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El Drugstore del paseo de Gracia / Barcelofilia.blogspot.com

El Drugstore del paseo de Gracia

Cuando tus tugurios favoritos ya habían chapado, pero tú considerabas que aún no te habías cocido lo suficiente, este local venía siempre en tu ayuda

20.05.2019 01:00 h.
5 min

Al Drugstore del paseo de Gracia se llegaba muy tarde y muy perjudicado por el alcohol. Cuando tus tugurios favoritos ya habían chapado, pero tú considerabas que aún no te habías cocido lo suficiente, el Drugstore del paseo de Gracia venía siempre en tu ayuda, pues solo cerraba una hora al día, de seis a siete de la mañana. En su abigarrada barra coincidíamos los señoritos canallas del Ensanche con la racaille (que diría Sarkozy) más infecta, lo que más de una vez había conducido a situaciones desagradables: a un amigo le partieron la cara y a mí me robaron el reloj, que parecía caro, pero afortunadamente no lo era. El Drugstore era también el sitio adecuado para conocer a mujeres fascinantes que iban tan borrachas como tú o más: lo peor que podía pasarte era que sucumbieran a tus encantos, pues a la mañana siguiente despertabas aterrorizado en una cama ajena junto a una chica que, ya sobrio, resultaba que era un callo (supongo que a ellas les pasaba lo mismo); lo suyo era huir en silencio, con los zapatos en la mano, y, sobre todo, no despertarla para preguntarle si habíais follado, cosa que no recordabas; como todo es susceptible de empeorar, a veces despertabas con el fiambre en tu propia casa, momento en el que, si se trataba de alguien como tú, la pobre chica desaparecía silenciosamente mientras te hacías el dormido.

El Drugstore del paseo de Gracia, número 71, entre las calles de Valencia y Mallorca, se inauguró a bombo y platillo en 1967 y contó con la rutilante presencia de Salvador Dalí. Además de restaurante, bar, una tienda de comestibles y algunas boutiques, contaba con una librería a la que llegaban cómics franceses: allí vi el primer ejemplar de Barbarella, de Jean-Claude Forest, y solían llegar las novedades de Dargaud y Casterman. Recuerdo que se puso de moda entre los universitarios robar libros, aprovechando el despiste de los dependientes y la falta absoluta de medidas de seguridad. Confieso haber dedicado una (breve) etapa al latrocinio intelectual y me da mucha vergüenza, aunque uno de los libros hurtados derivó en una serendipia estupenda: años después de haber trincado la novela de Juan Marsé Últimas tardes con Teresa, acabé colaborando en el guión de la adaptación cinematográfica del libro que dirigió Gonzalo Herralde. Insisto: me da mucha vergüenza y no he vuelto a robar un libro en mi vida.

El Drugstore del paseo de Gracia llegó a tener dos sucursales, una en la Rambla (Drugstore Liceo) y otra en la plaza Lesseps (Drug Blau); la de la Rambla cerró en 1992, como el establecimiento original, y la de Lesseps en 1979. Nunca he entendido por qué murió el Drugstore en general y el mío, el de paseo de Gracia, en particular. Un sitio abierto a todas horas en el centro de Barcelona parecía llamado a no palmarla jamás. Un sitio en el que podías comer, beber, mangar libros, ligar con mujeres más necesitadas de cariño que tú y ser desposeído de tu reloj por un rufián es un sitio a preservar. Pero ya lo decía el gran Héctor Lavoe, que en paz descanse, “Todo tiene su final, nada dura para siempre, es preciso recordar que no existe eternidad”. En cierta manera, eso sí, el Drugstore del paseo de Gracia vivirá mientras lo haga el último borracho que lo frecuentó, la última alma noble que buscó allí el amor de madrugada y el último chorizo que le mangó la cartera a un señorito calavera. Para mí, eso es consuelo suficiente.

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