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La narrativa instantánea de Dora García

La narrativa instantánea de Dora García

El Reina Sofía muestra una antología de la artista que no deja indiferente a nadie

13.05.2018 00:00 h.
4 min

Fui a ver la expo de Dora García (DG) en el Reina Sofía. Esta antología de su obra es un poco especial por muchos conceptos, pero de esto no quiero hablar. Diré que incluye una pieza primeriza, un vídeo titulado si no recuerdo mal Lecciones de respiración donde un niño en primer plano respira profunda y conscientemente, de espaldas a las instrucciones gestuales de una maestra: pieza llena de misterio y de encanto (y de angustia), que no analizaré más pues, como dije en esta misma página hace algún tiempo, no hay nada tan penoso y estéril como la écfrasis (describir con palabras una obra visual).

Pero de las palabras sí me atrevo a hablar. La obra de DG notoriamente es referencial a la literatura y a autores que le gustan o le impresionan, Joyce, Kafka, Walser... Una de las piezas más turbadoras aquí recogidas es la escritura instantánea, redactada por un colaborador de la artista y proyectada en una gran pantalla digital, que cuenta lo que sucede en la sala en el preciso momento en que tú entras en ella. En una versión primeriza de esta pieza, o quizá una parecida, me pareció que la escritura era más agresiva --describía y juzgaba al visitante, al lector, a uno mismo, y podía llegar a ser insultante--. En el Reina Sofía el narrador es más neutro o más indiferente, quizá sea mejor así, quizá sea mejor este naturalismo: en el fondo es más crítico. En cualquier caso, siempre es la conversión instantánea de tus gestos en escritura, y quizá, también, una tácita invitación a que tus gestos sean más literarios; y la mera experiencia de no sólo ver, no sólo asistir, no sólo entrar en una obra, sino ser parte de una acción artística, tiene algo muy enfermizo y sofisticado.

Mencionaré ahora otra pieza igualmente literaria de esta exposición que se titula Cien obras de arte imposibles y consiste en la lista de cien ideas, escritas en grandes letras en una pared, una debajo de la otra; entre ellas, las siguientes:

Morir varias veces.

Ocupar el espacio físico de otro cuerpo.

Encontrar tu propio doble y convivir con él.

Moverse en sentido inverso e intentar rejuvenecer de esta manera.

Oír exclusivamente los sonidos del propio cuerpo.

Recordarlo todo.

Olvidarlo todo.

Cegar un abismo.

Cohabitar con un fantasma.

Ver el propio rostro.

Etcétera, y así hasta cien ideas que en el fondo son otras tantas violaciones del sentido estricto de las palabras. Con estas diez frases ya hay bastante por hoy, si les das su tiempo, puedes acabar tentado de imaginar algunas más. También se veía sólo una parte pequeña del iceberg que hundió al Titanic.

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