Menú Buscar
La mujer como deseo en un retrato del pintor Julio Romero de Torres de 1922

Traducir el deseo

La obra narrativa de la poeta irlandesa Nuala Ní Chonchúir, que explora las diferencias entre el desnudo y la desnudez, se traduce por primera vez al español

8 min

Entre los muchos escritores irlandeses de su generación, Nuala Ní Chonchúir (Dublín, 1970) es una de las más interesantes. Autora de cinco libros de poemas, tres colecciones de relatos y cuatro novelas, la más reciente de ellas es Becoming Belle (2018), ahora con su nombre real, Nuala O’Connor (la autora fue escolarizada en irlandés y se enamoró de la lengua, usando a partir de entonces la versión gaélica de su nombre). La novela anterior se tituló Miss Emily (2015), y trataba de Emily Dickinson a través de los ojos de una criada irlandesa.

La literatura irlandesa contemporánea puede hacer gala de un enorme número de autores de talento en todos los géneros y en ambos idiomas del país: irlandés e inglés. En lo que hace la poesía, y a la poesía en irlandés compuesta por mujeres, para ser más preciso, esta ha demostrado grandes logros, con nombres como Nuala Ní Dhomhnaill, Celia de Fréine, Ailbhe Ní Ghearbhuigh o Doireann Ní Ghríofa, entre muchos otros. Ní Chónchúir ha publicado un poemario bilingüe, Tatú/Tattoo que ha sido muy bien recibido. Ella misma tradujo sus poemas, lo cual no carece de sentido, pues se graduó en irlandés en el Trinity College de su ciudad y cuenta con una maestría en traductología de la Dublin City University. Ella prefiere hablar de versiones, y esto es lo que son, con cambios y toques delicados que procuran el equilibrio entre el significado y el ritmo.

Se puede inferir de lo anterior que el irlandés y la traducción son importantes para ella, pero la escritora ha de pagar las facturas, de modo que, salvo ese experimento, usa el inglés en sus libros. Su segundo volumen de relatos (Nude, 2009) ha sido traducido hace poco al español (Desnudo, KRK Editores, 2017). Es el primero de sus libros que aparece en nuestra lengua. El traductor es Máximo Aláez Corral; además de pintor, profesor de la Universidad de Oviedo. 

Nuala Ní Chonchúir, desnudo

La introducción es modélica, y pone su atención en las pinturas (hay montones de ellas en los cuentos), en la diferencia que hay entre un desnudo y la desnudez, así como en el alcohol y el sexo. También señala las numerosas alusiones literarias y artísticas que aparecen: Wilde, Picasso, Louis Le Brocquy, Frida Kahlo... La pintora mejicana, por cierto, aparecía en uno de los poemas de Ní Chonchúir: “Frida Kahlo Visits Ballinasloe” (The Juno Charm, 2011).

A la irlandesa la inspiran las obras de arte, mezcladas con el deseo y la frustración. En esa misma colección incluía el poema “A Cézanne Nude”, usando de nuevo la palabra que da título a este libro de hoy. Al principio, Ní Chonchúir cita a John Berger: “La desnudez es una forma de vestido” (Ways of Seeing). Pero Berger también indicó allí que “estar desvestido es ser uno mismo. Estar desnudo es que otros lo vean desvestido y no ser reconocido por uno mismo”. Traducir es, a su vez, despojar de su ropaje un texto y volverlo a vestir de modo que pueda ser reconocido por otros y ser de nuevo él mismo. 

Aláez Corral vierte muy bien la prosa de Ní Chonchúir. Hay, con todo, unos cuantos errores. Afirma en su introducción que la autora extrae de la poesía una especial “atención a la lengua y a la elección de palabas específicas”. Pero hay –ay– unas cuantas palabras que él mismo no ha elegido bien. En “Madonna Irlanda” y en “Pesca nocturna” usa whisky en lugar de whiskey, variante que sería más apropiada para mantener el sabor irlandés (¿o fue un corrector quien lo cambió durante el proceso de edición?). 

Nuala Ní ChonchúirPara ser justos, ha hecho lo posible para mantener el inglés coloquial hablado en Irlanda que muestran algunos de los diálogos. No era fácil salir airoso de la lengua de “Una princesa Amarna del Norte”, donde why I done it se convierte en el más plano y normal “por qué lo había hecho”; el hibernoinglés they says to me se vuelve en la traducción un insípido “me dicen”. I didn’t go to no art school se vierte en el impoluto castellano “no he ido a ninguna escuela de Arte”. Sin embargo, as it happens es en español el vivaz “ya ves tú”, como podría decirlo cualquier tipo de la calle.

En “Antes de perder la maleta, pero sobre todo después de haberla perdido” traduce “excitada” por excited, error frecuente (el verdadero sentido es “hacer ilusión”, “estar entusiasmado”, etc.). Finalmente, anxiety es traducido como “ansiedad” en otro relato, y no cual realmente es, “angustia” (como Harold Bloom estaría dispuesto a explicar usando su acuñación anxiety of influence, que no significa “deseo de influencia”, sino la angustia que esta provoca). Si los anteriores son matices, el único error grave del libro surge unas páginas más adelante cuando conductor se traduce como “conductor” (no pretendo hacer aquí un retruécano). En el contexto ferroviario, como es el caso, el conductor inglés es el “revisor” español.  

Hay una traducción divertida en “Xavier”, relato que se desarrolla en Barcelona. Habría que preguntarse cuántas pintas bebió el traductor en “The Ramblers” antes de traducir el nombre del pub como “Los Rambleros”. Siempre amigo de tomar una copa y de un buen juego de palabras, Flann O’Brien habría lanzado una carcajada. Realmente es divertido, porque una nota aclara: ““The Ramblers” en el original”. Es universalmente sabido que las Ramblas es el principal paseo de Barcelona. Pero Rambler, que no se refiere a eso, significa “excursionista”. Son, como se ve, muy pocas objeciones a una sólida y ajustada traducción.