha dicho que el flamenco como un mundo machista y homófobo.

–El mundo flamenco ha cambiado mucho. El machismo y la homofobia están, ante todo, en la calle. Es verdad que en otras épocas se consideraba que el flamenco era cosa de hombres y no estaba bien visto que las mujeres cantaran. De ahí que artistas como La Periñaca o La Cantaora de Jerez grabaran sus primeros trabajos con casi ochenta años, porque sus padres o maridos no les habían dejado dedicarse al cante. Pero las cosas han cambiado.

Cuando escucho a amigos míos quejarse del machismo en el mundo del flamenco me da rabia. En el flamenco no hay ni más ni menos machismo, y ni más ni menos homofobia, que en cualquier otro ámbito de la sociedad. Yo me siento muy esperanzado en cuanto al camino que está tomando no solo por la cantera de artistas que hay, sino por cómo ha cambiado la mentalidad. En el mundo de la copla, sin embargo, no ha habido un cambio tan radical, sigue instalada en su lugar de siempre y no avanza, aunque hay excepciones: Carlos Cano, Pasión Vega o Martirio, que le dio otra lectura y otra imagen, pero, en términos general, la copla no se ha adaptado a los tiempos como sí lo ha hecho el flamenco. 

Miguel Poveda durante la entrevista / LENA PRIETO

–En Cataluña el flamenco nace entre la comunidad de andaluces. Desde el inicio has tratado de entablar puentes entre la cultura flamenca y la cultura catalana. 

–Los artistas de flamenco en Cataluña tenemos algo que me gusta mucho y que aprecio más desde que vivo en Andalucía: hemos crecido en la diversidad. Amamos nuestra tierra, somos catalanes y amamos el flamenco, exigiendo que se nos valorara por nuestro arte, independientemente de nuestras raíces. Yo he crecido en una Badalona en la que convivían los discos de Pink Floyd con los de Bambino y, cuando me emancipé y vine a Barcelona, me interesé por esa cultura catalana que me había sido ajena en mis años de infancia.

Quería conocer mis raíces, así que comencé a relacionarme con poetas y artistas de aquí, gracias sobre todo al Taller de Músics, donde pude convivir con músicos de todo tipo y cantar distintos géneros sin complejos. Aprendí mucho de Joan Albert Amargós, que es un genio capaz de mezclarse con diferentes artistas y de atreverse con géneros y estilos opuestos. Yo quería seguir, en cierta manera, sus pasos y creo que los flamencos de Cataluña, en parte, lo hemos conseguido: Cañizares, Mayte Martín, Ginés Ortega o Montse Cortés no se deben a una familia tradicional de flamenco, ni a un apellido ni a su lugar de procedencia. Nuestra mirada es más abierta y, con esto, no quiero decir que seamos mejores o peores, pero sí artistas más globales, teniendo cada uno nuestro estilo. 

–Tu trabajo Desglaç, un disco de flamenco en catalán, ¿creó desconcierto?

–Para muchos ese disco fue desconcertante. Y lo más curioso es que, al cabo de unos años, entre la gente del flamenco, a lo mejor no la más tradicionalista, pero sí mis compañeros de profesión, destaca entre todos mis otros discos. Es una prueba evidente de que algo está cambiando. Agradezco a la vida haber podido grabar ese disco; en un inicio yo era bastante reacio, pero Lluís Cabrera, del Taller de Músics, y Enrique Morente insistieron mucho. Lluís me decía: “Si yo fuera gallego, hubiera hecho un disco en gallego. ¿Por qué estos prejuicios?”.

No es que yo tuviera prejuicios hacia el idioma, sino que me daba miedo la reacción. Al final, tras tanta insistencia, me aventuré en el proyecto. Recuerdo que, por entonces, me dieron el premio Música Viva de Vic y con el dinero me compré de forma obsesiva una enorme cantidad de libros de poesía en catalán. Los leí, los subrayé y, finalmente, pude conocer a muchos de sus autores: Sebastià Alzamora, Josep Piera, Valentí Gómez o Joan Margarit. Fue una experiencia inolvidable. De alguna manera, a través de ellos, sentí que me estaban acogiendo en mi tierra, que yo no era el charnego de Badalona. 

–¿Desglaç no fue también una manera de legitimar el catalán como lengua para el flamenco?

Desglaç no era un disco de flamenco tradicional, pero sí podemos decir que fue una forma de legitimación. Al principio pensé en cambiar mi forma de cantar porque, viniendo de Badalona, veía el catalán como una lengua elegante, pero al leer a Sebastià Alzamora o a Joan Brossa me di cuenta de que no podía ponerme delicado, que en sus poesías había garra y eso lo tenía que transmitir en mis canciones. De ahí que al poema de Brossa sobre la muerte de Franco le pusiera una música tanguera y que a Alzamora lo cantara por bulerías. No escondí mi raíz flamenca, no quería mutilarme como artista. 

