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Pintura de siglo siete en la que aparecen tres reyes de la dinastía Tang

A vueltas con Corea

Un recorrido panorámico por la cultura coreana, una de las formas orientales de sabiduría presentes en la literatura, el cine y la industria creativa

17.12.2018 01:08 h.
9 min

El primer contacto que tuve con Corea fue la visita al Museo de Cerámica Oriental de Osaka, uno de los centros de cerámica más importantes del mundo. Allí está la colección Ataka, formada por mil piezas divididas entre 144 cerámicas chinas y 793 cerámicas coreanas. Adquiridas por la empresa Ataka & Co., cuando fue absorbida por el Banco Sumimoto, se donaron a Osaka, donde se construyó el Museo de Cerámica Oriental en 1980. Recuerdo ver en las salas a una mayoría de hombres con trajes caros y oscuros.

Eran hombres de negocios de las 21 empresas que formaban el holding Sumimoto, quienes contemplaban en silencio las cerámicas. Había una sala de piezas magníficas. Intenté datarlas pero eran tan extrañas y nuevas, y lo único que se me ocurrió es que las acababa de crear un artista contemporáneo. Eran coreanas y se habían hecho entre los siglos XII al XVII, el momento de auge de la cultura clásica coreana. Y yo no sabía nada de Corea. Me acordé de una anécdota de las clases de Claude Lévi-Strauss en la Sorbona. Contaba a sus alumnos la importancia definitiva del Renacimiento, cuando un alumno levantó la mano y preguntó: ¿perdone, me puede decir qué tengo que ver yo con el Renacimiento? Era coreano. 

El sueño de las nueve nubes de Kim ManjungMi segundo contacto fue también en ese primer viaje a Japón. Leí El sueño de las nueve nubes de Kim Manjung, publicada en la gran editorial Hiperión (la editorial Verbum ha dedicado varias décadas a la publicación de la literatura contemporánea coreana). Mientras en España se sucedía el barroco, la literatura clásica coreana creaba su primera novela moderna. Kim Manjung fue un escritor y político que formó parte de la clase Yangban, los nobles durante la dinastía Joseon, momento álgido de la historia y la cultura coreana. Gran conocedor del confucionismo y el budismo, construyó una novela con un tono profundamente budista que repasaba las tribulaciones del héroe Seong-jin en la China Tang del siglo IX.

La novela se planteaba la pregunta: ¿nos hace felices la vida que soñamos? Y narra el encuentro del joven monje con ocho doncellas. Seong-jin desobedece a su maestro y duda de las enseñanzas budistas por lo que recibe como castigo la reencarnación en hombre. Durante su viaje por la vida se encuentra con las hadas, también en forma humana, y cada una le muestra una faceta de la comprensión del valor fugaz y perecedero de su buena fortuna. Tal y como avanzan sus éxitos, comprende la verdad de la sabiduría de Buda: la realidad y los sueños son indistinguibles.

Desde mi primer viaje a Japón, en 2009, la industria cultural coreana se ha desarrollado de forma extraordinaria. El presidente Kim Dae-jung la favoreció con objeto de conseguir más dinero en un contexto de crisis y generar una identidad propia para el país. El boom y triunfo de las series corrió casi paralelo al de la música, y se fraguó la llamada ola coreana o hallyu, con la que se designa la popularidad de la cultura contemporánea desde mediados de los 90.

Así destaca el éxito de series, como Winter Sonata (2002), Jewel in the palace (2005), Fermentation Family (2011) y el fenómeno K-pop, que arranca con la unión de la música popular con estilos típicamente occidentales, como el pop y el techno. Para conocer más la industria cultural y del entretenimiento en la actualidad, se pueden seguir dos revistas. Koreana (en español) y Korea Exposé, especialmente crítica con “las modas y motivos” culturales del país, toda una anomalía dentro de una sociedad altamente encorsetada. 

Winter Sonata

Un fotograma de la serie Winter Sonata.

En nuestro país, el año pasado se publicó La vegetariana de Han Kang en la editorial Rata (avalada por el premio Man Booker en 2016 y varias polémicas sobre su traducción al inglés), una novela que dio visibilidad a la literatura coreana contemporánea, que de pronto, pareció tomar forma. El libro cuenta la historia de una mujer que decide no comer carne y lo que provoca dicha decisión. Destaca especialmente por la creación de un personaje principal, plano, sin desarrollo, tan vacío como la sumisión que representa, incapaz de luchar frente a una sociedad, la coreana, que lo supera. Pero, sobre todo, por la visualidad e iconocidad extremas, que proviene de la cultura audiovisual del cine coreano, otra de las representaciones culturales ampliamente apoyada por el gobierno. 

Los cinco cineastas más conocidos, Kim Ki-duk, Bong Joon-ho, Lee Chang-dong, Park Chan-wook y Hong Sang-soo, son considerados héroes nacionales en el país. Pero no ha sido siempre así, las cosas cambian a principios del siglo XXI, cuando el gobierno implanta un sistema de cuotas por el que cada sala debe proyectar películas coreanas 73 días al año, y crea el Consejo de Cine para ayudar a directores, festivales y gobiernos regionales y locales.

Grabado de la embajada coreana a Japón de 1655, atribuido a Kano Toun Yasunobu / BRITISH  MUSEUM

Grabado de la embajada coreana a Japón de 1655, atribuido a Kano Toun Yasunobu / BRITISH  MUSEUM 

En la actualidad, Corea, junto con China, ofrece el mayor apoyo a la promoción de las películas nacionales. Pero, ¿existen especificidades de las películas coreanas?, ¿qué hace que las películas coreanas sean coreanas? En primer lugar, un realismo nacional que comparten los directores anteriores y una priorización del estilo y la forma. También, el modernismo, de las películas de Hong Sang-soo y Kim Ki-duk, el primero a través de formatos innovadores y el segundo a través de la idea de la salvación a través del dolor físico. Tema que comparte, Yeonghye, la protagonista de La vegetariana, donde la salvación sería más una forma de reconocimiento, casi integración, en la sociedad coreana que acogería, por fin, su diferencia.

Y, finalmente, la influencia de Park Chan-wook temática y estilística a través del erotismo de lo anormal, la capacidad perturbadora y la caracterización de la violencia. Pero, sobre todo, a partir de la inversión del tema que articula su conocida trilogía de la venganza, Sympathy for Mr. Vengeance, Oldboy y Chinjeolhan geumjassi, o el tratamiento en negativo de la venganza, pues Yeonghye no la busca jamás, a pesar de la violencia con que la trata el contexto que la rodea. Lo que genera una gradación ascendente de inquietud, culpa y desasosiego en el lector. Y hace recordar las palabras de Hannah Arendt sobre Kafka, cuyos personajes se caracterizan por su buena voluntad y ausencia de culpa: “un ser humano de buena voluntad puede ser cualquiera”.