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La editora Eva Moll de Alba, en Barcelona / LENA PRIETO

Eva Moll de Alba: "Los ‘indies’ del siglo XXI apagan el ruido y encienden un libro"

La editora de Vegueta Ediciones reflexiona sobre el sector del libro y defiende que, en el ámbito de la literatura infantil, el futuro está en la edición al modo clásico

18.11.2019 00:05 h.
16 min

Vegueta Ediciones lleva algunos años de expedición. Responde a la pasión lectora de Eva Moll de Alba, quien habla con un entusiasmo cauto de casi todo, también de su sello, desplegando sin ruido algunos éxitos al ralentí. Su aventura ha hecho surco principalmente en la literatura infantil, pero acaba de asomarse a la narrativa centroeuropea contemporánea. Su catálogo podría ser un baúl de sintonías, pero la propuesta acaba por convertirse en un lugar donde encontrarse. Hasta aquí se llega para dejar que la pasión por la lectura se expanda como una plaza grande y abierta.

–Según el último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros, el índice de lectura en España es bajísimo: el 32,8% de los mayores de 14 años no lee nunca. ¿Editar es, por tanto, una profesión de riesgo en España? 

–Sin vocación y sin riesgos, no puedes dedicarte al mundo de la edición. Están los paupérrimos índices de lectura pero también el impacto de las nuevas tecnologías, que ya están marcando claramente cómo asimilamos los contenidos. Dentro de ese cambio radical, del que ignoramos aún hasta dónde alcanzará, el mundo de la edición se está transformando. Con este panorama, parece osado dedicarse ahora al mundo del papel, justo cuando se viene anunciando su final, pero la realidad, por suerte, no es así. El papel sigue y, personalmente, creo firmemente en el libro porque la lectura no va a pasar; sumergirte, por ejemplo, en una novela te proporciona una experiencia a nivel cognitivo, neurológico y de imaginación que pocos productos culturales pueden ofrecerte. El libro es el mayor invento dirigido al entretenimiento de todos los tiempos. Es imbatible; otra cosa será en qué formato lo ofrezcamos.  

–Apela usted, dentro de los principios de su sello, Vegueta Ediciones, al sentido del tacto. Todo un atrevimiento en la época de la digitalización, ¿no?

–Como editora en el siglo XXI, creo en la lectura como una experiencia global. Al sentarte delante de un libro, no sólo te asomas a unas letras que, combinadas de cierta forma, dan lugar a un contenido más o menos sublime, sino que hay mucho más. Es un ejercicio de belleza. Por ejemplo, a través del papel, que es la puerta de entrada del sentido del tacto, puedes proporcionar al lector unas sensaciones a las que no llega el más sofisticado de los aparatos tecnológicos, casi una vía de contacto con la naturaleza. Se trata, en definitiva, de hacer libros bonitos, de elegir el mejor papel y la cubierta más hermosa para que aporte al contenido, sí, pero que también haga al ojo trabajar como si se tratase de un objeto artístico. Es un reto y una responsabilidad, también; se trata de sumarles experiencias insustituibles al contenido.          

Eva Moll de Alba / LENA PRIETO

–En el origen de su editorial está Nicanor Parra. ¿Cómo ocurrió?

–Sin él exactamente saberlo, Nicanor Parra fue una persona decisiva en mi vocación. Me impulsó a crear la editorial en uno de los encuentros que tuvimos a lo largo de varios años, dado que tuve el privilegio de conocerle e irle a visitar de forma periódica a su casa de Las Cruces en Chile. Compartí días maravillosos con una persona brillantísima, con un sentido del humor único, que unía amplios conocimientos de ciencia y, por supuesto, de literatura. En una de las reuniones, me comentó que echaba en falta una antología de todo lo que él había escrito vinculado a la ecología. Y lo hizo justo cuando yo acababa de hacer un proyecto que aunaba el arte y la literatura en torno al mundo del agua. Era, pues, el momento justo de arrancar la editorial, y hacerlo con los ecopoemas de Nicanor Parra que reunimos en el libro El cielo se está cayendo en pedazos.  

