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Richard Madden y Keeley Hawes en 'Bodyguard' de Jed Mercurio / BBC

El gran Jed Mercurio

Gracias al éxito de 'Bodyguard', Richard Madden suena como posible James Bond en una dura competición con Idris Elba

10.11.2018 00:00 h.
4 min

El sueco Hans Rosenfeldt ocupa el primer puesto de mi Top Ten de guionistas televisivos, gracias a la coproducción entre su país y Dinamarca  El puente (creo que la muy extraña Saga Norén es mi personaje favorito de todo el audiovisual reciente) y a la serie que escribió para los ingleses, la brillante Marcella. Pero en el número dos, pisándole los talones, ya viene Jed Mercurio, cuya última miniserie, Bodyguard (El guardaespaldas), es sensacional. Hizo bien nuestro hombre, nacido hace 52 años en la Inglaterra rural de padres italianos, en abandonar hace años su trabajo como médico militar en la Royal Air Force, pues es un creador de thrillers de primera magnitud. Lo demostró con las cuatro temporadas de Line of duty (En cumplimiento del deber) y, por lo menos para mí, ha alcanzado la gloria con Bodyguard, que Netflix ha colgado recientemente.

Bueno, no se trata solo de mí: Bodyguard ha sido el mayor éxito de audiencia de la BBC en los últimos años; 17 millones de espectadores vieron el capítulo sexto y final. Y no me extraña, ya que la serie es trepidante a más no poder, más adictiva que el jaco y cuenta con un final sorpresa de los buenos (toda la carpintería del guion es impecable).

Bodyguard cuenta la historia de Dave Bott (Richard Madden, al que no conocía de nada, pero que aquí se sale, aunque tenga un acento escocés que tira de espaldas y te obliga a recurrir a los subtítulos porque no se le entiende una mierda), un ex militar que estuvo en Afganistán y volvió con un Síndrome de Estrés Post Traumático de padre y muy señor mío. Pese a todo, se las apañó para colarse en la policía. Un buen día, en un tren, consigue desarmar a una terrorista islámica, se hace famosillo en el cuerpo y consigue que reclame sus servicios como guardaespaldas la ministra del interior, Julia Montague (la siempre eficaz Keeley Hawes, a la que ya vimos en Line of duty). La ministra recibe amenazas de muerte por una ley que quiere hacer aprobar y que incrementa las medidas de seguridad antiterroristas, pero encuentra tiempo libre para vivir un tórrido romance con el que le cubre las espaldas (y el trasero). Y hasta ahí puedo leer para que no me acusen de practicar el funesto spoiler.

En solo seis episodios, sin apuntarse a esa terrible costumbre americana de alargar las cosas hasta la náusea, el señor Mercurio nos proporciona un thriller magnífico ambientado en el turbio mundo de la política que no había despertado grandes esperanzas en la BBC. Pero la cosa resultó ser uno de esos sleepers que triunfan sin que nadie lo espere, lo cual nos va a proporcionar tres temporadas más de las aventuras de nuestro guardaespaldas favorito. Quien, por cierto, gracias al éxito de Bodyguard, suena como posible James Bond en dura competición con Idris Elba. Cualquiera de los dos me parece estupendo, pero espero que a Barbara Broccoli se le quite de la cabeza esa idea de bombero de un Bond femenino. Aunque suene el nombre de mi querida Gillian Anderson para el papel: yo aún no me he recuperado (Elementary) de ver al doctor Watson convertido en una mujer asiática, por atractiva que me resulte Lucy Liu.

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