Menú Buscar
Once momentos estelares del fútbol como hecho cultural /DANIEL ROSELL

Once momentos estelares del fútbol como hecho cultural

Un paseo en primera persona por las ambivalentes relaciones entre el mundo futbolístico y cultural de la mano de algunos de sus más excelsos protagonistas

19 min

Previa. De pequeño me encantaba jugar y hablar de fútbol. Me dormía cada noche al arrullo de Supergarcía y José Ramón de la Morena. Leía todos los periódicos deportivos como si fueran los evangelios sinópticos. Al entrar en la universidad empecé a darme cuenta de la mala fama que arrastraba el deporte rey y ocultaba mi filiación balompédica dentro del armario. Interioricé todos los prejuicios: uno no podía escandir un verso de Dante a la vez que atender los últimos vaivenes del mercato estival; la bufanda de tu equipo era radicalmente diferente del foulard gauchedivinesco. Con el tiempo he descubierto no solo que ambos mundos son compatibles, sino que se retroalimentan con fruición simbiótica. Esto que sigue a continuación son once golazos que demuestran cómo ambos mundos convergen. Que la academia y cancha se confunden. Y que se puede interpretar El chiringuito de jugones bajo los principios del situacionismo .

1. El partido de fútbol más cultural de la historia fue el que se celebró en un abarrotado estadio olímpico de Munich a principios de los 80. En él se enfrentaron las selecciones de Alemania y Grecia. Los alemanes salieron con Leibniz, Kant, Hegel, Schopenauer, Schelling, Beckenbauer --una pequeña sorpresa en el once inicial--, Jaspers, Schlegel, Wittgenstein (cedido por Austria), Nietzsche y Heidegger. Los griegos presentaron un once más clásico: Platón, Epicteto, Aristóteles, Sófocles, Empédocles, Plotino, Epicuro, Heráclito, Demócrito y Arquímedes. El conjunto arbitral, claro, estaba capitaneado por Confucio y le secundaron en las bandas Santo Tomás de Aquino y San Agustín

Durante la primera parte los filósofos deambulan por la cancha sin tomar en cuenta el balón, cada uno desarrollando su propia teoría. Esa imagen, el desprecio del balón por parte de los pensadores, no es mala metáfora sobre la distancia histórica que se abre entre el mundo de la cultura y el del fútbol. El empate a cero siguió hasta que un revolucionario Arquímedes proclamó “Eureka” y decidió tomar posesión de la pelota y pasársela a Sócrates para que este marcara poco antes del final. El partido lo idearon los Monty Python para su show del circo ambulante y sabemos que es ficción, más que por las improbables alineaciones, porque Alemania perdió. El primero de los aforismos de esta pequeña antología se lo debemos al delantero centro inglés Gary Lineker: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once, y en el que siempre gana Alemania”. 

2. Mucho se ha especulado sobre el momento mágico de la aparición del lenguaje humano. Poco o muy poco, en cambio, se ha escrito del momento primigenio de la invención del juego global del planeta; del nuevo esperanto; del aceite social que engrasa cualquier conversación; que amasa fortunas y monopoliza telediarios. Si Stanley Kubrick, convenientemente criogenizado, volviera a rodar la mejor elipsis de la historia del cine --aquella que resume la historia de la humanidad convirtiendo un arma hecha de hueso en una nave espacial a los sones de Strauss--, debería filmar a una australopiteca pegando una patada a un cráneo, cortar y seguir con el primer plano de un flamante balón Tango cruzando los confines del espacio. 

Las primeras sociedades neolíticas nacieron alrededor de los deltas fértiles de los grandes ríos mesopotámicos, en ese humus de barro y semilla encontramos el origen de nuestro alfabeto. Los primeros ancestros de nuestro fútbol los encontramos en las sociedades precolombinas y orientales. Ambas culturas sostenían que la pelota simbolizaba el Sol. El poeta chino Li Yu, ensaya estos versos cien años antes de nuestra era: “La pelota es redonda / el campo de juego cuadrado / igual que el cielo y la tierra / La pelota vuela sobre nosotros como el sol / mientras que los dos equipos se enfrentan”. En el Kemari, el antepasado futbolístico elaborado en el Japón, los jugadores bendicen el balón y hacen una ofrenda por la paz mundial antes de empezar el juego. 

Cartel de la película 2001, una Odisea en el Espacio

Cartel de la película 2001, una Odisea en el Espacio de Stanley Kubrick

3. El fútbol moderno nace, como otros grandes descubrimientos, en una taberna de las Islas Británicas por culpa de una trifulca. El 26 de octubre de 1863, en la Freemasons Arms Tavern de Londres, los jugadores pioneros no lograron ponerse de acuerdo a la hora de unificar los criterios para establecer unas normas para el juego. Unos quieren que siga permitiéndose tocar la pelota con la mano y placar a los jugadores rivales. Los otros no. Esa misma tarde, clave para la historia del deporte, los hasta entonces inseparables gemelos siameses --fútbol y rugby-- finalmente se separan. Y el resto es historia, el fútbol crece alrededor de los puertos y los ferrocarriles, al ritmo de la revolución industrial y la nueva jornada laboral que permitía hacer fiesta los sábados por la tarde.