–A partir de ahí, Vegueta Ediciones ha apostado por los libros infantiles. ¿Qué cualidades debe tener un editor que trabaja con los primeros lectores?

–En primer lugar, tenemos una gran responsabilidad. Si hacemos buenos libros, si proporcionamos una experiencia grata, divertida y enriquecedora, quizás tengamos un lector, un buen lector, en el futuro. En caso contrario, podemos apartarlo de forma definitiva de los libros. Por todo ello, creo importante que los niños y las niñas tengan acceso a un buen relato y, a ser posible, que también accedan a ejemplos y conocimientos que puedan mejorar su vida diaria o darles las claves para entender situaciones sociales. Se trata de que aprendan a leer y, a su vez, de que aprendan leyendo. Luego, hay que apostar por educar al ojo; que los primeros lectores accedan a libros bien editados, bien ilustrados y, por supuesto, con buenos textos

–Sobre las temáticas de los libros infantiles y juveniles, ¿cree que hoy se pueden correr más riesgos?

–Creo que se debe arriesgar y la respuesta –al menos, para nosotros– es positiva. Así lo percibimos en colecciones como Genios de la ciencia, que trata de acercar a los niños las biografías de Hipatia, Charles Darwin, Marie Curie, Albert Einstein y Ada Lovelace, y como Un mundo mejor, donde ofrecemos una serie de historias inspiradoras para aprender a cambiar y mejorar el mundo. Son todos protagonistas que tuvieron una idea genial para mejorar el mundo –las relaciones entre personas o las condiciones de vida– y demostraron, además, el talento y la capacidad para hacerla realidad. La tercera línea, Nuestros ilustres, va enfocada a que los niños vean cómo esos personajes que hoy son admirados socialmente pudieron nacer en su calle; cómo alguien próximo hizo algo extraordinario. Si fue así, ¿por qué no podrían ellos hacer lo mismo? Debe servirles de inspiración para caer en la cuenta de que cada uno de nosotros puede hacer cosas positivas por los demás. 

Eva Moll de Alba / LENA PRIETO

–En el universo de la literatura infantil y juvenil, ¿qué papel juegan las ilustraciones? ¿Están a la altura del texto?

–La labor del ilustrador es esencial para acercar a los niños a una visión artística del libro, que sepan apreciar en él cualidades como la belleza o la sutileza. Es un tema que cuido y trabajo mucho, además con ilustradores de todo tipo. Ahora acabo de hacer un libro con un artista de la India gracias a que contamos con un aliado fabuloso: Instagram. Esta red social te abre a un mundo de ilustradores al que antes no era posible acceder; te quedabas con los conocidos, los que te llegaban por referencias, pero ahora el mundo se ha ampliado. Gracias a Instagram puedes conocer nuevos talentos, ya que han desaparecido las jerarquías: allí la única válida es tu trabajo.       

–Acaba de destacar un factor positivo que la digitalización ha aportado al libro cuando, por lo general, desde el sector se despacha como un fenómeno con más sombras que luces.

–En la actualidad, los editores tenemos el reto de utilizar todas esas herramientas para cuidar más al libro. Mientras más calidad tenga nuestro producto, más larga vida tendremos los editores. Hay que aprovechar las nuevas opciones que nos ofrece la tecnología y adaptarlas para ofrecer mejores historias a los lectores.    

–La literatura infantil y juvenil carga, a menudo, con el estigma de ser una lectura fácil. ¿Está cambiando la opinión entre los lectores?

–Hace tiempo se acabó con esa opinión. Me dan lástima esas colecciones que tienen poca calidad, como si se hubieran hecho con prisa. Ese tipo de ediciones van en contra de los tiempos, de la supervivencia del mismo producto. En el mundo de la literatura infantil y juvenil podría decirse que el futuro está en el pasado, en la edición al modo antiguo, con un contenido profundo, estudiado, bien trabajado, que acaba gustando tanto a niños como a adultos. Esta apuesta ha ayudado a dar un salto importante en el sector y que el lector –pequeño o grande– sea exigente, busque más la calidad que la cantidad. Creo en ese tipo de lector; los indies del siglo XXI son los que apagan el ruido y encienden un libro. Hay todo un movimiento que se dirige hacia esa nueva dirección. 

