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Carme Riera: "El castellano tiene que tener una presencia infinitamente mayor en Cataluña"

Carme Riera / LENA PRIETO

La catedrática, académica de la RAE y Premio Nacional de las Letras reflexiona sobre los nuevos feminismos, el 'procés' y la riqueza del bilingüismo

02.07.2018 00:00 h.
19 min

Abuela de dos niñas de 3 y 5 años, amante del teatro, sobre todo de los musicales, y del cine, Carme Riera reparte su tiempo entre Barcelona, donde se afincó desde muy joven cuando vino a estudiar filología, y su Mallorca natal, a la que se escapa a menudo los fines de semana. Cuando no trabaja, cose “cosas muy sencillas, como mantelería o chales, porque lo hago muy mal, mi madre me decía que entraba a matar con la aguja”, recuerda. Una confesión nada inocente teniendo en cuenta las aficiones de la protagonista de su última novela. 

Pero resulta difícil imaginar cuando ocurre eso, cuando tiene lugar ese tiempo de ocio o de hobbies, porque la agenda de la catedrática de Literatura Española de la Universidad Autónoma de Barcelona, ocupante vitalicia del sillón n minúscula de la RAE desde 2012 y presidenta de la entidad española de gestión de derechos de autor CEDRO desde 2015, entre otros cargos académicos e institucionales, puede que se encuentre más abarrotada que el listado de premios y distinciones que atesora por una obra fecunda y dilatada entre novela, ensayo académico y de divulgación literaria, narrativa breve e incluso infantil y juvenil o algunos guiones para radio y televisión. 

Algunos de esos premios destacados de la escritora mallorquina, gran teórica de la llamada Escuela de Barcelona y directora de la Cátedra José Agustín Goytisolo, cervantista y experta en el Siglo de Oro, son entre otros el Premio Nacional de Cultura de la Generalitat de Cataluña de 2001 o, a nivel estatal, el Premio Nacional de la Letras de 2015. 

Como si todo esto fuera poco, Carme Riera no sólo es una dama encantadora, afable, educadísima y de afilado sentido del humor, sino una de las cabezas bilingües más lúcidas de la literatura​ y la cultura española, que no deja pasar oportunidad para defender y militar a favor de los derechos de la mujer. Y para fortuna de muchos de sus lectores, sigue en plena actividad, a pesar de las diversas ocupaciones que la jalonan, como cuando debutara en 1975 en el relato con Te deix, amor, la mar com a penyora. Su última novela Vengaré tu muerte (Alfaguara), que lleva meses en librerías, es un thriller policíaco con una buena dosis de ironía, humor corrosivo y crítica social. Casi en la misma línea de su anterior Naturaleza casi muerta, una novela negra muy elogiada que, a raíz de las dificultades que le provocó su escritura, la llevó a jurarse a sí misma no volver a frecuentar el género. Afortunadamente rompió su promesa, pero lo matiza: “Natura… se ajusta más a los cánones del género que esta novela, que es más bien gris”, bromea. 

En todo caso, también en esta ocasión el género vino con un plus de dificultad extra –a Riera le gustan los desafíos–, porque la protagonista de Vengaré tu muerte, la exdetective, Elena Martínez, es una mujer de mediana edad de origen gallego –“homenaje a Manuel Vázquez Montalbán y a un amigo gallego que me sirvió de inspiración”, apunta– que gasta un lenguaje mucho más sencillo y un vocabulario mucho más limitado que la autora. “La coherencia con esta voz narrativa ha sido un desafío, porque Elena toma cursos de narrativa en el Ateneu barcelonés, está aprendiendo y no es muy buena”, explica Riera. “Su modelo de lengua no es exactamente el mío, porque tiende a la parataxis y yo a la hipotaxis y, por supuesto, no usa mallorquinismos”, explica.  

Carme Riera / LENA PRIETO

–¿Cómo consiguió esa voz narrativa en primera persona de la investigadora Elena Martínez tan opuesta a su estilo? 

–Con mucho trabajo, darle la voz a alguien que tiende que hablar casi con 300 palabras cuesta mucho. Sobre todo, porque yo tengo tendencia hacia lo literario, y en este caso por cohesión, por coherencia, no podía hacer eso. Creo que hay una sola vez en toda la novela en que aparece una referencia literaria, cuando ella descubre algo terrible y considera que se han asomado todos los azules del mediterráneo por la ventana. Me tuve que reprimir muchísimo. 

–¿Siempre fue una escritora bilingüe? 

