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Poli negro, cadáver blanco

Poli negro, cadáver blanco

Ramón de España analiza la nueva serie de Fox Life 'Fuego abierto (Shots fired)', que le da una vuelta al concepto tradicional de racismo

3 min

La nueva serie de Fox Life Fuego abierto (Shots fired) parte de una premisa tristemente conocida por todos: la tendencia de ciertos policías norteamericanos de raza blanca a coser a balazos a sospechosos de raza negra, ampliamente documentada en prensa y televisión y que ha dado origen a innumerables revueltas de la comunidad afroamericana. Pero Fuego abierto le da la vuelta a esa premisa y se pregunta que pasaría si fuese un policía negro el que abatiera a un sospechoso blanco de clase media. Lo hace con una estructura similar a la de la excelente serie American crime, reuniendo a una serie de personajes involucrados, voluntariamente o a su pesar, en el acontecimiento, que sitúa en un estado donde el Ku Klux Klan aún goza de bastante salud, Carolina del Norte.

Al pueblo en que ha tenido lugar el incidente llegan un fiscal y una investigadora del Departamento de Justicia, ambos negros, para intentar aclarar los hechos. No son los únicos que lo desean, aunque aquí cada uno tiene sus propios intereses en el asunto: la gobernadora del Estado, primera mujer en ostentar ese cargo; una reverenda ambiciosa que aspira a desplazar al principal representante eclesial de la comunidad negra; un jefe de policía de ésos que consideran que los suyos no son blancos ni negros, sino del color azul de su uniforme...

Un planteamiento original

Fuego abierto constituye una bienvenida excepción al tono habitual de las propuestas de Fox Life, que suelen oscilar entre lo familiar y lo directamente ñoño. Por lo visto hasta ahora, la trama funciona, se va complicando episodio tras episodio y parece aspirar a realizar un buen retrato del racismo contemporáneo en ciertas zonas de Estados Unidos. Los dos personajes principales, el fiscal y la investigadora, están muy bien trazados y llegan al pueblo con sus propios problemas a cuestas: él arrastra un rencor hacia su padre por haber preferido siempre a su hermano, un famoso jugador de fútbol americano con pintas de rapero rico, y ella está en pleno combate con su exmarido blanco para que no se quede con la custodia en exclusiva de la hija de ambos.

En una sociedad en la que los muertos suelen ponerlos los negros, Fuego abierto plantea una de esas posibilidades alternativas que, lamentablemente, suelen conducir a un racismo a la inversa tan funesto como el habitual.