El enigma de Adolf Loos

El museo del diseño de Barcelona dedica una exposición al controvertido arquitecto e interiorista

El enigma de Adolf Loos
07.01.2018 00:00 h.
5 min

Una buena pregunta: ¿por qué esta exposición de los muebles de Adolf Loos, ahora, en el museo del diseño de Barcelona? ¿Qué nos dicen los muebles y objetos de interiorismo que diseñaba este arquitecto decisivo que vivió en Viena (1899-1931), ahora, en 2018? Según la comisaria de la muestra, Loos tiene actualidad porque “en un momento como el actual, el exhibicionismo de lo público nos obliga a replantearnos cómo preservar la intimidad”. Es posible, aunque no veo cómo pueden los espacios y los objetos concebidos por Loos protegernos del Big Data y la omnipotencia del poder y de la información. ¿Tal vez como actitud inspiradora? Sea como sea recomiendo la visita, desde luego para los profesionales del sector y sus afinidades, que son legión, también para el público en general.

Loos se “levantó” como arquitecto e interiorista contra el movimiento Sezession, ligado al modern style, que en su momento también había sido revolucionario (la “secesión” lo era de la arquitectura convencional teresina) y cuyas curvas, similor y delicuescencias –que hoy por cierto vuelven a parecernos encantadoras-- le parecían una pesada e incordiante incomodidad pleistocénica. Había viajado a Estados Unidos, permaneció allí tres años y regresó decidido a predicar unas formas de austeridad funcional, a desnudar fachadas y hacer los interiores más sencillos y utilitarios. El ornamento para Loos es un crimen. Le sacaban de quicio las florituras, las volutas y paramentos de todas clases, el “trabajo inútil”. En la exposición puede verse el edificio de “ventanas sin cejas” que construyó en la Michaelerplatz, frente al palacio imperial. Al emperador Francisco José le repugnaba la elegante sobriedad del edificio, hasta el extremo, según dice la leyenda, de mandar que estuvieran siempre cerradas a cal y canto las ventanas de palacio que dan a la plaza.

Precursora del “menos es más” de Mies, la arquitectura de Loos tiene un subtexto moral, liberador, dignificador del usuario. En este sentido es una formalidad progresista. Bien claro es que sus criterios proto-minimalistas se han impuesto, aunque no siempre su talento personal, su inteligencia espacial; en la arquitectura de hoy el criminal ornamento brilla por su ausencia y en los interiores se ha impuesto la ligereza, el funcionalismo (ya que no el espacio “a la carta” que Loos postulaba).

Una vida controvertida

No es por rebajar al lector al cotilleo que creo que vale la pena señalar que Loos era, como persona, un caso especial y monstruoso. Nació sordo, durante parte de su vida oyó poco y mal, y a partir de cierta edad volvió a sufrir una sordera total y definitiva. Esta discapacidad le aislaba de sus semejantes.

Su tercera esposa, Claire Beck, escribió tras su muerte el libro de anécdotas Adolf Loos privat con el amoroso objetivo de financiar con los beneficios de las ventas la tumba que Loos, muerto en la indigencia tres años atrás, había diseñado para sí mismo. El libro --escrito en un estilo despojado y funcional, muy Loos-- levanta un retrato tierno y divertido del exmarido que se negó a recogerla cuando ella, tras una fuga, quiso volver a casa (“¡una mujer que me deja no puede regresar!”), y recoge sus comentarios sobre su profesión y anécdotas diversas, como la insistencia (vana) del arquitecto en que Claire, que se casó con él siendo muy joven, se sometiese a ciertas operaciones​ quirúrgicas para seguir pareciendo jovencísima. Pocos años antes de morir, Loos fue sometido a un juicio escandaloso por pederastia con tres niñas de 8, 9 y 10 años, a las que había contratado como modelos; gracias a su relevancia social salió libre por falta de pruebas. Murió demente. En fin, un horror. Lo cual nos devuelve a ese viejo enigma del artista que en el estricto marco de su profesión o de su disciplina puede ser un agente de la libertad, un filántropo, y en otros aspectos, patético o aborrecible. Es una constante característica de la contradictoria naturaleza del ser humano, entre mono y ángel, que nunca deja de interrogarnos.

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