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José Emilio Pacheco/ OCTAVIO NAVA

Cuatro cuartetos al cubo

José Emilio Pacheco hizo un versión de los poemas de T.S.Eliot de gran calidad sonora, que no desatiende su contenido y que incluye anotaciones que explican su translación

12.02.2019 00:00 h.
7 min

La poesía mexicana, tan rica en valores sólidos, ha tenido y tiene --el último de los que voy a mencionar aún vive-- excelentes poetas traductores: Octavio Paz, Tomás, Segovia, José Emilio Pacheco, José Luis Rivas... Pacheco, Premio Cervantes, fue conocido en vida como traductor, pero la dimensión de su logro y empeño en esta tarea solo va a ser apreciada tras su muerte. En primer lugar, con la edición, en 2017, de su tanto tiempo anunciada versión (“aproximación” la llama él) de Cuatro cuartetos de T. S. Eliot. En segundo, y acaso de manera inminente, la muy ampliada edición de sus Aproximaciones, las versiones poéticas que estuvo haciendo a lo largo de toda su vida. Las publicará la mexicana editorial Era, igual que ha publicado Cuatro Cuartetos allá (en España lo ha hecho simultáneamente Alianza).

Pacheco estuvo trabajando en el poema eliotiano durante décadas, puliendo, corrigiendo, dando forma final a lo que no podía tenerla. Cuenta su hija Laura que dejó inédita la traducción completa (había adelantado secciones, y dado a la imprenta una primera tentativa completa en 1989) porque de algún modo sabía que mientras viviera seguiría retocándola, del mismo modo que intuiría que acabándola también su vida llegaría a su meta.

No pisaba desde luego terreno virgen: al igual que sucede con La tierra baldía, son varias las traducciones disponibles en español (las de Vicente Gaos, José María Valverde, Esteban Pujals, José Luis Rivas, Jordi Doce y Andreu Jaume). Pacheco no se arredró y se hizo con la más vasta bibliografía sobre Eliot y su poema, y sobre cualquier aspecto que sea tratado o aparezca en este, por ejemplo la ornitología. El resultado es una versión de gran calidad sonora que en absoluto desatiende a la raíz del contenido y que cuenta con el apoyo de una detallada anotación. Sobre Pacheco y Eliot escribe en su prólogo Luis García Montero.

Ts Eliot

El poeta T.S.Eliot.

Virtudes de los Cuatro cuartetos de Thomas Stearns Pacheco y José Emilio Eliot son un verso flexible y musical, amplia libertad para buscar soluciones en nuestra lengua y rimas que emulan las originales. Diferencias que pueden advertirse (no como fallos sino como estrategias que se pueden compartir o no) son la descomposición del verso largo inglés en otras unidades españolas, lo que multiplica el número de versos de la traducción y un empleo de la rima más papista que el papa, llegando a rimar por encima de lo que lo hace Eliot (sirva de ejemplo, el comienzo de la parte II de “Burnt Norton”).

Más que piar, chirría el pájaro que habla de usted: “encuéntrenlos, encuéntrenlos” (en la edición de 1989 traducía en singular: “encuéntralos, encuéntralos”). No siempre parece haber seguido Pacheco la máxima de JRJ “no la toques ya más, que así es la rosa”: The trilling wire in the blood / Sings below inveterate scars fue en 1989 “Canta la sangre en su alambrada / Bajo la cicatriz inveterada”, y es en 2017 “Canta la sangre en su alambrada, / Bajo la cicatriz, guerra olvidada”. Algo que parece un lapsus es la desaparición del v. 27 de la peculiar sextina de la sección II de “The Dry Salvages”: “Entre bancos de arena que no está erosionada,” era en 1989.

Eliot fue un poeta que en sus dos grandes composiciones, The Waste Land y Four Quartets (cuánto mejor suena este segundo título en español que en inglés) manejó como pocos las magnitudes de espacio y tiempo (preponderante el primero en aquella, el segundo en esta). Y tiempo y espacio se acuerdan en la construcción del verso, que es engañoso para quien no lea inglés, pues en un contexto general de verso libre inserta composiciones estróficas rimadas que pueden pasar desapercibidas.

Cuatro cuartetos, eliotNo para Pacheco, que las transmite con elegancia, como cuando al abordar “Little Gidding” transforma los dos ejemplos de rhyme royal (estrofas con rima ABABBCC), forma que empleó por vez primera Chaucer y en España usó san Juan de la Cruz, en sendas séptimas impecables que combinan endecasílabos y alejandrinos. “Eliot toma de san Juan de la Cruz las imágenes de la noche oscura, la llama y el fuego, y pretende alcanzar el éxtasis místico mediante la purificación  y la unión con Dios”, anota Pacheco, quien parafrasea al santo más veces. En muchas otras ocasiones está menos pendiente del corte de las estrofas y mete la tijera de modo que semeja arbitrario pero en definitiva responde a su libre albedrío, como cuando sustituye ciprés por tejo (y lo justifica en una nota).  

Reciente la polémica sobre los subtítulos de la película Roma, cabe preguntarse si no entorpecerá la lectura, para un español, el uso de algunos americanismos, sobre todo en la segunda persona plural del imperativo. Mi particular respuesta es la que podría haber dado sobre el largometraje de Cuarón, una perogrullada: la riqueza es riqueza, y siempre será mejor lo que tiene sabor que lo insípido, lo que tiene rasgos de lengua viva que la elaborada en laboratorio. En cualquier caso, es muy poco lo que podría considerarse aquí mexicano. Un lector culto español no solo no debe asustarse, sino que ha de agradecer, hallar registros que no son estrictamente los suyos. Aquí, el que ha hecho el esfuerzo es Pacheco, un trabajo superlativo que pone los Cuatro cuartetos en tres dimensiones, elevándolos al cubo.

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