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La España de Vila-Sanjuán: Vista de Barcelona (1853) / ALFRED GUESDON.

La España de Vila-SanJuán

El periodista de 'La Vanguardia' reúne en una guía los hitos de la diversidad cultural española a partir de un recorrido por la creación y el pensamiento hechos en Cataluña

27.09.2018 00:00 h.
9 min

Uno de los vicios del nacionalismo, que reformula la historia para conseguir sus pretensiones de dominación política, es la apropiación del hecho cultural, esa expresión natural de la libertad. Cuando a una cultura se le añade un adjetivo (geográfico) deja un poco de ser cultura para encerrarse en la mentalidad de aldea, que es aquella que reivindica algo tan azaroso como la identidad que depende del destino o el lugar de nacimiento, en vez de la que procede de los hechos y la voluntad. Esta perversión, sin embargo, gozó de fortuna en el siglo XIX, cuando el Romanticismo, al oponerse a la tradición clásica, consolidó la corriente historicista en el campo de lo que ahora llamaríamos los estudios culturales

Tal paradigma explica que las filologías hayan sido tradicionalmente clasificadas en función del idioma en el que están escritos sus textos y las literaturas se ordenen en base a algo tan poco literario como la idea de patria, como si los libros fueran la traslación de las expresiones de los pueblos en lugar de creaciones individuales. La cultura, sin embargo, es un sistema único, plural y articulado, que nos universaliza a partir de nuestras diferencias. Sirva este exordio para explicar el loable ejercicio de divulgación que hace Sergio Vila-Sanjuán en su libro Otra Cataluña (Destino), donde nos muestra los peligros –y también el empobrecimiento– de considerar la cultura como un instrumento político, siendo como es la suma de las expresiones (emocionales o racionales) de los sujetos.

El periodista barcelonés, responsable del suplemento cultural de La Vanguardia, ha trenzado con los juncos disponibles el cáñamo de la cultura y el pensamiento en castellano en Cataluña. Una estirpe riquísima, compleja y apasionante que demuestra –para desazón de los nacionalistas– que las identidades no se establecen por decreto, sino que son el resultado de la mezcla y la convivencia entre los diferentes. Vila-Sanjuán ha escrito una guía de navegación –más que un ensayo– por este territorio fértil. La utilidad de su libro radica en su condición de estampa panorámica, lo que inevitablemente afecta a la profundización del relato. El autor opta por una composición pedagógica que, para quien quiera saber más, puede ampliarse gracias a la biliografía que se incluye al final de cada capítulo. 

Vila-Sanjuán suma por acumulación y clasifica con criterio periodístico –el tiempo ya dirá su opinión cuando proceda– las analogías que permiten sostener el discurso de que la auténtica Cataluña no se entendería sin estas referencias culturales en castellano, entre las que figuran episodios como las aportaciones de Enrique de Villena y Francisco de Moner –siglo XV–, pasando por Juan Boscán –aquel poeta gemelo de Garcilaso–, los cronistas del XVI y el XVII, los académicos del XVIII, los albores de la prensa –esa sucesión que va desde el Diario de Barcelona a La Vanguardia de Gaziel–, la capitalidad editorial de la Ciudad Condal, cuya existencia no se comprendería sin la gozosa tradición de las imprentas que ha estudiado Manuel Peña Díaz; proyectos editoriales como Destino, Barral, Bruguera o Planeta –fundada por el patriarca de los Lara, aquel emigrante de El Pedroso (Sevilla)– o la obra de escritores como Eugeni D´Ors, el sabio Martín de Riquer, la misteriosa Carmen Laforet, Juan Marsé, Eduardo Mendoza y Vázquez Montalbán, sin olvidar a artistas como Serrat o a personajes tan deslumbrantes como los Pániker

Sergio Vila Sanjuán / PLANETA

El periodista Sergio Vila-Sanjuán / PLANETA

Todos pertenecen –según Vila-Sanjuán– a la tradición de la cultura catalana “en castellano”, tan importante como la “cultura en catalán”, que es la única que ha valorado, amplificado –y subvencionado– el nacionalismo. El periodista plantea en su libro la necesidad de que ambas culturas convivan en igualdad de condiciones, pues las dos explican a la sociedad catalana. Una reivindicación loable pero cuyo punto de partida parece asumir (para matizarlo a continuación) la diferenciación nacionalista sobre lo que es (y no es) catalán. El planteamiento tiene lógica en el contexto en el que Vila-Sanjuán ha concebido su libro. Aunque, dados algunos estudios previos sobre el particular, como el excelente ensayo de Adolfo Sotelo sobre los intercambios entre los escritores catalanes y los del resto de España, nos preguntamos por qué perdura la necesidad de adjetivar fenómenos que forman parte de un único sistema cultural que es universal. Que no entiende de patrias y cuyo sujeto no es ningún pueblo, sino los individuos

Los particularismos categóricos, en cultura, son argumentos falaces. Sólo existe un ser humano. Ni la lengua ni la literatura deberían ser elementos de diferenciación entre tribus, sino puentes de aproximación. El lenguaje se inventó para comunicarse, no para reivindicarse. Y en el hecho literario, sobre el que tanto se ha escrito durante los siglos, nada ha cambiado, salvo las taxonomías del tiempo, desde las bases fundacionales establecidas por la Poética y la Retórica clásica. 

La cultura es un río con múltiples afluentes. El agua cambia, pero el río siempre es el mismo En la Otra Cataluña de Vila-Sanjuán nosotros vislumbramos la España civilizada que algunos llevan décadas tratando de silenciar en Cataluña, por fortuna sin éxito. La prueba es el enorme trabajo de acopio, acarreo y clasificación que ha hecho el autor desde el día en el que Pujol le dijo, al hilo de una conversaciónn sobre Eduardo Mendoza, “no és el mateix” (“no es lo mismo”) para referirse a la distinción (interesada) entre lo catalán y lo español. No sólo es lo mismo, sino que ambas tradiciones, en la medida en que forman parte de un acervo cultural común, son la misma. La lengua española, utilizada a ambos lados del Atlántico, tampoco se entendería sin el español de Cataluña, la variante del castellano que se habla en el Noreste de España, igual que en Andalucía se usa un español cuyas características son comunes con los hablantes del castellano de América.

Vila-Sanjuán, haciendo esta guía sobre la Otra Cataluña, ha escrito también, igual que Pierre Menard en el relato de Borges, un compendio sobre esa España que llamamos Cataluña. Un paisaje sentimental que en nuestro caso vemos desde el Sur y compartimos, no importa el lugar exacto donde estemos, todos los que hemos crecido leyendo los tebeos de Bruguera, las glosas de Xenius, los dietarios de Pla, las enciclopedias de Planeta, los premios de Seix Barral, los libros de Destino, los discos de Serrat, las novelas de Goytisolo, los poemas de Gimferrer, las columnas de Jack el Decorador –uno de los múltiples seudónimos del gran Vázquez Montalbán– y los cuentos de posguerra de Juan Marsé.

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