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Cuando Manuel Bartual se fue de vacaciones

Cuando Manuel Bartual se fue de vacaciones

Laura Fernández apunta el secreto del éxito del microrrelato que se ha convertido en 'trending topic' mundial este verano

5 min

Si hay una red social que parece atrapada en una adolescencia infinita --todo nuevo invento pasa por una infancia absolutamente inocente, que en cuestión de redes podría haberle correspondido a los olvidados y decididamente naïfs blogs-- esa es Twitter. En parte, porque invita a la no reflexión e impide la argumentación --¿qué puede argumentarse en 140 caracteres?--, por lo que, lo que queda es la respuesta reflejo, el tecleo espontáneo, la pontificación innecesaria, la irracionalidad adolescente, un tira y afloja aborreciblemente odioso, en el que dicha red social --ya flujo de pensamiento aún por civilizar-- parecía (masivamente) atrapada hasta que el dibujante Manuel Bartual decidió irse de vacaciones.

Bien, la cosa no fue exactamente así. Manuel Bartual tenía miles de seguidores antes de irse de vacaciones. En concreto, alrededor de unos 16.000. Y escribía asiduamente chistes de 140 caracteres, describía situaciones que funcionaban como microrrelatos, y, claro, en eso no era el único. Tampoco ha sido el único en aquello que lo ha hecho único, esto es, continuar uno de esos microrrelatos y convertirlo en una novela de misterio (y humor) en tiempo real por entregas de 140 caracteres. Por poner un único ejemplo, el festival literario BCNegra, hace al menos un lustro, puso en marcha un noir virtual vía, también, Twitter, que duró los días que duró el festival y que tenía, claro, a un escritor detrás. ¿Se habló de aquello en su momento? Lo justo. Y como bien apunta el propio Bartual, hay otros, miles, de ejemplos, empezando por El Hematocrítico, que, dice el dibujante, “lleva desde enero experimentado con historias al más puro estilo de Elige tu aventura”.

El secreto del éxito

Lo que ha hecho único a Bartual es el éxito. Que su historia --un divertido juego de espejos que arranca, no lo olvidemos, con alguien pesándose en la báscula de otro alguien, siendo este alguien el mismo alguien que supuestamente escribe todos esos tuits, a la manera de, sí, el último Lynch y sus dos agentes Cooper-- haya dado la vuelta al mundo --fue trending topic mundial el pasado viernes--, alumbrando un nuevo y afortunado desvío (narrativo, sí) para una red que agoniza entre la ocurrencia, el ingenio y el ataque directo. Lo de menos es si la historia es o no una obra maestra --oh, los críticos, siempre tan dispuestos a destruir (especialmente) el más llamativo de los castillos--, lo que importa es el desvío, la alternativa, la fabulosa nueva posibilidad que, desde el principio, ha estado ahí pero que no acertábamos a ver. Que Twitter puede ser también una herramienta de ficción, y una de lo más adictiva.

No en vano, Bartual ha pasado, en su semana de vacaciones, de 16.000 a 412.000 seguidores --y subiendo--, y todo porque pensó que la ocurrencia de la báscula podía convertirse en algo más grande: nada menos que el primer mini-noir virtual en tiempo real. La cosa no era más que un experimento. Pero dio en el clavo. Y podría decirse que era cuestión de tiempo. Que alguien entrenado en la narrativa de 140 caracteres acabaría desarrollando la primera historia con verdadero gancho del invento tarde o temprano --de hecho, Bartual ha confesado que primero esbozó la historia en una libreta, y que luego fue diseminando a lo largo de los siete días en que duraría la aventura, lo planeado--, y se estará en lo cierto. Pero también podría decirse que alguien tenía que hacerlo. Y que ese alguien ha sido Manuel Bartual. Gracias, man, porque Twitter es un lugar mejor, o, cuanto menos, potencialmente mejor, desde que te fuiste de vacaciones.