Dani Álvarez se enfrenta al mundo con camisas de colores

Carlos Robles glosa el estilo único del incalificable grupo musical Becerrito

13.10.2017 00:00 h.
7 min
Dani Álvarez se enfrenta al mundo con camisas de colores

Los planes se nos solapan este jueves magullado. El escritor mexicano Juan Villoro viene a hablar del nuevo número de la revista Altaïr, un especial sobre Roberto Bolaño y el desierto de Sonora que tiene una pinta formidable. Como dice Jordi Carrión, "Barcelona se nos vuelve más latinoamericana cuando Villoro anda en la ciudad". Tal vez por eso, a la misma hora, la revista de fotos y relatos musicales Qualsevol nit celebraba su primer aniversario con una exposición de fotos y el concierto del grupo Becerrito en el cervecería artesana Barna Brew, en la calle Parlament. El trío mezcla la canción latinoamericana y el jazz, lo antiguo y la vanguardia, y no se nos ocurre mejor bálsamo para estos días difíciles que dejarnos mecer por su arrullo.

De camino para el concierto, todavía en la estación de tren, un turista argentino pregunta a la revisora: "¿Cómo puedo llegar de Cataluña a España?". Ella contesta: "Mediante la línea 1 de metro, la roja".

He quedado con Xavi Rodríguez, barcelonés de nacimiento y poeta parnasiano vocacional, para pasearnos un poco en la previa. Hasta que llega, hago tiempo en la librería del FNAC y descubro que la literatura digamos literaria ya no es más --ni menos-- que otra sección entre las guías de viaje y la autoayuda. Situada lejos de la entrada. Bastante oculta. El product placement explica más sobre tendencias lectoras que siete ensayos de Roland Barthes.

Hace unos meses Xavi escribió: "Bajo cielo, / y un viento / que llega desde el mar / y que acaricia / como un guante / las banderas, / viejos calcetines / mojados / de las patrias de ayer". De camino a Sant Antoni, que es donde se realiza el concierto, vemos más calcetines mojados que nunca. De todas clases y condición. Me temo que la epidemia se extiende por doquier. Se me ocurre que tal vez, cuando las golpeas, a las ciudades, aparte de heridas y ojos perdidos, les nazcan más banderas. Como cardenales vexilográficos. Xavi dice: "Tranquilo, lo vamos a arreglar".

Estilo único

Dani Álvarez --cantante de Becerrito y Venancio y los Jóvenes de Antaño, fagotista zurdo, paredro ocasional, fotografazo y bon vivant-- lleva años enfrentándose al mundo con camisas de colores y metáforas de flores. Esta noche, lleva una brasileña con unos guacamayo policromos. Álvarez es uno de los mejores cantantes de Barcelona. Pero el gran público todavía no lo sabe. Una suerte de mezcla entre Gato Pérez, Albert Pla, Rubén Blades y Antonio Machín. En su garganta se han quedado a vivir unas caravanas de un campamento gitano que gasta un libre albedrío desatado, capaz de juntar a Sepultura con Bola de Nieve, a Chavela Vargas y Rick Astley. Por eso, sus discos son tan difíciles de clasificar: antologías en sí mismos, a saber: son cubano, boleros, canción sentimental de protesta, jazz, ranchera, punk, tango y jota mallorquina.

Vida en martes, de Venancio y los Jóvenes de Antaño, y Las simples cosas, de Dani Álvarez y Sergi Sirvent, son sus dos discos publicados hasta la fecha. Se encuentran fácil en Spotify y como decía Martín de Riquer a sus alumnos que todavía no habían leído el Quijote, cómo os envidio a los que podáis leerlo --escucharlos-- por primera vez. Después nos os quedará más remedio que fatigar las redes buscando sus conciertos en los lugares más recónditos y sugerentes.

Canciones como una patria

Antes de empezar, el camarero nos dice que nos acerquemos un poco más a la puerta de la cervecería. Que si no, les ponen multas terribles. Todo el mundo obedece. Alguien hace un comentario irónico sobre la curiosa desobediencia barcelonesa, capaz de vulnerar órdenes judiciales y a la vez hacer caso del barman amable. "Además, cómo no hacerlo, es clavadito a un joven Haydn", me dice Xavi.

Esta vez Becerrito viene en forma de dúo. Juan Pablo Balcázar al contrabajo acompaña la voz de Álvarez. El repertorio es una cinta de grandes éxitos en sí mismo. Pero parece que últimamente la música popular sólo pudiera consumirse con ruido y selfies de fondo.

Ya con el concierto avanzado, Álvarez se quita las gafas y alguien del público le dice que no verá nada. Yo creo que así puede mirar mejor hacia dentro y seguir rescatando joyas del cancionero general y dejarlas relucientes de contemporaneidad, haciendo de la limitación virtud, utilizando su esternón como percusión o silbando la melodía de Ayer pasé por tu casa cual gorrión sentimental, o cambiando ingeniosamente el Dos gardenias para ti por Dos cervezas de barril, capaces de competir con cualquier hit actual.

Casi al acabar el concierto, el escritor Juan Trejo me envía un mensaje desde lo de Altaïr y me dice que está Bruno Montané, el Felipe Müller de la novela Los detectives salvajes. Uno de nuestros "infrarrealistas" favoritos. Le digo que se lo traiga.

Entre la general dispersión y algarabía de fondo, Becerrito sigue desgranando sus canciones en lo alto de la noche. Un par de chicas, el fotógrafo, el poeta parnasiano y un tipo que escribe en un pequeño ordenador las escuchamos con devoción. Canciones que nos han hablado a todos. Canciones que se quedan mientras los días varían y se nos mudan los sentidos, ofrecidas para que las volvamos a entender. Como una patria.

¿Quiere hacer un comentario?