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Sublime poesía fascista

Sublime poesía fascista

Dionisio Ridruejo reclutó a poetas de la zona sublevada (Manuel Machado, Panero, Foxá, Rosales, Pemán) para 'Los versos del combatiente', un libro extraño con los mejores versos del bando golpista

9 min

Es un libro extraño. Probablemente uno de los más singulares del siglo XX español. Al abrirlo todavía huelen sus poemas a pólvora. A fuego. Y a trinchera. También a camaradería, pues parece escrito directamente para el soldado: "Yo seré para tus ojos / como la nieve de blanca, / alegre como el recuerdo, / firme como la esperanza...". Son Los versos del combatiente de José R. Camacho, sargento de morteros, publicado en Bilbao en diciembre de 1938 por Ediciones Arriba.

Porque la Guerra Civil fue, sin duda, una guerra de poetas. Y esas páginas fueron la respuesta de los sublevados a la potente poesía bélica del bando republicano: Miguel Hernández, Alberti... "Es de lo mejor que se escribió en esa zona durante la Guerra Civil", señala Andrés Trapiello en Las armas y las letras (Destino). "Tiene espíritu popular y calidad literaria. Es, por tanto, el único intento logrado de poesía de guerra en el bando nacional", recalca el poeta Manuel García, quien aporta nuevos datos sobre el libro en el nuevo número de la revista Entorno Literario, de próxima aparición.

Detrás del proyecto está Dionisio Ridruejo, por entonces, director general de Propaganda de los golpistas. En línea con la poesía que se difundía en la España sublevada, él concibe un libro para la lectura de la tropa, donde predominan "los poemas sencillos, sin retórica y sin grandes dosis de sectarismo, apuntando más al corazón", destaca García en su estudio para Entorno Literario. Sería, por tanto, “una obra de acompañamiento”, según la definición acuñada por Jorge Urrutia en la antología Poesía de la Guerra Civil española (Fundación José Manuel Lara).

Adoctrinamiento poético

Con esa finalidad, Ridruejo --quien, con los años, abominaría del franquismo-- reúne a los mejores escritores de la zona nacional. Así lo contó Luis Rosales en un artículo publicado en Abc el 21 de julio de 1981 a raíz de la muerte de Pemán: "Hicimos un libro juntos; se llamaba Los versos del combatiente y estaba firmado en cubierta por José R. Camacho, sargento de morteros. Era una forma de adoctrinamiento poético, y en él intervinimos los poetas que estábamos en Burgos: Manuel Machado, José María Pemán, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y yo".

Los versos del combatiente es, por tanto, un libro colectivo de 39 poemas, en el que ninguno de los autores pone su firma. Todos optan por permanecer en el anonimato y fundirse --acaso por cercanía con el destinatario del libro: el soldado-- en un único nombre: el oficial José R. Camacho, tal como aparece en la cubierta pero no en la portada interior. En una pirueta más, este autor ficticio ha sido identificado por Miguel D’Ors con uno de los hermanos de Luis Rosales, quien llegó a ser sargento de morteros dentro de una bandera de la Falange.

Se trata de José Rosales Camacho (1911-1978), conocido en Granada con el apodo de Pepiniqui, quien tuvo un papel destacado en la cascada de infortunios y venganzas que acabó con el asesinato de Lorca. Diversas fuentes coinciden que, al poco de salir detenido el poeta de la casa familiar, José Rosales, uno de los hombres fuertes de  Falange en Granada, exigió su puesta en libertad al gobernador civil, el comandante José Valdés, amenazándolo con una pistola. Al parecer, este hecho pudo condicionar la rápida ejecución del autor del Romancero gitano.

Manuel Machado

Los versos del combatiente, que avanza en fechas otras destacadas publicaciones del bando nacional como la Antología poética del Alzamiento y Lira bélica, ambas de 1939, se abre con una Dedicatoria al Caudillo escrita en romance. "Capitán: Estas canciones / que en pos de tu gloria van, / ni aplauso ni premio piden, / les basta oírse cantar / por los soldados de España...", se lee en estos versos donde es posible descubrir la huella de Manuel Machado, a quien la guerra le sorprendió en Burgos.  

El episodio es conocido. Machado y su mujer, Eulalia Cáceres, se desplazaron a la ciudad castellana para festejar, como cada año, el santo de su cuñada Carmen, religiosa de las Esclavas del Sagrado Corazón. Al parecer, el regreso lo tenían previsto para el día 17, pero un retraso accidental de Manuel, que se demoró más de lo normal en la toilette, hizo que perdieran el tren. El matrimonio llegó a la estación con 25 minutos de retraso. Al día siguiente, con el estallido de la guerra, se anularon todas las vías de comunicación con Madrid, donde el poeta --entonces, con 62 años cumplidos-- dirigía el Archivo Municipal.

En un gesto que tiempo después reveló su imprudencia, Manuel Machado se burló aquellos días de la sublevación militar en una entrevista para la revista francesa Comoedia. Allí lamentó verse obligado a permanecer en Burgos: "Esto podría durar, como duró la guerra carlista, siete años". Las declaraciones --una trivialidad, apenas-- causaron un enorme revuelo. El poeta, tachado de "lírico burócrata", fue acusado de acoger con tibieza el golpe. Por tal motivo, ingresó en prisión --del 29 de septiembre al 1 de octubre--. "A partir de entonces, hizo todo lo posible para proveerse de un pasado nacionalista", expone Miguel D’Ors en Estudios sobre Manuel Machado (Renacimiento).

Poesía popular y anónima

En Los versos del combatiente hay otro poema de autor conocido: José Antonio, elegía dedicada al fundador de Falange Española que Luis Rosales incluyó en primer tomo de sus Obras completas (Trotta): "Para cumplir con la muerte / silenciosos. / ¡Acuérdate de nosotros!. / Para hacer que la victoria / sea de todos. / ¡Acuérdate de nosotros!". Muy posiblemente, el autor de La casa encendida también está detrás de poemas que mencionan lugares granadinos, como el titulado Murió tan cerca del cielo: "Murió sobre el Veleta, / cerca del cielo, / con la nieve y el aire / por compañeros...".  

Formalmente, el resto de los poemas se suman a ese esfuerzo por hacer poesía popular y anónima, con predominio de las formas orales: romances, coplas, soleares, seguidillas, canciones de amigo... "Parece evidente que Los versos del combatiente está hecho para competir con los romances populares que se estaban haciendo en el bando enemigo como forma propagandística y para subir la moral de la tropa", concluye el poeta Manuel García. "De estas canciones / nunca el autor se sabrá, / son de nadie y son de todos / los que la quieran cantar...".