Retrato de Miguel Poveda / LENA PRIETO

–¿Había algún precedente de flamenco en catalán?

–No sé si Mayte Martín había cantado en catalán, pero de lo que no tengo dudas es que Desglaç es el único disco de un artista flamenco cantando en catalán. 

–¿Cómo fue colaboración con los poetas?

–Hablaba con ellos y me inspiraba, pero las decisiones musicales eran mías. Quería que fuera el disco de alguien que ama la poesía y ya está; no quería politizarlo y puse a todos los poetas que me gustaban, sin pensar en nada más. Me gusta Narcís Comadira, Joan Margarit, Enric Cassasses… Esto es lo único que importa. Están en el disco porque su poesía me fascina.

–¿Cuándo descubre Miguel Poveda la poesía?

–Pues empecé a leer poesía gracias a un encargo. La Universidad de Bolonia encargó al Taller de Músics que algunos de artistas flamencos cantaran los versos de los clásicos contemporáneos. Me lo propusieron y acepté. Empecé a leer y a interesarme por la poesía, algo que había empezado a hacer, en parte, tras escuchar a Camarón cantando a Lorca o a Morente cantando a Miguel Hernández. Me interesé también por el trabajo de Carmen Linares, que cantaba a Juan Ramón Jiménez, y quise seguir su estela. 

–Te convertiste en un lector habitual de poesía.

–¡No tanto! Yo no soy una persona de palabra fácil. Me gustaría sacar toda la sensibilidad que llevo dentro, pero soy incapaz de hacerlo a través de la palabra. Cuando leo algunos poetas encuentro en sus versos aquello que me gustaría decir y no sé. Leo poesía no porque vaya de intelectual, simplemente porque siento pasión por los textos y las palabras. Subrayo los poemas y muchas veces siento la necesidad de cantarlos. Para mí la poesía es una vía de expresión, me sirve para contar aquello que yo no sabría expresar con mis propias palabras. Eso sí, no me preguntes sobre la biografía de los poetas que me gustan, porque no sé apenas nada.

Miguel Poveda durante la entrevista / LENA PRIETO

–De Federico García Lorca creo que lo sabes casi todo. 

–Federico es una obsesión. De él lo he leído todo, lo sé casi todo, pero ahora quiero comenzar a informarme sobre la vida de todos los otros poetas que admiro y leo, porque creo que, conociendo sus rasgos personales, puedo entender mejor sus poemas. He empezado a comprender mejor la poesía de Vicente Aleixandre, que no es nada fácil, desde que me he interesado por saber quién era. No puedo ir de intelectual; no canto poesía porque sea una persona instruida en la materia, sino porque soy una persona sensible. Me da mucha envidia la gente que sí sabe de poesía. De joven he perdido mucho tiempo en tonterías, un tiempo que hubiera podido aprovechar más. 

–Nadie puede saber de todo ni nadie puede abarcarlo todo. 

–Tienes razón. Me alivias diciéndome esto. No me voy a castigar más.

–¿Qué tiene Lorca que tanto te apasiona? 

–Lorca fue mucho más que un hombre que escribía poesía. Era un dramaturgo, un gran dibujante y un hombre que tenía un compromiso profundo con el arte y la cultura. Tras su éxito en Argentina volvió a España, se puso un mono de trabajo, creó una compañía de teatro y empezó a viajar por la Península dando a conocer el arte teatral. Es admirable su compromiso con los más desfavorecidos. Para mí, la lectura de Palabra de Lorca, donde Víctor Fernández reúne todas las entrevistas que Lorca había dado en su vida, fue reveladora porque pude escuchar finalmente su voz, le pude escuchar a él. 

–Dices que huyes de la politización, pero el cantar Final de Joan Brossa, un poema contra franquismo, o los versos de Lorca, ¿no es una forma de posicionarse?

–Sin duda. De todas maneras, lo que más me interesa de Lorca es reivindicar el compromiso con la cultura, con los más desfavorecidos, con los derechos humanos. Es más un compromiso humano que político. Está claro que Franco era un dictador y un criminal, pero lo que más me interesa de Lorca es su compromiso social y humano. Con mis discos no busco construir un discurso político: petendo remover conciencias desde un punto de vista social, despertar en quien me escucha el deseo, quizás algo utópico, de cambiar el mundo para construir una sociedad más sensible, más abierta, más comprometida con la naturaleza y la cultura.

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