–Bueno, mi segundo libro de relatos Jo pos per testimoni les gavines fue en catalán y luego siguió una novela Una primavera per a Doménico Guarini en catalán también. En aquella época me traducía un amiga mía, Luisa Cotoner, gran especialista de la escuela de traducción que tiende a ser absolutamente fiel y busca que cada palabra tenga su equivalente. Yo me peleaba mucho con ella y entonces decidí comenzar a traducirme a mí misma a partir de la segunda novela Cuestión de amor propio. Así trabajé muchos años escribiendo primero en catalán y luego traduciéndome al castellano, hasta que aproximadamente a partir del año 2000 descubrí otra manera de trabajar que me salía mucho más rentable, escribir una página en catalán y otra en castellano. El verano del inglés por ejemplo está escrita así. Es un método más rentable no sólo porque acabo las dos versiones a la vez, sino porque cada lengua te da una distancia. Y el hecho de escribir en una lengua, luego en la otra y volver a reescribir te permite corregir los errores tanto estilísticos como lingüísticos. Creo que Bernardo Atxaga utiliza el mismo método. 

–Su producción académica es mayormente en castellano, ¿en qué lengua piensa Carme Riera? 

–Pues de verdad que no lo sé, ni siquiera sé qué fue lo primero que escuché al nacer: mi abuela, que fue muy importante para mí, me hablaba en mallorquín; mis padres, que se conocieron en la UB, hablaban entre ellos en castellano, y la persona que me cuidaba que era de Lorca me hablaba en castellano también. Ese berenjenal es el de los bilingües de verdad, y yo lo defiendo como una riqueza. Estoy harta de los monolingües de un lado y del otro. 

–¿Qué piensa del conflicto lingüístico a partir de la inmersión? 

–Lo tengo muy claro, el catalán se tiene que enseñar en las escuelas sin duda. Tiene que ser la lengua vehicular, pero a la vez, el castellano, desde mi punto de vista, también tiene que tener una presencia infinitamente mayor de la que tiene actualmente [en Cataluña], y luego el inglés. Por supuesto que hay que defender el catalán, porque si no lo hacemos aquí, no lo harán en Valladolid. Es una obligación del Estado velar por sus lenguas, pero falta un poco más de ductilidad con respecto al castellano. Las lenguas siempre son una riqueza. Uno de los errores de la Transición fue el no promover la enseñanza de las otras lenguas del estado en Madrid o en Sevilla, para los niños también pudieran aprender gallego, catalán o euskera, que es un caso particular, pero con respecto a las lenguas románicas que son primas hermanas, eso sería muy sencillo. Yo cuando voy a Galicia entiendo perfectamente el gallego y no sé gallego. 

–Las mujeres están en franca minoría en la RAE, ¿la institución sigue representando el modelo patriarcal? 

–Pues, las cuento una vez más: Margarita Salas, Carmen iglesias, Inés Fernández Ordóñez, Soledad Puértolas, Paz Battanes, Aurora Egido Martínez, Clara Janés y yo: ocho. La cuestión es que si hay 44 sillones en la RAE y lo ocupan sólo ocho mujeres, es evidentemente que la proporción es muy baja. Pero añado un dato más, las catedráticas de universidad sólo representamos un 20%, y las universidades están llenas de mujeres, incluso en las facultades técnicas o, por ejemplo, en medicina, que es una profesión que nos habían arrebatado porque en la antigüedad nosotras éramos las curanderas. Esta mayoría de mujeres en las universidades es la que va a provocar un cambio de esquema. Aún falta mucho, pero llegaremos a la paridad, no porque nos concedan algo, sino porque las mujeres estamos a la altura del mundo masculino que hasta ahora ha cortado el bacalao. Y en la RAE no hay duda de que entrarán más mujeres, pero es una cuestión de tiempo. Yo sentí mucho, por ejemplo, que no se votara a Rosa Montero, porque además la había presentado yo en junio pasado. Ahora ella no quiere que la vuelvan a presentar, y es algo muy habitual. Nuestro director, Darío Darío Villanueva, fue escogido a la tercera. 

–Otro tanto ocurre en la literatura y siempre ha habido más lectoras que lectores… 

–Lo preguntaba el otro día en CEDRO, de los casi 22.000 escritores asociados, sólo 7.000 son mujeres escritoras: la proporción es terrible. Por supuesto que no todos los escritores están asociados a CEDRO, pero es un baremo revelador. ¿Qué significa que el hecho de que haya muchos más escritores que escritoras? Pues que a lo mejor las mujeres no han podido llegar a acceder a la publicación, que tal vez los editores no las quieren o que no han podido consolidarse. En estos momentos yo tengo a dos amigas muy buenas escritoras, con informes muy positivos de sus manuscritos que no encuentran editor. Claro que sabemos que hoy en día Proust no encontraría editor, eso lo reconocen en Gallimard, pero es que Virginia Woolf mucho menos. 

–¿Cómo valora el resurgir de los nuevos feminismos?

