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Guernica versus el 'Guernica'

Guernica versus el 'Guernica'

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Las comadres se desgañitan de espanto: "El reina Reina Sofía recuerda el Guernica sin hablar de Guernica". ¡Traición!, claman los inquisidores contra los herejes. La muestra Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica, para conmemorar el 80 aniversario de la obra de Picasso, constituye, para la congregación del buenismo que nos asola, un delito de lesa majestad contra la llamada memoria histórica.

El deus ex machina no son las 31 toneladas de bombas incendiarias arrojadas por la aviación nazi durante cuatro horas sobre la ciudad santa de los vascos con su reguero de muertes y destrucción, sino el cuadro Las tres bailarinas --¡prestado por la Tate Gallery, un museo extranjero, menudo escándalo!-- del propio artista, convertido en el arranque de la exposición ya que delata una "brutalidad horripilante". Por lo visto, los émulos de Zapatero esperaban una verbena con banderas tricolores, milicianos y milicianas de guardarropía, zumbido de aviones y estrépito de bombas amenizado con canciones del 5º Regimiento. El colmo del supuesto desaguisado es que los comisarios de la muestra, un matrimonio anglosajón, no saben leer en español, rechistan los castizos en plena xenofobia.

Polémico desde el principio

Querían un lieu de la mémoire, un recuerdo perenne. Esperaban una peinture d'histoire que les evocara lo acontecido, las dimensiones de casi ocho metros de largo y la estructura del Guernica remitían a La Liberté guidant le peuple, de Delacroix, o al Tres de mayo, de Goya. O mejor un documento gráfico, una fotografía. Querían propaganda y se encontraron con lo ininteligible. No era eso. Anthony Blunt, el espía ruso y conservador de las colecciones privadas de S.M. Isabel II, ya escribió en el mismo año de su creación, en 1937, que "Picasso parece tomar conciencia de lo que está sucediendo a su alrededor aunque no capta su verdadero significado ¿Cómo podría captarlo? [...] Se limita a registrar el horror, genuino pero inútil". Esperaban "realismo social" y no aquel despanzurramiento de las violencias sexuales de su autor. El presidente del Gobierno, el señor Negrín, estuvo en un tris de retirar el cuadro del pabellón de la Republica en la Exposición de París por "antisocial, ridículo y totalmente inadecuado a la sana mentalidad proletaria"; sin embargo, la repercusión internacional del bombardeo desaconsejó tal medida. Lo propio del caso era el "realismo socialista" y no aquel amasijo de extremidades revueltas y carentes de sentido. Había quien se preguntaba tras ver el Guernica: "¿Se trata de una enérgica condena de la brutalidad fascista?". A Picasso nunca le sacaron más allá de una "condena a la brutalidad y la oscuridad".

En un encuentro casual entre Picasso y José Antonio en San Sebastián en el verano de 1934, aquel se quejaba de que el Gobierno de la República no tenía ni siquiera dinero para pagar el seguro de una exposición de sus obras en España, tan solo le ofrecía la protección de la policía. El líder de la Falange le aseguró que "algún día le recibiremos con una escolta de la Guardia Civil pero en calidad de guardia de honor y sólo después de haber asegurado su obra".

No andaba del todo desencaminado.