Eva Moll de Alba hojea uno de los títulos de Vegueta ediciones / LENA PRIETO

Eva Moll de Alba hojea uno de los títulos de Vegueta ediciones / LENA PRIETO.

–En ese movimiento son indispensables las librerías, ¿no?

–Son el hábitat perfecto de esos indies del siglo XXI porque, al papel tradicional de prescriptor, se suma que los libreros están convirtiendo sus espacios en algo más que una tienda de libros. Son centros culturales, con presentaciones, encuentros con autores y talleres para niños; un espacio de paz, donde no es necesario alzar la voz para hablar y para que te escuchen.

–Ha abierto una línea dedicada a la narrativa para adultos, sin duda el gran campo de batalla de las editoriales. ¿Qué define su apuesta? ¿En qué se diferencia del resto?   

–Soy de formación alemana y siempre he tenido la sensación de que hay muchos títulos potentes que no llegaban. El idioma es una barrera importante y no hay tantos buenos traductores como en inglés o francés. Así, detecté que había una serie de buenos escritores a los que no teníamos acceso y que, además, ellos habían transitado sendas que ahora son de plena actualidad: la conciencia medioambiental, sin ir más lejos. Me pareció interesante saber qué están pensando, cómo están mirando nuestra actualidad, a qué conclusiones están llegando los autores alemanes contemporáneos. Me dediqué a buscar voces europeas actuales que estén opinando sobre nuestro mundo global y que se ajusten a tres premisas: la calidad literaria, la mirada inteligente y las temáticas actuales. No me fue difícil dar con esos títulos y esos autores. Junto a esta apuesta, inauguramos la colección con El hijo del doctor de Ildefonso García-Serena, que atesora ingredientes interesantes: el exilio, las raíces, las lealtades, los sentimientos…

–Esa búsqueda de un nicho editorial y de unos lectores fieles, ¿es la salida de los sellos independientes ante el abrumador dominio de Planeta y Penguin Random House?    

–Se trata de encontrar al lector. Al igual que existe una persona que confía en un librero, hay que lograr que también lo haga en el editor, en su olfato, en su selección… E insisto: ese logro se hace a través la calidad. 

Eva Moll de Alba / LENA PRIETO

–¿Son los dos gigantes editoriales una amenaza a la diversidad?     

–La globalización y los cambios empresariales no tendrían por qué afectar a la calidad literaria. Que, por ejemplo, Salamandra se integre en un gran sello no implica nada más: las editoriales están hechas por personas y, mientras conserve su personalidad, no debemos temer por la oferta. Todo depende de cómo se gestione esa adquisición, aunque lo lógico sería mantener la línea ya marcada porque tiene el respaldo de los lectores. Si lo compras y das un giro brusco, te arriesgas a perder todo lo conquistado. Creo que esta tendencia a la concentración tiene más efectos en los proveedores: en las imprentas, en el papel… Ahí, en la línea de producción, sí puede existir un impacto fuerte dado el dominio de los dos grandes grupos editoriales.    

–Su sello, Vegueta, edita desde Barcelona y, también, desde Las Palmas de Gran Canaria. ¿Es un hándicap trabajar en la periferia?

–Vegueta es el barrio fundacional de Las Palmas de Gran Canaria. Un espacio con una historia interesantísima, de gran impulso cultural porque, como decía el maestro Chirino, se mezcla la tricontinentalidad de las Islas Canarias, con los pies en África, el corazón en América y la cabeza en Europa. Esa mezcla dio lugar a una gran riqueza cultural que siempre me ha servido de referencia; te das cuenta cómo mejora la cultura cuando hay un cruce de culturas. La isla no es una limitación; más bien es una oportunidad, por eso quería mantener una sede allí, donde nací. Es una forma de  mantener el vínculo con mi tierra y devolver a ese lugar mucho de lo que me ha dado. También me permite establecer lazos entre Barcelona, la ciudad en la que resido, y Las Palmas de Gran Canaria, donde nací, en un momento más que oportuno para hacerlo. En el fondo, todos venimos de todos lados.