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La Pantera Rosa, protagonista de la serie de dibujos animados de televisión

La Pantera Rosa y la nostalgia 'queer'

'El show de la Pantera Rosa', la serie de dibujos animados de televisión que marcó tendencia a partir de los años sesenta del pasado siglo, cumple 49 años

26.09.2018 00:00 h.
7 min

Corre el año 1963 y para el espectador que acaba de entrar en la sala hay por los menos dos sorpresas agradables. La primera no es visual. Los primeros compases de la melodía The Pink Theme compuesta por Henry Mancini empieza a sonar por primera vez por los altavoces: su mecánica perfecta va desplegándose cadenciosamente por el aire algo viciado del recinto y al mero contacto con el aparato auditivo logra incrustarse en el subconsciente colectivo del planeta.

A la par, empiezan los títulos de crédito de una comedia detectivesca dirigida por Blake Edwards e interpretada por Peter Sellers. Se titula La pantera rosa porque es el nombre que le dan al diamante rosado cuyo robo sirve de premisa. A la vez que la banda sonora, aparece un dibujillo fascinante, una pantera rosa que fuma elegantemente un cigarrillo con boquilla. Del embrujo de ese inicio y su inmediata popularidad nace la idea de crear un corto de dibujos animados​ que ganará el Óscar y acabará formando El show de la Pantera Rosa del que ahora se cumplen ahora 49 años. El spin-off más raudo de la historia de la animación cinematográfica.

La magdalena de Proust era, en realidad, un croissant. Y nuestra magdalena fue un pastelillo de la Pantera Rosa. Con solo paladear la dulce bomba hipercalórica, una de las meriendas ochenteras que todavía sobreviven al paso del tiempo, aparecen, así de colegiala es mi memoria, los dibujos animados y las infinitas tardes encerrados con un solo canal y aquella sintonía pegadiza de Doug Goodwin que abría el show con una batería irresistible: “It’s the pink panther, the real pink panther…” mientras un niño de unos doce años conducía un bólido rosa aerodinámico.

Portada del disco 'La pantera rosa', de Henry Mancini

Portada del disco 'La pantera rosa', de Henry Mancini / RCA VÍCTOR

La pantalla se dividía en cuatro partes con virtuosismo yeyé y aparecían animalillos varios. La letra decía algo así como: “piensa en todos los animales de los que has oído hablar, como rinocerontes y tigres, gatos y visones. Hay un montón de animales en este mundo pero nunca antes habías visto a una pantera que sea rosa. Piensa, una pantera que es realmente rosa”. Entonces el coche aparcaba en la puerta del teatro chino de Los Ángeles y de él salían la versión animada de la Pantera Rosa y el Inspector Closeau. Los grupos indies españoles Los hermanos Dalton y los Petersellers, tienen sendas versiones macanudas.

Si los títulos de crédito de la película de Edwards utilizaban los dibujos animados para introducir una película con personas, los títulos de crédito del show, en una ironía tal vez no tan inocente, hacían exactamente lo contrario: eran las imágenes reales las que daban inicio al programa de dibujos. El personaje protagonista, dibujado por Friz Frelang, padre de Porky, Speedy Gonzales y Piolín, es un hallazgo estético al nivel del mejor Warhol. Puro pop art. En su feliz  elegancia andrógina está contenido David Bowie y los ácidos lisérgicos y la hedonista California premansoniana. La gestualidad de sus gags era puro slapstick, filosóficamente polisémico.  

La Pantera Rosa todavía nos volaba más la cabeza a los niños castellanoparlantes. En la entradilla de la serie yanqui quedaba claro que la pantera era de género masculino, lo decía la canción, pero para nosotros su género era todo un enigma. Además el rosa es (¿cuándo podremos decir: era?) considerado un color claramente femenino. No sabíamos si Pink era bi, trans, o cis. No tenía atributos sexuales pero sí novia.

clouseau

El famoso inspector Clouseau, junto a la Pantera Rosa

Lo que sí sabíamos es que era un héroe que no encajaba muy bien en aquellas restricciones binarias. Tampoco hablaba mucho, pero no era mudo. Poseía el poderío físico de los mitos del cine clásico como Buster Keaton; la sabiduría visual de las películas de Jaques Tati. El mejor jazz en su banda sonora. Ese cuaderno nostálgico puede conducir a equívocos, aquel tiempo pasado no fue mejor. Que se lo digan si no a los niños y niñas homo, agazapados en un armario siempre demasiado estrecho. 

La Pantera Rosa fue, sin proponérselo, una precursora. Los héroes por aquel entonces jugaban en la liga de los hipersexuados. El adicto a los anabolizantes He-man, o la hipersensible Candy Candy. La Pantera Rosa nos hablaba de libertad genérica en silencio, con la coreografía lánguida y felina de sus movimientos suaves. Fue el primer héroe infantil claramente queer.

Años después alguien se atrevió a ponerse una camisa rosa en séptimo de E.G.B y todavía muchos años después Epi y Blas decidieron explicitar su relación. La popularidad de la Pantera desde entonces no ha parado de crecer. La huella de sus almohadillas se encuentran sobre el olimpo asfáltico del Teatro Chino de Hollywood y su mercadotecnia se multiplica en multitud de artículos, independientemente de la serie. Sus historias siguen siendo emitidas con éxito. Borges ya nos advirtió que entre las rayas de la piel de un tigre se podía leer la escritura de un Dios. En la textura uniforme de la piel de la pantera rosa se puede leer la parte final de la historia del siglo XX. 

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