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La serie sobre Lorena Bobbitt se emite en Amazon

Lorena y el sueño americano

Aunque sobra algo de metraje, 'Lorena' es una apasionante tragicomedia sobre un matrimonio desastroso entre una ingenua y un tonto abismático

5 min

Lorena Leonor Gallo era una jovencita ecuatoriana establecida con su familia en Venezuela, pero la ilusión de su vida era instalarse en los Estados Unidos, formar una familia con un gringo y experimentar su propia versión del sueño americano, ese concepto que tal vez quiso decir algo hace tiempo, pero que ahora suena poderosamente a engañifa. Y si no, que se lo digan a la pobre Lorena, que alcanzó fama mundial en 1993 por cortarle el pene de una certera cuchillada a su marido, John Wayne Bobbit, y protagonizar un juicio --emitido en directo por el canal Court TV-- que mantuvo en vilo a los norteamericanos durante meses.

Esta es la trama de Lorena, la nueva serie documental en cuatro episodios de Amazon, cuyo productor ejecutivo es Jordan Peele y no por casualidad: como demostró en su largometraje Déjame salir, este cineasta tiene una especial habilidad para mezclar dos géneros en principio incompatibles, la comedia y el terror. Así pues, Lorena es una historia de miedo que da mucha risa. Como dice un abogado, “estas cosas pasan cuando se juntan una mujer irascible y frustrada y un tipo muy bruto y con muy pocas luces”. No hay prácticamente ni un entrevistado al que no se le escape la risa en un momento u otro de su declaración: a destacar la del policía que cuenta que encontraron el rabo del señor Bobbit entre unos matojos cuando un colega lo pisó inadvertidamente.

Tras años de maltrato físico y moral a cargo del animal de su marido --incluyendo un aborto que ella no quería, la obsesión de John Wayne Bobbit por sodomizarla cuando llegaba a casa borracho, que era casi siempre, y las bofetadas que se llevaba prácticamente a diario--, a Lorena se le fue la olla una noche, cogió un cuchillo, le seccionó el miembro a su marido --quien, totalmente cocido, dormía como un ceporro, se despertó unos segundos a causa de la castración y se volvió a quedar frito--, salió pitando de casa, se subió al coche y se fue a su lugar de trabajo, un centro de estética, donde pasó la noche: por el camino, al ver que aún tenía en la mano el pirindolo de su marido, lo arrojó por la ventanilla y fue a parar a unos matojos cercanos a un 7 Eleven, como le contó a la policía. La recuperación del pene llevó cierto tiempo, pero gracias al dependiente del 7 Eleven, que aportó hielo en cantidad y una palangana, a Bobbit se lo cosieron y lo dejaron como nuevo.

Luego vinieron los juicios: el de él, por maltrato doméstico; el de ella, por la cuchillada de marras. Ambos se salieron de rositas. Ella rehízo su vida, que dicen los cursis, con un marido más presentable que le dio un hijo, y él siguió haciendo el imbécil a conciencia, apareciendo en programas de televisión, protagonizando dos películas porno y, en suma, rentabilizando su frustrada castración. Y mientras tanto, América entera seguía en sus pantallas el culebrón.

Aunque sobra algo de metraje, Lorena es una apasionante tragicomedia sobre un matrimonio desastroso entre una ingenua y un tonto abismático. Se conocieron en una fiesta de los marines, cuerpo al que perteneció brevemente Bobbit, aunque nunca llegó a entrar en acción, y ella se enamoró como una boba de aquel gringo tan alto y apuesto al que consideraba su pasaporte para el sueño americano. Dios le conserve la vista. Solo empezar la serie, Bobbit queda como el borrico que es: sentado en un sillón, con un enorme tazón de café, pregunta al camarógrafo si la taza le parece bien, pues en caso contrario puede sacar una plateada que es muy chula. Pocas veces se ha visto a un tío más tonto en la pantalla del televisor.