Érase el teatro jornalero

La compañía Teatro Lebrijano, liderada por Juan Bernabé, reventó en los 70 las costuras de la escena española con una dramaturgia sobria y de clara intención política que triunfó en el mundo

11.08.2017 00:00 h.
9 min
Representación del montaje 'Oratorio' de la compañía Teatro Estudio Lebrijano. MARIO / CDAEA

Se sabe que el teatro no calma. Que no es analgésico. Ni tampoco bálsamo. Es algo más agitado, quizás hasta confuso. Se sabe que al teatro se entra a fuego, sin pedir permiso. Y se sale igual de él, pero distinto. En 1966 fundó con un grupo de amigos la compañía Teatro Estudio Lebrijano (TEL) para decir eso otro que en la vida no se podía decir de otro modo. En unos pocos años, casi como una misión, no se alejó de la necesidad de poner en pie algunas de esas piezas donde un hombre se podía mirar de frente y destilar una estupefacción, una soflama, una extrañeza, un desacuerdo, una querella… Érase el teatro jornalero de Juan Bernabé.

Todo en él fue juventud porque no le dio tiempo a más. Es cierto. Bernabé había aterrizado en el mundo el primer día de 1947 en ese campo extenso que es el pueblo sevillano de Lebrija, y esa oportunidad no la iba a dejar pasar. Tenía las horas contadas y no estaba dispuesto a gastar el poco gas con el que fue confeccionado. Así que se hizo mayor de golpe y todo le sucedió deprisa. En la vida tuvo velocidad de bala, levantó pasiones y se convirtió, él que iba para cura, en motivo de devoción para el teatro independiente español. Sin embargo, un tumor cerebral se lo llevó a la tumba con sólo 24 años. Alberti, que le había encargado la dirección de La Gallarda, lo despidió desde Roma​ llamándole “torero del teatro”. 

Nueve años

“Ha muerto el teatro de la sinceridad”, tituló su obituario César del Arco. “Su trabajo, en tan poco tiempo, dejó una semilla con suficiente empuje para que uno de los grupos más genuinamente populares del país siguiera en la brecha a pesar de todo”, escribió Jordi Teixidor. “Juan Bernabé quemó su juventud en una lucha desigual y terrible: la lucha del ideal contra la indiferencia, del ardor contra la tibieza, del desvivirse contra adormilarse, del cambiar contra el permanecer, del dar contra el recibir, la lucha, antigua y siempre nueva, de la excepción y la regla”, relató esos días el Correo Literario

Porque el Teatro Estudio Lebrijano (TEL), en apenas nueve años de trayectoria, fue un caso sorprendente de alianza entre estudiantes y trabajadores aficionados a la escena, un insólito acontecimiento de teatro social y de vanguardia que representaba sus obras en cortijos, campos y plazas. “Sintoniza con una realidad social que quiere cambiar y conectar con un sector olvidado, marginado, superviviente en un entorno ancestral e inmovilizado y que desea salir del callejón en el que la historia lo ha dejado”, expone Raúl Limón en el libro Teatro lebrijano. 1966: un despertar de la conciencia (Niebla), donde se califica como “una experiencia artística que va más allá del escenario”.

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Puesta en escena de 'Oratorio', en 1969. MARIO / CDAEA

La prohibición del Régimen

En sus comienzos, el grupo bucea en lecturas conjuntas de Camus, Miller y Priestley. Allí todos opinan y deciden llevar a las tablas un teatro político que pueda ser representado en la calle, en las escuelas y en las fábricas. “Nuestro teatro no iba a producir la revolución, pero, vete a saber, podría ayudar”, escribe Juan Bernabé, quien al abandonar el seminario intenta ganarse la vida como contable, peón agrícola, profesor de francés y empaquetador de una editorial. La compañía llega a sumar hasta treinta componentes, pero, tal como informa la revista Triunfo, “según las horas”. “Además de andar algunos de ellos con el servicio militar, las muchachas cuentan con las restricciones paternas a medida que avanza la noche”, aclara.

Como Tábano y Los Goliardos en Madrid, Cátaro y Els Joglars en Barcelona o Akelarre y Cómicos de la Legua en Bilbao, entre otros, la compañía de Bernabé trabaja siempre entre urgencias, con muy pocos recursos y casi siempre frente a la indiferencia o, más frecuentemente, la hostilidad de las autoridades. No hay nada de romanticismo en la aventura; sólo tenacidad. Ante los primeros éxitos de este teatro campesino, el Ministerio de Información les advierte en 1968 de que están actuando sin permiso y sin la obligatoria inscripción en el Registro Nacional de Agrupaciones Escénicas. Posteriormente, les negará cualquier tipo de ayudas y, en los casos más extremos, les prohibirá varios estrenos y reposiciones.

Lorca

Pese a las dificultades, el Teatro Estudio Lebrijano (TEL) suma a sus representaciones piezas dramáticas de Olmo, Gala, Arrabal y Buero Vallejo, quien, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española (RAE) leído el 21 de mayo de 1972, los emparenta directamente con Lorca: “Ignoro si se ha dicho, pero Federico estaba tras aquello. Realizado por sureños de corazón gemelo al poeta, el Oratorio parecía otra obra lorquiana, donde tampoco faltaba, como en las del inmortal granadino, la denuncia social, más explícita sin duda pero no más vigorosa; el hondo sentido trágico; el canto y la música dolorosa de la región; las ceremonias corales”.  

Habla el dramaturgo castellano del montaje Oratorio, basado en un texto de Alfonso Jiménez Romero alrededor de la leyenda de Antígona y el mito bíblico de Caín y Abel. Es el primero que introduce el flamenco como elemento teatral. Tras una representación en una panadería de Lebrija, la obra es seleccionada en 1971 para participar en el festival de Nancy, el máximo exponente de la escena de vanguardia en la época. A la delegada del certamen galo, Michelle Kokosowski, le interesan la desnudez de la escenografía, la fuerza interpretativa y los cantes de Pepe Suero y Salvador Távora, quien transitará por esta vía poco después con La Cuadra y Quejío

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Un instante de 'Oratorio', montaje que triunfó en el Festival de Nancy. MARIO / CDAEA

“Estos actores con brasas en los ojos se extienden por la sala fijándose en los espectadores y diciendo quedamente: ‘Vosotros lo sabéis y no hacéis nada”, anota el crítico teatral de Le Figaro sobre la denuncia social que contiene Oratorio. Los emigrantes que trabajan en la fábrica de Opel en Rüsselsheim (Alemania) llevan la representación a la planta. Provoca un fuerte escándalo en Sevilla, pero triunfa en Alicante, en Palma de Mallorca y Madrid, donde se lleva a cabo la última representación con Juan Bernabé vivo. Al poco tiempo de su fallecimiento, el Teatro Estudio Lebrijano (TEL) echa definitivamente el telón.

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