La buena nueva se expande a bordo de barcos mercantes y marineros repeinados. Los barcos llevan a ultramar los primeros jugadores sin saberlo, como llevaron los discos de extraperlo durante la dictadura después, lento internet interoceánico, y los clubes empiezan a aparecer en las ciudades con puerto. Los primeros campeones de fútbol son países con una gran conexión con el Mar. El Uruguay emblemático de los primeros mundiales que explica Eduardo Galeano en El fútbol a sol y a sombra, encadena éxitos. Pero el fútbol parece poder prescindir de historia escrita, descree de los éxitos en otras disciplinas --los intentos de los grandes clubes por crear una ficción que les diera créditos han acabado en desastre--, tal vez porque todavía es puro presente. No necesita leyenda petrificada porque el mito sigue en formación y, como todas las grandes epopeyas que en el mundo han sido, se sustenta inicialmente en una historia oral, hecha de memoria e infancia, de héroes y emoción. 

4. Si la literatura es imposible sin el comercio entre texto y lector, el fútbol tampoco es solo pelota y equipos. Efectivamente los británicos inventaron una parte, pero  los romanos dieron mucho antes con la otra necesaria: los hinchas y el estadio. Que otros se enorgullezcan de los partidos que han jugado, el hincha se siente honrado por los partidos en los que ha animado. El campo late en una sola diástole. Crujen las gradas. Y el orgullo del hincha ecléctico --¿será eso posible?-- vibra igual con aquel gol del casi retirado Roger Milla con la selección del Camerún en Italia 90 que llora con la nariz todavía no ensangrentada de Luis Enrique buscando el codo de Tassotti en un destino fatal. Mis alumnos, cuando leemos la Ilíada y la Odisea en clase, me preguntan quiénes son los buenos. Algo así pasa en el Mundial cuando los fervores nacionalistas desaparecen. Elegir un equipo es elegir una estética. Una ética. No es lo mismo seguir a Bilardo que a Bielsa, a Del Bosque o a Low. Hinchar por Brasil que por Alemania. A Héctor o a Paris. Borges dice que la única literatura verdadera es aquella que consigue el cambio físico en la piel del lector. ¿Será el verdadero fútbol aquel que logra cambiar las ideas profundas de los hinchas?

5. El mundo del fútbol es fértil en analogías homéricas. Cristiano se parece a Aquiles --es huérfano de padre, su madre es hiperprotectora, nació en una isla, cae fácilmente en la Hybris--, y Messi es Ulises, fecundo en ardides, el más listo de todos, de aquí a una década volverá a su patria. Ambos, como los grandes profetas de la antiguedad, también son ágrafos. O tal vez no y, de aquí unos siglos, cuando las tesis doctorales se dediquen a descifrar su garabateo sobre lo campos, su caligrafía fugaz y efímera, como un mandala de tierra sobre una montaña tibetana y crean entrever en esos garabateos la escritura de algún dios. Ante el silencio del elegido, el pueblo se inventa su voz. La última semana las redes sociales se han llenado de declaraciones falsas del argentino alzando la voz contra los desmanes del ejército israelí sobre el pueblo Palestino. Lionel, claro, en la mundana realidad, no ha abierto la boca.

Brad Pitt haciendo de Aquiles

El actor Brad Pitt haciendo de Aquiles

6. La relación entre el mundo de la cultura y y el del fútbol siempre ha sido problemática. Galeano se autopreguntaba “¿En qué se parece el futbol a Dios?”, a lo que él mismo contestaba: “En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.”  Borges, nuestro intelectual de referencia, descreía de la bondad del balompié y declaraba ante los medios de comunicación poco antes de la celebración del Mundial de Argentina, polémico porque la dictadura militar torturaba y hacía desaparecer los cadáveres sobre el Río de la Plata: “Yo no entiendo cómo se hizo tan popular el fútbol. Un deporte innoble, agresivo, desagradable y meramente comercial. Además es un juego convencional, meramente convencional, que interesa menos como deporte que como generador de fanatismo. Lo único que interesa es el resultado final; yo creo que nadie disfruta con el juego en sí, que también es estéticamente horrible, horrible y zonzo. Son creo que once jugadores que corren detrás de una pelota para tratar de meterla en un arco. Algo absurdo, pueril, y esa calamidad, esta estupidez, apasiona a la gente. A mí me parece ridículo”.

