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Mario Vargas Llosa, uno de los dos autores en lengua hispana citados por el 'New York Times' / EFE

Ni en 'The New York Times' ni en Venecia

La poca relevancia de la literatura española a nivel internacional es preocupante

06.04.2019 23:39 h.
4 min

En la influyente lista anual de The New York Times sobre los cien libros más interesantes publicados en el año 2018, como es previsible y relativamente lógico, la mayoría son anglosajones; lo curioso es que entre los cien solo figuren dos que son obras de autores hispanos: uno de ellos es de un autor mexicano-norteamericano al que no tengo el gusto de conocer, y el otro es la novela Cinco Esquinas, de Mario Vargas Llosa, que es peruano; como también tiene la nacionalidad española se puede decir, si se quiere, que entre esos cien libros importantes figura uno español. Quien no se consuela es porque no quiere.

Desde luego que la lista del NYT no es el oráculo de Delfos, pero la inexistencia para el prestigioso diario y en general para la conciencia culta norteamericana del talento narrativo y la inteligencia abstracta de nuestros literatos y pensadores no es un dato del todo insignificante. Da que pensar.

Para la próxima bienal de Venecia (mayo-noviembre) cada nación dispone de su propio pabellón y lo llena como mejor le apetece, con las piezas o los autores de cuyos logros más orgulloso se siente. España cuenta con su pabellón nacional, uno de los 87 que participan en la bienal (en uno de ellos, bajo el apelativo Nordic countries, se reúnen Finlandia, Noruega y Suecia); además, entre los llamados Eventi Collaterali, contamos también con el pabellón de Cataluña, cosas del hecho diferencial y de las ganas de la Generalitat de gastar dinero, darse pote representativo y enviar a algunos paniaguados del Llull a darse unos paseítos por Venecia a costa de los presupuestos del Estado; pero cosas peores hemos visto y no vamos a hacer sangre con la política cultural de la Generalitat, no diremos ni palabra contra la consellera amarillista.

En la sección oficial, que es el núcleo del evento, se exponen obras de 79 artífices de muchos países, incluidos Kenia, Nigeria, Palestina e Irán, seleccionados por el comisario Ralph Rugoff bajo el título Ojalá vivas tiempos interesantes (una maldición, pues los tiempos interesantes son los turbulentos y trágicos). Ninguno de esos 79 es español.

Ni para el NYT ni para la bienal de Venecia existe la cultura que se hace ahora en España. Esto tiene una importancia relativa, pero desde luego quiere decir que algo se está haciendo mal, muy mal, en la promoción de nuestra producción cultural en el exterior y hasta diría que hay que replanteársela, si es que antes se ha planteado. Ya hace años percibí y escribí que el hecho de que la revista Time destacase en portada a Ferran Adriá como el gran creador español del momento, y el hecho de que fuese el único “artista” español invitado a participar en Documenta 12, acaso fueran muy buenas señales para la gastronomía española y la reputación de la creatividad de nuestros cocineros, pero suponía un clamoroso desprecio para el estamento cultural y para la imagen no estrictamente turístico-hedonista de España en el extranjero.

Tampoco es que esto tenga una trascendencia fenomenal pero todo son signos de un país que en temas de creatividad cultural es poco serio, poco solvente. Qué novedad, ¿no? Hablando de solvencia, tal como están las cosas, puede parecer que todo esto no tiene importancia alguna. Que parezca insignificante este problema, que a nadie le preocupe ni le interese: eso es precisamente lo preocupante

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