Menú Buscar
El escritor Juan Goytisolo

Goytisolo y España

7 min

Ha muerto Juan Goytisolo en Marrakech a los 86 años. Hasta en su entierro en el cementerio civil en Larache, sus amigos han rendido tributo a la imagen que él cultivó de sí mismo como escritor heterodoxo, expatriado, irreconciliable crítico hacia el país que le vio nacer. En el momento de tanta glosa necrológica como su muerte ha suscitado, conviene recordar que la España oficial tan despreciada por él le otorgó premios importantes como el Nacional de las Letras de 2008 y el Cervantes de 2014 (que por cierto, él tanto reprochó al ministerio su concesión a Francisco Umbral), aparte de múltiples otros testimonios de admiración y reconocimiento (Medalla de Andalucía de 1994, premio Formentor de las Letras...).

Ciertamente Goytisolo ha sido nuestro último heterodoxo. La historia de España ha estado marcada por el aporte cultural de sus muchos heterodoxos. Entre 1880 y 1882 publicó Menéndez Pelayo su clásica Historia de los heterodoxos españoles, en la que se sucedían como tales, Prisciliano y los priscilianistas, Elipando y los adopcionistas, los científicos como Arnau de Vilanova, los protestantes como San Román, Enzinas, Casiodoro de Reina o Cipriano de Valera, los antitrinitarios como Servet, los quietistas como Molinos, los jansenistas, los volterianos, los liberales de la Institución Libre de Enseñanza. No faltaban en la profusa relación de Don Marcelino los renegados convertidos al islam entre los que destacaba la figura de Anselm Turmeda, fraile franciscano mallorquín y fallecido como musulmán en Túnez en 1430, que recuerda, en algunos aspectos, a Goytisolo.

La larga permanencia histórica de la Inquisición moderna de 1478 hasta 1833, a la que habrían que añadirse los tres siglos de la Inquisición medieval sólo en la Corona de Aragón, ha configurado en nuestro país, como en ninguna otra parte, la figura del heterodoxo, del disidente amenazado por el sistema nacional católico. La Inquisición reprimió las herejías pero con su persecución, les otorgó a los herejes el monopolio de la ética, la victoria sentimental respecto al poder, contribuyendo decisivamente a construir el aura victimista de los rebeldes con causa, la épica de la resistencia cultural. Significativamente un hombre tan conservador como Menéndez Pelayo empatizó con sus heterodoxos españoles con una ternura singular hacia los sufridos perdedores anclados infelizmente en sus errores, a juicio del historiador cántabro, pero héroes sufrientes al fin y al cabo.

Heterodoxo expatriado

Goytisolo fue un heterodoxo expatriado. Primero en París​ desde 1956, luego en Estados Unidos, finalmente en Marruecos (se instaló definitivamente en Marrakech en 1987). Larra ironizaba que "por poco liberal que uno sea, está en la emigración o de vuelta de ella o disponiéndose para ella". El exilio español implicó identidades rotas y desarraigadas que recuerdan permanentemente sus raíces en busca de una España perdida, la espera ansiosa del responsable de la situación (de Fernando VII a Franco) el testimonio desgarrada de las dos Españas con su estela guerracivilista y cainita a cuestas. Según Jordi Canal, habría habido a lo largo de la historia de España un millón de personas exiliadas. Exiliados ha habido de todo perfil. Los ha habido que se hicieron ricos en el exilio como Mendizábal o Ramón Cabrera y otros como Muñoz Torrero que murieron en la miseria. Ha habido exiliados de derechas (los carlistas) y de izquierdas (liberales, republicanos). Buena parte de la contribución de España a la cultura europea se ha hecho desde el exilio (Luis Vives, Miguel de Molinos, Miguel Servet...) y ya en época contemporánea (Blanco White, Pablo Picasso, Joan Miró, Américo Castro, Sánchez Albornoz, Ramón J. Sender, María Zambrano y tantos otros).

Pero Goytisolo no fue un exiliado propiamente dicho, fue un expatriado, un self-emigrated que rompió con la España franquista de los años 50 del siglo XX y vivió fiel a esa ruptura, más que política, identitaria, la mayor parte de su vida. El burgués catalán que fue (aunque nunca se reconoció como tal) se construyó una identidad alternativa a la histórica española goticista, que se había impuesto en 1492 tras la conquista de Granada. A caballo del castrismo (de Don Américo) reivindicó el papel de los judíos y musulmanes en la identidad española y soñó con la España musulmana que pudo ser, defendiendo al presunto traidor Don Julián, el que había propiciado la entrada de los musulmanes en el 711 y meciéndose en la mala conciencia histórica hispánica, vivero de la maurofilia literaria que había dado obras tan significativas como las de Perez de Hita o Hurtado de Mendoza en el siglo XVI o el Aben Humeya de Martínez de la Rosa en el siglo XIX.

La sublimación idealista del musulmán víctima de la violencia hispánica y presunta representación de la tolerancia que no pudo prosperar en la España de las tres culturas, fue el discurso que asumió, como nadie, Goytisolo y que ciertamente fue dominante en la España de los siglos 70 y 80 del siglo XX. Hoy me temo que el mismo lo asume, linealmente, poca gente. El mito del Al-Ándalus feliz, con relaciones idílicas entre cristianos, moros y judíos, no se lo acabó de creer el propio Américo Castro. La situación actual del islam con el terrorismo yihadista no alimenta precisamente la idealización de la cultura musulmana. Pienso que con Goytisolo ha muerto la última representación del sueño del Al-Ándalus arcádico y feliz que no habría podido ser por culpa de la España rancia e inquisitorial. Me temo que la literatura, una vez más, es desmontada por la historia.