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Sophia de Mello, el Egeo en Portugal

Sophia de Mello Breyner Andresen

La excelente obra de la poeta lusa oscila entre la preocupación patriótica por la identidad portuguesa y el paganismo vitalista de la antigua Grecia

05.11.2018 00:00 h.
7 min

Portugal ha dado grandes nombres en la poesía durante el siglo XX, pero sucede que el nombre de Pessoa los eclipsa a todos, como ocurre con el de Yeats en Irlanda. Con todo, entre los mejores poetas portugueses de esa centuria que dio por ejemplo a un Mário de Sá Carneiro o un Eugénio de Andrade, un Jorge de Sena o un Nuno Júdice, se cuenta Sophia de Mello Breyner Andresen, autora de quince poemarios y, paralelamente a ellos, obras de literatura infantil, cuentos, piezas de teatro y traducciones literarias. 

Sophia de Mello estudió Filología Clásica en la Universidad de Coimbra, aunque no llegó a completar sus estudios, y publicó su primer libro en 1944: Poesía. Tres años después vendría Día de mar, libro de aguas azules y figuras míticas, que mantienen su presencia en entregas posteriores: habla en ellos de Eurídice o de los amores de Antonio y Cleopatra. Un breve poema sobre estos es digno de Shakespeare o de Cavafis, y representa en esa pareja de la Antigüedad el universal amor trasladable a cualesquiera dos en no importa qué lugar o tiempo: Pelas tuas mãos medi o mundo / E na balança pura dos teus ombros / Pesei o ouro do Sol e a palidez da Lua (“Por tus manos medí el mundo / y en la balanza pura de tus ojos / pesé el oro del Sol y la palidez de la Luna”). Su poesía va evolucionando, conforme también avanza su hartazgo hacia la dictadura de Salazar.

Sophia de Mello Breyner Andresen 2

La preocupación patriótica la persiguió: Portugal tão cansado de morrer / Ininterruptamente e devagar / Enquanto o vento vivo vem do mar (“Portugal tan cansado de morir / ininterrumpidamente y despacio / mientras el viento vivo del mar viene”). Y en Libro sexto (1962) escribió: Meu canto se renova / E recomeço a busca / Dum país liberto / Duma vida limpa / E dum tempo justo (“Mi canto se renueva / y recomienzo la búsqueda / de un país liberado / de una vida limpia / y de un tiempo justo”). 

La poeta apoyó la Revolución de los Claveles, escribió sobre aquellos hechos y esperanzas y luego llegó a ser diputada socialista en el parlamento que redactó la actual Constitución. Años después obtuvo el más prestigioso premio portugués, el Camões, en 1999 (siendo la primera mujer en recibirlo), y en 2003 la Universidad de Salamanca le otorgó el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. 

Sophia de Mello visitó Grecia en 1963, 1970 y 1988, y la geografía griega está presente en su obra: Epidauro, el cabo Sunión, Delfos con su auriga, la encantadora isla de Hidra, la de Creta con recuerdos del Minotauro. Aurora Luque está en su estela. De educación católica, no pudo evitar el paganismo vitalista de Grecia, como deja patente en “Exilio”: Exilámos os deuses e fomos / exiliados da nossa inteireza (“Desterramos a los dioses y fuimos / desterrados de nuestra integridad”). Además de sobre el mar de Grecia, escribió acerca de los marinos y descubridores portugueses, y acuñó un verso extraordinario: Navegavam sem o mapa que faziam, (“Navegaban sin el mapa que hacían ellos”), en Navegações, 1982.

Pero abordó otros temas, todos desde la belleza, la precisión imprevista, el milagro de un verso muy melodioso, en general endecasílabo, y en poemas a menudo breves que recuerdan por la intensa concisión de su belleza a los de la malagueña María Victoria Atencia. Por ejemplo, el amor: É o teu rosto ainda que eu procuro / Através do terror e da distancia / Para a reconstrução de un mundo puro (“Es tu rostro aún el que yo busco / a través del terror y la distancia / para la reconstrucción de un mundo puro”). En la “Meditación del Duque de Gandía sobre la muerte de Isabel de Portugal”, este verso elegíaco difícilmente superable: E nem sequer me resta a tua ausência (“Y ni siquiera me queda tu ausencia”).

Tiempo terrestreDeja un poso de la mejor poesía en el lector, con sílabas rotundas: Tudo cuanto acontece é solitario (“Todo cuanto acontece es solitario”). Hable de lo que hable, su poesía es casi siempre memorable, con la expresión turbadora de quien acierta con las palabras. Así, esta preocupación sobre Cronos: Caminho nos caminhos onde o tempo / Como un monstruo a si próprio se devora (“Camino por caminos donde el tiempo / como un monstruo a sí mismo se devora”). O en su “Homenaje a Ricardo Reis”: Cada dia te é dado uma só vez / E no redondo círculo da noite / Não existe piedade / Para aquele que hesita (“Cada día se te da una sola vez / y en el redondo orbe de la noche / no existe piedad / para quien duda”).

Sin contar el vascuence o el catalán, en España, la han traducido Ángel Crespo, Pilar Vázquez Cuesta, Jacobo Sanz Hermida, Ángel Campos Pámpano y Carlos Clementson, pero también ha sido puesta en nuestro idioma por Miguel Ángel Flores (Marinero sin mar y otros poemas, Libros del Laberinto, México, 2004), Rodolfo Alonso (Un día blanco y otros poemas, Córdoba, Argentina, 2017) y Diana Bellessi (Desnuda y aguda la dulzura de la vida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2002). Fondo de Cultura Económica acaba de publicar en su filial de Colombia la antología Tiempo terrestre, a cargo de Paula Abramo.

Sophia de Mello nació en 1919. El año próximo se celebrará su primer centenario.

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