Menú Buscar
La herencia de Octavio Paz / DANIEL ROSELL

Los papeles huérfanos de Octavio Paz

La reciente muerte de la viuda de Octavio Paz, Marie José Tramini, crea inquietud, no exenta de esperanza, sobre el futuro del legado del Nobel mexicano

19.10.2018 00:00 h.
14 min

Vivía retirada en su piso de la zona acomodada de Polanco, al noroeste de la Ciudad de México, no muy lejos --para las distancias de aquella megalópolis-- del que había compartido con su marido en la esquina de la calle Guadalquivir con el Paseo de la Reforma; también relativamente cerca del hotel Camino Real al que se ambos se trasladaron una temporada tras el incendio por un cortocircuito de aquel apartamento con jardín interior en el que se escribió buena parte de la cultura contemporánea de México.

Marie José Tramini de Paz, viuda del Premio Nobel de Literatura Octavio Paz, moría el 26 de julio pasado en aquel edificio de Polanco. Con ella se iba la mujer que más amó a Paz, quien dotó de una segunda vitalidad al siempre vitalísimo ensayista, poeta, pesquisidor, teórico, traductor y fundador de empresas culturales. También desaparecía la titular de los derechos del escritor, la titular del copyright, como heredera. La pregunta que todos se formularon la mañana de su fallecimiento no hizo sino adensar su duda y preocupación en los días siguientes. ¿Qué será ahora de la herencia, del legado de Paz? Y, sobre todo, quién dispondrá ahora de su archivo, de sus papeles, de su correspondencia. 

En un incendio de diciembre de 1996 ardieron, junto con algún gato y piezas de arte traídas de la India, algunos de los libros más queridos de la biblioteca de Paz, que se hallaban en un gabinete con primeras ediciones que incluía los volúmenes heredados de su abuelo Ireneo, un librepensador que modeló con su ejemplo al joven Octavio, como el padre, desde la rebeldía a su figura machista, pendenciera, alcoholizada, también conformaría, aunque sea como negativo, la personalidad del muchacho. El temor que ahora se ha extendido es que la documentación invaluable de Paz siga la misma suerte, o parecida, de aquellos tomos chamuscados, de aquellas pavesas. Que se disperse, que vaya al extranjero, que desaparezca (al menos del país al que Octavio Paz dedicó el ensayo de interpretación El laberinto de la soledad, que es, todos coinciden en ello, donde debería quedarse).

Marie José Tramini junto a Octavio Paz

Marie José Tramini, junto a Octavio Paz

Fue lástima que cuando se produjo el incendio del apartamento de Guadalquivir y el presidente Zedillo cediera a la pareja la bellísima casona novohispana de la calle Francisco Sosa en Coyoacán conocida como Casa Alvarado (finca que visitó en su día D. H. Lawrence en su estancia mexicana, la que le inspiró su libro La serpiente emplumada), es lástima, decía, que en aquel momento en el que la nación respaldó al Nobel con una bien dotada fundación que llevara su nombre, Marie Jo se enfrentara al discípulo y estudioso de Paz Guillermo Sheridan, presidente de la misma. Aquello acabó como el rosario de la aurora, la Fundación se disolvió y la Casa Alvarado pasó a servir otros fines: los de Fonoteca Nacional que alberga muchos ecos de Paz y también, siquiera como psicofonías para quien sepa oírlas, las querellas, disputas, desacuerdos, que dieron al traste con lo que pudo haber servido fielmente a la difusión del escritor y, por el temor que ahora impera, a la preservación de su legado.

Helena Paz Garro

Helena Paz Garro, en Cuernavaca (México)

¿Será posible en las actuales circunstancias, que borradores, cartas, carpetas, queden disponibles en una institución mexicana para su consulta? ¿Que los libros de Paz vayan, con el rigor y elegancia con que se han dispuesto otros, a la Biblioteca de México, en la Ciudadela, junto a los de próceres como Jaime García Terrés, Alí Chumacero o Carlos Monsiváis, bien que este tuviera sus tiras y afloja críticos, desde el debate de las ideas, con el autor de El ogro filantrópico?

El asunto es complicado. Ya ha muerto Helena Paz Garro, la única hija que tuvieron Octavio y Elena, y Marie Jo no dejó testamento. ¿Será el Estado el beneficiario de ese patrimonio, material a inmaterial? Paz no tenía agente literario, y eso añade complejidad a las cosas. También está el asunto de los inéditos. ¿Son muchos, en qué consisten, cuál es su alcance? Carlos Fuentes tiene su archivo en la Biblioteca Firestone Universidad de Princeton, a pesar de que vive su viuda, Silvia Lemus. Y en esa misma Universidad se hallan los archivos de las revistas Plural y Vuelta, que fundara y dirigiera Paz.

Princeton conserva los papers, todos o en parte, de importantes escritores hispanoamericanos como Claribel Alegría, Reinaldo Arenas, Antón Arrufat, Miguel Ángel Asturias, Francisco Ayala, Guillermo Cabrera Infante, Julio Cortázar, José Donoso, Elena Garro, Juan Gelman, Augusto Monterroso, Manuel Mujica Láinez, Silvina Ocampo, Idea Vilariño y muchos otros. Los de García Márquez, que vivió los últimos años de su vida también en México, se hallan en el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin, que también posee una colección de Borges. Precisamente allí Guillermo Sheridan ha investigado y consultado cartas escritas por Paz a Octavio G. Barreda y a Charles Tomlinson. Y en la de Princeton, otras misivas a José Bianco, o el propio Fuentes.

