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Ilustración de una edición del Kamasutra en sánscrito.

Kamasutra para dormir a un espectro

La académica Clara Janés representa el viaje de la vida a la muerte a través de su último poemario, un 'collage' que enlaza lo cotidiano con lo místico

22.03.2019 00:00 h.
7 min

Parece el último libro de la traductora, escritora y miembro de la Real Academia Española, Clara Janés, Kamasutra para dormir a un espectro (Siruela) un libro singular y casi indescriptible. Sin embargo, no lo es dentro de su trayectoria, poetisa que ha dado a conocer, también, tradiciones orientales y lejanas, y que se ha movido con enorme sabiduría y libertad entre representaciones culturales diferentes (en 2012 se reeditó La vida callada de Federico Mompou). Pues, como muestra Kamasutra, todas las experiencias sensibles son necesarias para dar voz a lo invisible. Es un libro de la interioridad, de la experiencia interior, del viaje de una escritora (del cuerpo de la palabra, ante todo) y de la vida hacia la muerte.

Muestra el flujo de la vida a través de una suerte de collage que enlaza sucesos cotidianos con sonetos, citas, prosa poética, dibujos y fotografías. Allí están sus fuentes y auctoritas preferidos (siempre grandísima lectora), Ida Vitale, Santa Teresa de Jesús, Wittgenstein, Gunnar Ekelöf, Lucrecio, Dante, etc. El libro presenta una estructura muy meditada. Se divide en las partes El color prohibido y Kamasutra para dormir a un espectro; el apéndice El jardín de las delicias y la apostilla Minimo canzoniere.

La estructura se convierte así en contenido y el engarce de los temas destapa y evidencia los saltos y vacíos del texto, semejantes a los de la propia vida. La unidad del libro se encuentra en el ritmo, siempre más cercano al corazón y al origen, un ritmo exaltado e intenso que denota el arrobamiento de la poetisa al unirse con el otro, convertido en la palabra, la creación y la naturaleza. Porque, y aquí la gran experiencia de Kamasutra, se trata de buscar la forma de ser uno con él. De allí que la mística aparezca como una referencia velada a lo largo del libro, pero no como contenido o léxico, sino (qué gran logro de Janés) como voz.

La poetisa se convierte en la escucha de la mística y la vierte en los textos. La experiencia de unión con el otro sigue una gradación ascendente y el libro, un flujo que recoge solo las vías iluminativa y unitiva de la mística para llegar a él y representar la exaltación permanente gracias al lenguaje más apropiado: el erótico

Ha sido siempre Janés una hacedora de imágenes sensitivas. En Kamasutra se intensifican gracias a los colores “salamandra bicolor” “rojo cereza” “titilar multicolor”, y los dibujos y sonidos de los pájaros, animales poéticos y simbólicos que conoce muy bien (publica El libro de los pájaros en 1999) al alzarse elevándose hacia el otro: “Todas las claves musicales […]/quedan inmóviles/ante las alondras elevándose”, “y un ulular de pájaros/que supieron del amor/ y ahora/desgarran las nubes”. 

Clara Janés

La escritora Clara Janés.

Los poemas y textos reproducen el instante, el tiempo real de los acontecimientos, la experiencia o Erlebnis que se citan mutuamente en su correspondencia Rilke y Lou Andreas-Salomé. A través de dicha vivencia, destello del tiempo, se atisba el otro lado de la naturaleza y del otro, haciendo visible, por fin, lo invisible o, al igual que el poeta Hafez (quien Janés conoce muy bien y traduce) construyendo imágenes del amado o fantasma.

Pero lo más interesante de Kamasutra se encuentra en la identificación o transfiguración del amado en el quehacer creativo. La poetisa escribe gracias a él: “ser de luz se apoderó de mí y me obligó a escribir […] hasta el agotamiento seguí su mandato y toda yo me convertí en la encarnación de sus palabras”. El éxtasis, la unión erótica, se produce al escribir y los movimientos y posiciones de los cuerpos (al igual que en las descripciones del libro hindú del Kama-sutra), se transforman en signos en las cuartillas.

Formas que derivan además de la visión de las ilustraciones eróticas del artista José Antonio Sistiaga incluidas en el libro, pero sobre todo de la unión de la poetisa con la escritura gracias al amor. Porque es el amor, siempre el amor, el que hace crear al poeta y le concede la palabra. Y aquí, de nuevo, topamos con la voz de la mística y del neoplatonismo que, como sabemos, se confunden, imbrican y dan la mano, y pueblan los poemas de Kamasutra. Fray Luis de León, Garcilaso de la Vega, Santa Teresa buscaron en la sonoridad y la armonía de los versos, ecos del otro, y Janés las consigue reproducir también en sus poemas.

Sonoridad, aliteración y música a la que también se refieren los textos en prosa del libro, con citas a Scriabin o el lamento de Dido de Purcell, es decir, referencias literales a la armonía que pueblan de eufonía Kamasutra, le conceden unidad y se refieren a la ausencia del amado o del otro. Pero, sobre todo, el gran amor, goce y reflexión de la escritura de Janés, pues: “Solo la ficción/merece ser amada/no conoce respuesta/lo profundo/del corazón”.