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American Horror Story Cult

Cuando despertaron, Trump seguía allí

Ramón de España analiza la serie 'American Horror Story: Cult', que tilda de experiencia hipnótica

3 min

Ryan Murphy es, probablemente, el creador de series de televisión más perverso de los últimos tiempos. Lo empezamos a intuir con su primera propuesta, Nip/Tuck, donde la cirugía plástica servía como metáfora de una sociedad entre enloquecida y meramente imbécil. Disimuló un poco con Glee, serie para adolescentes que, leída entre líneas, también daba qué pensar sobre la psique de nuestro hombre. Con American Horror Story, el señor Murphy se decantó por el espanto y el grand guignol, cultivando un terror que iba más allá del susto y la angustia para llegar al fondo de nuestros temores más inconfesables. En su séptima temporada, que Fox emite desde hace unas pocas semanas, American Horror Story va más al fondo que nunca de esos temores y nos ofrece un espectáculo incómodo que fomenta el desasosiego. Hablando en plata, los niveles de mal rollo mental que alcanza Cult (Secta) me parecen absolutamente inéditos en la historia de la televisión.

La historia empieza tras el triunfo de Donald Trump en las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos. Sus principales protagonistas son una pareja de lesbianas, que temen un retroceso en sus derechos y deben pechar, además, con las angustiosas paranoias de una de ellas, que sufre horribles pesadillas, ve constantemente a unos payasos siniestros que pueden ser fruto de su imaginación o no y vive aterrorizada por unos vecinos siniestros que le hacen la vida imposible. El barrio vive atemorizado por unos asesinatos espantosos --a cargo de los payasos terroríficos, a los que el espectador, como la protagonista, también ve--, y aparecen personajes inquietantes por doquier: un policía que es amigo de los vecinos infernales, la cuidadora del hijo de las lesbianas y, sobre todo, un majareta con ganas de poner el mundo patas arriba que es quien parece estar moviendo los hilos de todo el horror que se desarrolla ante nuestra vista pasmada.

American Horror Story: Cult es una experiencia hipnótica. Y no es, sobre todo, una serie de terror inofensiva: genera malestar, se te queda muy mal cuerpo después de cada episodio y puede que no salgas del todo indemne cuando termine la temporada. Creo que debería dejar de ver esta serie y que no debería recomendársela a nadie, pero estoy totalmente enganchado a ella, aunque --y porque-- no tiene nada que ver con lo que el género ha dado de sí hasta ahora. Advertidos quedan.