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El escritor Sergio del Molino

Lugares fuera de sitio

Los territorios se construyen y se inventan. El último libro de Sergio del Molino consigue deconstruirlos viajando por territorios que son frontera

06.02.2019 00:00 h.
7 min

Vuelve Sergio del Molino a escribir sobre los lugares. Lugares que pisa, lugares que hablan y lugares que adquieren visibilidad con su narrativa; porque hay historias, la historia que falta y queda por contar, que solo surgen de la experiencia que devuelve el lugar o, lo que es lo mismo, el testimonio que genera. La topofilia contemporánea, podría llamarse. En Lugares fuera de sitio, su último libro, ganador del Premio Ensayo de Espasa 2018, recorre territorios-frontera situados en los confines de los mapas: Gibraltar, Melilla, Olivenza, Andorra, El Condado de Treviño, etc. “Una España que existe y no se ha representado”, donde “las contradicciones y dilemas quedan al descubierto y obligan a pensar en la condición humana”, cuyas lecturas no son “resistencias de la tradición, sino […] concesiones al progreso”. 

Necesita el libro una lectura pausada que resulta apasionante, con una fascinación igual a la que el escritor confiesa que le provocan los lugares fuera de sitio. Del Molino tiene una honestidad a tener en cuenta. Incluye una bibliografía que puede leerse como una fe de lecturas, señala desde la introducción lo que sale a buscar, desde dónde se sitúa para escribir y cómo conoce los prejuicios de los lugares, los cuales intenta suspender.

Afirma tener la voz del viajero-cronista, que yo llamaría mejor, viajante. La de quien recorre la geografía de pueblo en pueblo por trabajo y hace del desplazamiento el sujeto de la acción. En la conclusión afirma que es un intruso, imagen certerísima con la que un día Neal Ascherson, autor de El mar negro, uno de los grandes libros de viaje del siglo XX, también se definió, resumiendo uno de los grandes objetos de los desplazamientos últimos: viajar ética y responsablemente. 

Ceuta, braun hogenberg

Grabado de Braun & Hogenberg de la ciudad de Ceuta (1577).

El libro va generando un vocabulario o glosario que permite recorrer la mirada y la voz que definen los lugares fuera de sitio: frontera, hinterland, esquina, límite, confín, ausencias… además de un léxico moliniano; cosmopaletismo (desprecio de las capitales por las provincias) o machez (actitud de los españoles respecto de Portugal, término heredado de Luis Carandell), acompañado además del humor e ingenio acostumbrado del escritor.  

Del Molino juega en los títulos de las dos partes del libro con el género de viajes: “Esto no es un libro de viajes”, “Esto se parece a un libro de viajes”. La descripción es el eje vertebrador del relato de viaje y equivale a la acción en la novela. En su libro, la historia cumple la función de la descripción. Del Molino viaja al lugar y el desplazamiento la valida. A partir de su visita, puede ser (aún más) crítico con lo escrito y representado hasta entonces.

La historia son sus gentes y los lugares se leen a partir de ellas. Abd el Krim (padre e hijo), Melilla; Mohamed Mustafá Madani, Ceuta; Javier de Burgos, las provincias; Santiago Ramón y Cajal, Petilla de Aragón, etc.  Figuras que ya en su elección hablan de la mirada que proyecta el escritor (uno de sus grandes aciertos) en los lugares y devuelve los detalles de la historia y la intrahistoria. Una mirada que selecciona, compila, es un hecho literario y fragua un ensayo que se valida gracias al viaje. Porque solo lo visitado se convierte en literatura. De allí que los momentos más logrados e intensos del libro sean cuando introduce la historia de los lugares, que se convierte en testimonio al pisarse.

Lugares fuera de sitio, Sergio del Molino

Los territorios se construyen y se inventan. Del Molino consigue deconstruirlos viajando y narrándolos. La construcción territorial, tanto de Europa como de España, se ha hecho a golpe de acontecimientos. Si se cuentan, es decir, cuándo y cómo se fijan, se descubre su artificio y pueden modificarse. 

Momentos brillantes hay muchos, pero destacan dos. El primero, los capítulos dedicados a Ceuta o Melilla, esta última “una teoría del la guerra civil. Toda la tragedia de España, en cuya estela nos zarandeamos, empezó aquí”. Del Molino los narra a partir de mil acontecimientos y lecturas que ponen en evidencia las propias derivas del género ensayo y la actitud de un cronista.

Así, Ceuta es narrada a partir de la llegada en barco, el dialecto dariya y la variante dialectal o local arañol, Gonzalo de Reparaz, la tasa de desempleo, el barrio del Príncipe, la Conferencia de Algeciras, el Tarajal, Antonio López Sánchez-Prado, las columnas de Hércules, etc. El segundo, “En las fronteras fósiles”, se centra en la división provincial de España y su hacedor, Javier de Burgos. El capítulo repasa los estereotipos más fosilizados y genera las críticas más avezadas a uno de los territorios más olvidados, las provincias, que, sin embargo, están en boca de todos. 

Imposible no recordar y evocar la trilogía de Arturo Barea, La forja de un rebelde, cuando se lee el ensayo. Del Molino y Barea tienen miradas que se parecen, sagaces y penetrantes. Lugares fuera de sitio devuelve la historia y recuerdos que engendran los lugares y permite conocer espacios de los que se sabría mucho menos si no se hubiera viajado. 

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