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Lou Andreas Salomé

Lou Andreas-Salomé vista por Lou Andreas-Salomé

La labor intelectual de la pensadora rusa, que abarca la filosofía, el psicoanálisis y la sexualidad, ha sido ensombrecida por sus relaciones con Nietzsche, Rilke y Freud

01.08.2018 00:00 h.
7 min

Se acaba de publicar el libro de Lou Andreas-Salomé, Memoria retrospectiva (Alianza), edición ampliada de la traducida en 1980 que recoge ahora un segundo manuscrito encontrado por Ernst Pfeiffer, amigo personal de la filósofa y psicoanalista. La figura de Lou (1861-1937) adquiere una destacada popularidad tras la publicación, en 1951, de Mirada retrospectiva, catorce años después de su muerte. La aparición de esta autobiografía ampliada tiene que ver probablemente con el reconocimiento de la película Lou Andreas-Salomé (2016), dirigida por la alemana Cordula Kablitz-Post y basada en el libro de memorias.

La obra permite conocer de primera mano a una mujer a cuya vida se le ha prestado más atención que a su obra, a pesar de su intensa producción intelectual. Lou dedica un corpus de más de cuarenta títulos, entre monografías y artículos, a la filosofía, sexualidad femenina, psicoanálisis, novela, poesía, teatro y crítica literaria; aunque se la sigue conociendo como pareja intelectual y/o sentimental de autores, como Friedrich Nietzsche, Rainer María Rilke, Friedrich Carl Andreas o Sigmund Freud. 

Fotografía Sigmund Freud y sus amigos, donde aparece Lou Andreas-Salomé. Portrait of Psychoanalytic Congress.

Freud y sus amigos (Lou es la quinta de la primera fila empezando por la izquierda) / FREUD MUSEUM

Memoria retrospectiva recoge también una de las épocas de mayor creatividad y esplendor de la cultura centroeuropea y los lugares en los que se desarrolla. Allí está, por ejemplo, Zurich, donde Lou ingresa en una de las pocas universidades en las que aceptan mujeres para estudiar historia del pensamiento y las religiones; San Petersburgo, en la que nace y estudia con el pastor Hendrick Gillot; Göttingen, donde vive con su marido el orientalista e iránólogo Friedrich Carl Andreas; Viena, en la que estudia con Freud y su mortal enemigo Alfred Adler y ciudad de la que asegura que tiene un erotismo superior.

La obra permite, además, asistir a su método filosófico-psicoanálitico. Con él, narra sus sucesos personales a la luz de su propio pensamiento y creatividad, una suerte de filosofía y estética del lenguaje no ajena a la alta cultura de la época. Los títulos de los capítulos son significativos, todos excepto uno se titulan con la palabra vivencia: de Dios, de la familia, de los amigos, de Rusia… Lou rememora su vida partir de la pulsión del desorden de la memoria, cuando los recuerdos son “repeticiones humanas de lo pasajero que, no por casualidad, dan alcance en edad avanzada”.     

Cuatro son los temas principales que articulan los recuerdos y el método filosófico. La vivencia, sensación de inconmensurable comunidad de destino con lo que es y que le lleva a dar forma a su vida de acuerdo con ella misma y sin ejemplos, según sus propias palabras, pues “solo la fecundación y maternidad van más allá de decisiones particulares”. Rusia, donde nace y pasa la adolescencia y adonde viaja en búsqueda de la confianza (característica que atribuye al pueblo ruso) y la vivencia, pues es el país en el que más “se descargan las impresiones”. El ser humano y lo humano, como atracción y forma de aproximación a los acontecimientos. La amistad deriva de lo anterior y una suerte de fraternidad o sororidad que rige la relación con hombres y mujeres. Y la inquietud filosófica por la religión (a la que dedica títulos como En la lucha por Dios o Friedrich Nietzsche en sus obras), que le obliga a contar desde el primer capítulo las razones por las que en la infancia asume el “extrañamiento de Dios”.

lou andreas salome, by Cordula Kablitz Post

Imagen de la película Lou, dirigida por Cordula Kablitz-Post.

El viaje y la atracción por Oriente son otros de los temas del libro. Trasladarse abre a la comprensión del mundo, a las alegrías objetivas y a la regeneración. Lou afirma que solo visita una parte de Europa --“el lejano oeste no me atrajo”-- y que cada viaje hay que hacerlo con diferentes amigos pues los países y pueblos exigen formas distintas de vivirlos. Rusia es uno de sus destinos preferidos, por varias razones su centro del mundo o, al menos, uno de los lugares desde donde mirarlo.

Así lo afirma cuando explica por qué decide estudiar la psicología profunda de Freud (será la primera mujer admitida en el círculo psicoanalítico de Viena) por haber tenido la experiencia de la excepcionalidad del individuo y crecido en un pueblo, Rusia, cuya intimidad se da sin rodeos. Lou también viaja a España. Entra por el norte y visita San Sebastián, sin embargo allí ve una corrida de toros que le espanta de tal manera que decide no proseguir y quedarse en el País Vasco Francés. Oriente (y Rusia lo es) significa lo contrario a lo mundano de Occidente y el fundamento de la humanidad y la espiritualidad primigenias, elementos que llama “completamente reales”.

Las páginas que dedica al papel fundamental de la poesía son una de las grandes sorpresas del libro. El capítulo “Con Rainer” representa un brillante recorrido sobre las capacidades de la poesía y la función del artista. Para Lou, la poesía es uno de los lugares del lenguaje y la forma de vivenciar seres y mundo. “Todos nosotros somos más poetas que hombres de entendimiento, aquello que poéticamente somos, en el más profundo de los sentidos, es más de lo que hemos llegado a ser”.  En este sentido, incluso cada capítulo viene clausurado con un poema suyo y, el del primer capítulo, resume de forma ejemplar su trayectoria. Se cierra con esa palabra maravillosa que consolidará una época basada en el lenguaje: Ich will nur eins: nur Raum-nur Raum (Sólo quiero una cosa: espacio y sólo espacio).