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La serie 'Manifest' se emite en Antena 3

El misterio del vuelo 828

La serie 'Manifest' tiene un punto de partida curioso: un vuelo se pierde y sus pasajeros son dados por muertos, pero el avión aterriza cinco años después y sus ocupantes conservan la edad que tenían

4 min

Hay series en las que basta con el primer episodio para engancharse sin remedio o huir despavorido en busca de otra propuesta más interesante. Manifest, en Antena 3, no es una de ellas. Llevo seis episodios y he estado a punto de abandonarla varias veces, pero siempre hay un giro de guion, una promesa de un quiebro interesante, que me obliga a seguir viéndola. Creada por Jeff Rake y con Robert Zemeckis de productor ejecutivo, Manifest cuenta con un punto de partida espléndido: el vuelo 828 entre Montego y Nueva York se pierde por el camino y sus pasajeros son dados por muertos. Pero el avión aterriza en el JFK al cabo de cinco años y todos sus ocupantes siguen teniendo la misma edad que tenían cuando se subieron al avión en Jamaica: para ellos no han pasado cinco años, sino el tiempo previsto para la duración del vuelo, que ha sido rico en misteriosas turbulencias que pueden tener algo que ver en tan extraña situación.

Evidentemente, en Nueva York, los que tomaron el vuelo anterior y dejaron a parte de su familia en el 828 han intentado rehacer sus vidas tras el obligado período de duelo. La serie se centra en una familia en concreto: el marido, su hermana, sus padres y su hijo menor iban en el avión perdido; cuando toman tierra, la mujer se ha echado un novio, la hermana gemela del niño es una adolescente y el prometido de la hermana del marido se ha casado con la mejor amiga de ésta. Una situación problemática donde las haya, que la serie aborda en paralelo con el misterio irresoluble del avión que tardó cinco años en llegar a su destino. Y ahí es donde empiezan los problemas de la serie: la parte paranormal --la más Expediente X, para entendernos-- funciona de maravilla, pero la que se centra en el factor humano no tanto, probablemente porque ni los personajes ni los actores que los interpretan resultan especialmente inspirados. Es esta parte de la trama la que te lleva a veces a preguntarte: ¿Y a mí qué me importan todos estos individuos? Y a pensar seriamente en ponerte a ver otra cosa.

Pero en ese momento es cuando viene al rescate la parte paranormal del asunto, que incluye extrañas muertes y desapariciones de pasajeros del vuelo 828, la sospecha de que el gobierno puede estar detrás de todo el enigma, y la descoordinación entre agencias gubernamentales, probablemente inducida por una mano negra que, de momento, no sabemos muy bien a quién pertenece. Y así es cómo uno sigue viendo Manifest, pensando que tal vez debería abandonarla, pero incapaz de hacerlo por temor a perderse algún giro apasionante en la imperfecta trama. Si el factor humano se hubiese abordado con algo más de talento, la serie sería magnífica. Tal como se ha hecho, Manifest te deja preguntándote, como en la canción de The Clash, Should I stay or should I go? (¿Debería quedarme o debería irme?) De momento, uno ha optado por quedarse, pero entiende perfectamente a los que se han ido.