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'True detective', serie de HBO ambientada en la América de los 80

Regreso a la América profunda y criminal

La tercera entrega de la serie 'True Detective' vuelve a jugar con los saltos en el tiempo en torno a un caso: el asesinato de un crío y la desaparición de su hermana

09.02.2019 00:00 h.
4 min

Tras la segunda temporada de True Detective, su creador, Nic Pizzolatto, pasó de ser el mejor guionista del universo a un pringado cuyo futuro en la industria del espectáculo no pintaba muy bien. Esa segunda temporada, protagonizada por Colin Farrell, había decepcionado profundamente a los devotos de la primera --Woody Harrelson y Matthew McConnaughey estaban sensacionales--, aunque a mí me pareció que no era tan mala como decían y no acabé de entender la saña con que fue acogida. Sí, de acuerdo, la primera temporada era excelente, pero la segunda me la tragué con agrado y en ningún momento se me ocurrió abandonarla. Pero el daño ya estaba hecho, y ha pasado un tiempo entre la segunda y la tercera temporada de True Detective porque HBO no sabía si seguir confiando en el señor Pizzolatto o si decirle que se fuera con sus crímenes a otra parte. Afortunadamente, la serie sigue en la parrilla de HBO y puede verse actualmente en España tanto en su casa madre como en Movistar.

Conceptualmente más cercana a la primera temporada que la segunda, esta tercera entrega de la serie vuelve a jugar con los saltos en el tiempo en torno a un único caso: el asesinato de un crío y la desaparición de su hermana en un rincón de la América profunda y rural durante los años 80, caso cerrado en falso, reabierto en los 90 y que sigue sin resolverse en época actual, cuando los dos inspectores que lo investigaron --Mahershala Ali y Stephen Dorff-- son ya dos carcamales, el primero con un Alzheimer demoledor y el segundo con una soledad y una amargura a cuestas muy considerables.

La trama, pues, transita entre el presente y dos momentos del pasado, aprovechando para hacer un retrato no muy complaciente de la América rancia, bruta y racista. Por los cinco capítulos que llevo vistos hasta el momento, puedo decir que la cosa funciona muy bien, que los actores están espléndidos y que los diálogos del señor Pizzolatto siguen siendo de los mejores que se pueden oír en la actual ficción televisiva norteamericana. Es cierto que el tema del policía obsesionado por un caso que nunca pudo resolver no es el colmo de la originalidad, sino más bien un clásico del género, pero cuenta en esta ocasión con un complemento moral muy interesante: lo único que mantiene vivos a esos dos polis sobrados de pundonor es la posibilidad de solucionar un enigma que nunca les ha dejado dormir tranquilos. Ambos conocen su final, a manos del Alzheimer o del tabaco y el alcohol, y antes de reventar solo aspiran a cerrar dignamente su hoja de servicios.

Como de costumbre en la serie, la canción de los créditos es muy buena y te acompaña para entrar en situación. Si en la primera temporada sonaba The Handsome Family y en la segunda, Leonard Cohen, ahora le toca el turno a Cassandra Wilson.

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