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Amy Adams (c) y Patricia Clarkson (d), en una escena de Sharp objects: una exasperante lentitud

Una exasperante lentitud

La serie 'Sharp objects' es una de las pocas páginas negras de HBO: da, como mucho, para un largometraje de 90 minutos, pero no para ocho capítulos

4 min

Uno no suele escribir sobre series que no le han gustado, pero a veces hay que hacer una excepción. Sobre todo, cuando la serie en cuestión ha sido lanzada a bombo y platillo y presentada como lo más interesante que se puede ver en esos momentos. Es el caso de Heridas abiertas (Sharp objects), que HBO ha colgado con un orgullo que no se corresponde con los resultados. Sobre el papel, la cosa prometía: una adaptación de una novela de Gillian Flynn -la escritora norteamericana que triunfó a nivel mundial con Desaparecida (Gone), un thriller magnífico que fue llevado al cine por David Fincher de manera francamente decepcionante—, dos actrices magníficas en el reparto -Amy Adams y Patricia Clarkson— y un director de cierto prestigio, el canadiense Jean-Marc Vallée, que a mí siempre me ha parecido un tanto artificioso.

Empecé a ver la serie con cierta ilusión, pero no tardé mucho en empezar a aburrirme. Tengo la impresión de que Sharp objects daba para un largometraje de noventa minutos, pero no para una serie de ocho episodios. Tras el cuarto, lo confieso, me rendí, abandoné. Llevaba desde el primero esperando a que pasara algo, a que la trama se desarrollara a un ritmo menos letárgico, pero la cosa no mejoraba y se imponía el aburrimiento. Con la cantidad de series que hay por ver, engancharme a Heridas abiertas me estaba pareciendo una pérdida de tiempo.

La historia consiste en el regreso a su pueblo natal, desde Kansas City, de una periodista enviada por el director de su diario para investigar los recientes asesinatos de dos chicas adolescentes. La periodista (Amy Adams) es una mujer atormentada que bebe más de la cuenta y se automutila con una cuchilla. Su madre (Patricia Clarkson) perdió a su otra hija por una enfermedad y, desde entonces, no parece estar del todo en sus cabales. La periodista investiga -poco y muy lentamente— mientras su madre ejerce de arpía neurótica a tiempo completo.

Aparece un policía que colabora con la periodista. El segundo marido de la madre se pasa la vida escuchando vinilos en un tocadiscos carísimo y apunta maneras de calzonazos. La hija de ambos, hermanastra de la periodista, es una adolescente no tan atormentada como ésta, pero casi. En los cuatro primeros episodios, la trama policial se va deshilachando y la cosa se convierte en un estudio sobre la infelicidad en una familia de pueblo. Todo transcurre con una lentitud exasperante, si es que no pasa nada de nada. La realización sincopada y moderniqui del señor Vallée no contribuye precisamente a captar el interés del espectador. Como si el material original no diese más de sí, se estira como un chicle lo que hay, que tampoco llama excesivamente la atención.

Creo que Heridas abiertas puede ser considerada la serie más ladrillo de este verano. Te tragas unos episodios hasta que te preguntas para qué la estás siguiendo. Me temo que estamos ante una de las pocas páginas negras de HBO, cuya oferta general es muy recomendable. No sé quién dio luz verde al proyecto, pero creo que deberían despedirlo por el bien de la empresa.