Bueno, no debemos olvidar que el bueno de Georgie era ciego. Su compañero de dupla en la delantera de la excelencia literaria (la doble B mayúscula), en la selección de escritores en castellano All-Stars, Roberto Bolaño, declaraba su amor por los equipos débiles que iban cayendo de categoría en categoría hasta finalmente desparecer. Uno de sus cuentos es Buba, incluido en el libro Putas Asesinas, donde siguiendo las vicisitudes de un futbolista recién llegado a Barcelona, incide en la importancia del esoterismo en los rituales futboleros. Bolaño djo una vez: “A mí siempre me pareció más interesante marcar un autogol que un gol. Un gol, salvo si uno se llama Pelé o Didí o Garrincha, es algo eminentemente vulgar y muy descortés con el arquero contrario, a quien no conoces y que no te ha hecho nada, mientras que un autogol es un gesto de independencia. Aclaras, ante tus compañeros y ante el público, que tu juego es otro”.

7. Por estos lares tal vez fue Ortega y Gasset el primero en percatarse de la importancia filosófica que iba a tener el fútbol en el futuro. También Lázaro Carreter escribió sesudas páginas al respecto y Rafael Alberti, tras ver la final épica del Barcelona contra la Real Sociedad, escribió estos versos al portero húngaro del Barcelona: “Ni el mar, / que frente a ti saltaba sin poder defenderte. / Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía. / Ni el mar, ni el viento, Platko, / rubio Platko de sangre, / guardameta en el polvo, / pararrayos”.

8. Algo empieza a cambiar por allá los años 90. El fútbol empieza a sentirse como algo deseable por el mundo cultural. La ley Bosman convierte a los equipos en babeles cosmopolitas y el planeta entero empieza a enamorarse de este deporte. De esos años habla Enrique Vila-Matas en algunos de sus artículos. Escribe sobre sus encuentros con Miguel Pardeza --exjugador del Zaragoza, exquinto beatle de la quinta del Buitre, autor de Torneo publicado por la editorial Malpaso-- y Pep Guardiola. La influencia del de Santpedor hacían aumentar las ventas de cualquier libro que sacara a la rueda de prensa, ríete tú de Ophra. Le leyenda dice que salió un poco tarde a la final de Wembley porque en el vestuario estaba acabando de leer la novela Bella del Señor de Albert Cohen.

Por esa época también aparecen Jorge Valdano y Ángel Capa como entrenadores de primera división. Algunas de sus ruedas de prensa eran manifiestamente más espectaculares que el juego que realizaban sus equipos. El periodismo deportivo de calidad se lleva de firmas literarias. Las maravillosas crónicas de John Carlin, Juan Villoro o Martín Caparrós. Los textos de Sergi Pàmies y Enric González. Ya en el siglo XXI, siguiendo la estela de ese periodismo, aparecen revistas maravillosas de fútbol con calidad como Panenka, Orsai o Líbero. Los artículos publicados en esas revistas hacen pensar que, como pasa en otros ámbitos de lo artístico, el fútbol más interesante no es precisamente el más comercial.

Fotograma de 'Evasión o Victoria'

Pelé, en un fotograma de la película  Evasión o Victoria.

9. Tal vez la cita más famosa del mundo de fútbol sea la que Albert Camus --escritor y portero como su colega Vladimir Nabokov: oficios que comparten soledad--, declaró la cita de las citas, la que hermana el mundo del deporte y el de las letras, capaz de protagonizar el eslogan perfecto: “Lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”.

10. Sabemos que todo aficionado al fútbol lleva un seleccionador nacional parasitándole el alma. De la misma forma, todo futbolero letraherido tiene una lista de los mejores productos culturales al respecto, he convocado una lista caprichosa y maniquea, en ella se encuentran: Fiebre en las gradas, de Nick HornbyEvasión o victoria, la peli de John Houston con Pelé, Stallone y Michael CaineDios es redondo, de Juan VilloroHistorias del calcio, de Enric González; la canción de Serrat Kubala versionada por el grupo mallorquín Antònia Font, y los cánticos orales de los equipos británicos --¿permitirán hacerlos patrimonio inmaterial de la humanidad en la Unesco?--. También incluiría los artículos Futbolistas que conocí, de Vila-Matas, y el maravilloso Fútbol y Literatura, de Santiago Gamboa, donde compara a cuatro entrenadores con otros tantos escritores: Ancelotti es Vargas Llosa, Mourinho el vitriólico Fernando Vallejo, Guardiola Vila-Matas, y Simeone un cruce entre Roberto Arlt y Juan Rulfo.

11. Para acabar este recorrido, ¡rápido que el Mundial está en marcha!, damos la palabra al intelectual entrenador por antonomasia, César Luis Menotti, entrenador, vividor y juglar. Una vez ideó este resumen maravilloso de la esencia del fútbol y de la vida --que después utilizó David Carabén para titular uno de los mejores discos de su grupo Mishima--, alfa y omega, ying y yang, popular y elitista a la vez: "Alguna vez Borges dijo que la literatura era orden y aventura. Y el fútbol es lo mismo. Me parece que hay demasiada preocupación por el orden y poca capacidad para la aventura. Y hablo no sólo de aventuras individuales, sino también de aventuras colectivas".