Cuando Fuentes vendió sus notas, manuscritos, etc. a Princeton, Sheridan escribió en 2007 en Letras Libres: “Mientras en México no seamos capaces de crear una institución sólida, seria, segura y productiva para albergar y cuidar archivos de escritores, deberemos bajar la cabeza. Mientras no podamos atraer el interés de los escritores vivos, mientras no podamos crear el equivalente mexicano de la Residencia de Estudiantes de Madrid, o el IMEC de Francia, o los fondos reservados de las bibliotecas norteamericanas, los archivos mexicanos seguirán emigrando a los Estados Unidos (sin la amenaza de la migra, claro)”.

Pero los mexicanos no parecen dispuestos a resignarse. Elena Poniatowska se ha hecho eco de este clamor de que el patrimonio de Paz se quede en México. “Es donde pertenece, ha escrito en su cuenta” de Twitter. La Secretaría de Cultura ha tomado cartas en el asunto y lo va a declarar Monumento Artístico, para que pase a la nación, aunque esto no incluirá de momento el copyright. Se habla, pero todo es bastante confuso aún, de que el legado irá a parar al Colegio Nacional, donde Paz habría deseado que se conservara. Pero ni esto ha podido ser acreditado. Se abre un complejo y largo proceso legal, al que se acaban de incorporar unos parientes del Nobel.

colegionacionalmexico

El Colegio Nacional de México

Estos años pasados han ido saliendo algunos inéditos, pero es presumible que el grueso del archivo no sean borradores sino la correspondencia recibida de muchos corresponsales, más las copias de la que enviara Paz, si se conservan. Un caso sangrante es el de las cartas, que debieron de ser muchas e importantes, de Cernuda. El autor de La Realidad y el Deseo conoció a Paz cuando este, recién casado con Elena Garro, asistía en Valencia al Congreso de Intelectuales Antifascistas en 1937. Luego se hicieron amigos y mantuvieron esa amistad hasta la muerte de Cernuda en 1963. Aunque coincidieron temporadas en México, los destinos diplomáticos de Paz hicieron que presumiblemente hubiera una nutrida relación epistolar.

¿Y por qué “presumiblemente”? Porque esas cartas permanecen inéditas. No fueron incluidas en el Epistolario de Cernuda que compiló James Valender por la sencilla razón de que Cernuda no guardaba la correspondencia recibida y de que Marie Jo Paz no le facilitó las que su marido había remitido al sevillano. No tuve más suerte cuando preparaba el segundo tomo de la biografía de este. Alojado durante un par de semanas en el hotel Genève de la Ciudad de México, donde se hospedara por primera vez Cernuda al llegar a aquel país, telefoneé dos veces a Marie Jo. Le expuse la razón de mi llamada, mi trabajo sobre Cernuda (recalqué claro, la estima que este siempre tuvo por Paz, que ella me corroboró y declaró recíproca).

Dije que me gustaría visitarla, pero me respondió que acababa de llegar de viaje y no se encontraba bien. Que volviera a llamarla al cabo de unos días. Me mostré zalamero en la medida que puede ser alguien tímido y más bien verso de arte menor en lo que hace a las habilidades sociales. Y recordé en mi fuero interno al protagonista de la novelita de Henry James Los papeles de Aspern, que viaja a Venecia para hacerse con los papeles de un escritor admirado en posesión de sus herederas. Me dio tiempo de entrevistar en el ínterin a Paloma Altolaguirre y a Salvador Alighieri (el amor mexicano de Cernuda e inspirador de “Poemas para un cuerpo”), quien me dijo, cuando quise sonsacarlo, que las cartas que le había mandado el poeta se perdieron al derrumbarse el edificio en que él vivía en la colonia Roma cuando el terrible terremoto de 1985. Cuando hablé de nuevo con la viuda de Paz, volvió a darme amables largas; mi avión, sin embargo, salió puntual dos días después. Ese epistolario debe encontrarse, no sé en qué estado, junto a muchas otros de importantes escritores y personalidades de la cultura.

Edición de 'El laberinto de la soledad', el gran ensayo de Octavio Paz sobre MéxicoQuienes la conocían afirman que todo el archivo lo tenía empaquetado. Apenas veía amigos, solo a Héctor Vasconcelos, Gabriel Zaid y a Danubio Torres Fierro. Vasconcelos ha declarado a La Jornada que “el poeta hacía varias copias de sus cartas. Gracias a ello Marie José pudo publicar varios tomos de la correspondencia del poeta con escritores como Alfonso Reyes, Tomás Segovia y, recientemente, con Jaime García Terrés”. Y con José Luis Martínez, hay que añadir.

También precisó Vasconcelos que el abogado que durante años llevó a Marie Jo sus asuntos ha fallecido también hace poco, por lo que ahora es su suplente el que debe revisar la situación. Quizá pueda echar una mano el notario Ángel Gilberto Adame, perteneciente al círculo de pacianos de Letras Libres y que ya publicó una importante colección de documentos del Nobel localizados en archivos y registros públicos. Adame ya ha hecho recientemente gestiones para preservar uno de los inmuebles que perteneció a la pareja.

El asunto de la herencia de Paz pone una vez más sobre la mesa la necesidad de preservar los legados de los escritores: en Francia se conservan en una abadía normanda, y en España la nueva directora General del Libro, Olvido García Valdés, ha declarado recientemente por parte su voluntad de prestar especial atención a esta riqueza. Octavio y Marie Jo, el hombre y la mujer protagonistas de esta historia, se conocieron en Delhi en 1962, y se casaron en la residencia del embajador de México, puesto que ocupaba Paz, en esa ciudad caótica, contaminada y con restos de belleza, como la capital azteca, en 1966. En 2019, la India será el país invitado de honor en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Ojalá para entonces, como ofrenda a aquel amor que surgió en la India, inspiradora de tantas páginas suyas, se hayan puesto a salvo y a disposición de los estudiosos las fotografías, los borradores, los cuadernos del gran escritor mexicano.