–Con alegría y esperanza de que realmente ayuden a cambiar las cosas. Pero hay otro aspecto que realmente valoro, y es el hecho de que ahora vosotros los hombres estáis por la labor. Si verdaderamente nos ayudáis conseguiremos cambiarlo todo, conseguiremos equiparar salarios, conseguiremos frenar la violencia de género, aunque es una cuestión más compleja, o algo mucho más extendido como que no se le pregunte a una mujer en una entrevista de trabajo si piensa quedarse embarazada, por ejemplo. Estoy muy esperanzada, pero cuando miro a la otra ribera no tanto. Acabo de volver de Argel y me impresionó la sumisión, la cantidad de velos y burkas. Me interesa ver cómo esas mujeres pueden hacer suya la causa feminista, porque eso es lo que realmente puede cambiar el mundo. Pero es cierto que desde que escribía artículos en Quimera sobre el lenguaje subsidiario que utilizábamos las mujeres creo que hemos avanzado mucho. 

Carme Riera / LENA PRIETO

–Por cierto, ¿pero no nos estamos cargando la lengua con tanta corrección política?  

–Por supuesto, porque la lengua tiende la economía y en boca de los políticos incluso se hasta al disparate gramatical, como en el caso de “portavozas” porque voz es femenino, aunque reo que eso fue una provocación y no habría que haberle dado tanta importancia. La reiteración con fórmulas como ciudadanos y ciudadanas o niños y niñas es una estupidez, el discurso puede hacerse eterno. Pero nos estamos cargando la lengua no sólo por culpa de la corrección política, sino por la deformación mercantilista que es espantosa y la adelgaza y empobrece. Ahora resulta que ya no somos viajeros o pasajeros de una línea aérea sino clientes, y esto me parece horroroso. Ya no viajamos, con todo lo que ello supone para la experiencia, sino que somos clientes de un servicio. ¿Qué le seguirá? ¿Ya no habrá lectores, sino usuarios de literatura? 

–¿Escribirá algún día una novela sobre el procés

–No quiero que me ocurra lo mismo que cuando dije que jamás volvería a escribir una novela negra, pero es que hoy en día no me apetece para nada. Me aburre soberanamente, me parece una cosa penosa y triste que ha dividido a los catalanes, las discusiones de las mesas familiares son espantosas. Yo las he tenido con gente muy cercana y querida, que están absolutamente a favor y lo ven como una maravilla. 

–Todo esto viene de lejos, ¿cómo vivió su evolución?

–Es cierto, pero se aceleró mucho en los últimos años y yo esperaba que fuera más paulatino. Aquí han pasado varias cosas que aceleraron el procés. Por un lado funcionó como el celofán con el que había que envolver la porquería. Me refiero al 3% o al 8%, en algunos casos. Y por el otro, el surgimiento de los antisistema. Algunos de ellos me lo han confesado: como en España no tenemos ninguna oportunidad, en cuanto consigamos la independencia haremos un nuevo Estado como nos guste. Cosa que me parece aún más disparatado, ¿Qué harán? ¿Implantar aquí a un nuevo Maduro? Aunque sin embargo, esta posición me parece mucho más coherente que la de la podrida Convergencia que ahora se hace llamar como un detergente: PDeCat. 

Las aspiraciones republicanas e independentistas las veo muy legítimas, faltaría más que no las aceptara, pero desde luego sin saltarse las leyes. Las acepto dentro de la legalidad, tienen que vehicularse a través de una reforma constitucional. No se puede defender esas aspiraciones cargándose la Constitución y el Estatut. Es necesario un referéndum pactado. 

–¿No cree que todo ello ha provocado un retroceso democrático en España? Me refiero tanto a los presos del procés como al caso del rapero Valtonyc… 

–El problema es que la palabra democracia no significa lo mismo para unos y para otros. Aquí es poner unas urnas. Para el Gobierno es la Constitución y acatamiento de la ley. Me supo muy mal el 155 y la merma de las competencias autonómicas, pero de aquellos polvos estos lodos y esto es lo que consiguió el señor Puigdemont. Siento muchísimo que haya gente en prisión y no me gusta, desde un punto de vista humano, pero los tribunales tienen que actuar. Tengo que creer en la justicia y aceptar lo que dictaminen los jueces, si prueban o no que hubo un delito de sedición o rebelión.

Y con respecto al caso del rapero y a la quema de banderas o retratos del rey es algo que me repele, no me gusta porque me recuerda la quema de libros de los nazis, pero me parece una aplicación exagerada de la interpretación del delito de odio. Si el Tribunal de Estrasburgo dictamina que quemar una bandera o un retrato no es un delito porque forma parte de la libertad de expresión, tendremos que aceptarlo. No conozco la letra del rapero, pero por los versos que me han citado creo que debería tomar un cursillo de rima e intentar hacerlo mejor porque es una canción espantosa. Personalmente creo que la libertad de expresión termina donde empieza el insulto y la agresión. 

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