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Concha Velasco by Farruqo

Concha Velasco: 'Divina', en un oficio de tinieblas

La actriz, una de las grandes de la escena española, con 64 de carrera artística, ha encontrado en el teatro su particular verdad, una mezcla de dolor y risa

03.05.2018 23:55 h.
10 min

¡Valladolid, cuna de la belleza sobre el proscenio! Si pronuncian esta frase a modo de abracadabra, se les aparecerá Concha Velasco, cuando era La reina mora. Fue chica de revista con la inmortal Celia Gámez, zapateó con Manolo Caracol, estudió danza clásica, debutó en el Cuerpo de Baile de la Ópera de A Coruña y, a la hora del recuento, lleva más de 80 películas entre pecho y espalda. 

En una Ana Ozores de gran pálpito, Aitana Sánchez Gijón nos mostró a La Regenta, moviéndose sobre el camino emprendido mucho antes sobre las tablas por Núria Espert, en la Mariana Pinera de Lorca. Y ambas comparten entorchados con la Concha Velasco televisiva de Teresa de Jesús. España es una cantera de mujeres-genio en el arte de la dramaturgia. Nadie diría que  Emma Penella (La estanquera de Vallecas y señora de la serie Aquí no hay quién viva) fue una día la Fortunata de Angelino Pons y también la otra Regenta del inolvidable Gonzalo Suárez. ¿Y Charo López? Ah, la Clara, atormentada por la cacique Marina Sarmiento (Amparo Rivelles) en los Los Gozos y las sombras, de Torrente Ballester, inventor del realismo mágico español, junto a Perucho y Cunqueiro

Concha se sabe maestra del hechizo. Deja hacer sabiendo que, esta vez sí, la historia la absolverá. Atesora dos premios nacionales de teatro y guarda un Goya de Honor

Concha se sabe maestra del hechizo. No se corta pero tampoco presume. Deja hacer sabiendo que, esta vez sí, la historia la absolverá; y lo ha hecho concediéndole reliquias sin fin: atesora dos premios nacionales de teatro 1972 y 2016 y guarda un Goya de Honor; obtuvo la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y cinco Fotogramas, entre un montón de menciones. 

Antonio Gala escribió para ella obras como La truhana, Carmen, Carmen o Las manzanas del viernes y Marsillach le hizo a medida aquel inolvidable Yo me bajo en la próxima ¿Y usted?. A Fernán Gómez, el monstruo, se lo comía con los ojos, solo eso. Concha es una actriz de las que anteceden a los papeles creados a su medida. Es anterior a la Carmen musical de Gala, como la Xirgu anticipó con su gesto a la Pineda liberal y andalucista antes de que la escribiera el poeta, o como Sarah Bernardt fue anterior a la Salomé de Oscar Wilde. No son comparaciones exageradas, más allá de cómo retumben los mitos en nuestros oídos. 

Ella también es Divina, pero no espera peregrinaciones para su anunciado adiós; se va despidiendo de la escena con un rictus que mezcla temeridad y rigor, las dos cualidades exigidas por Stanislavski

El arte también en anterior a la ciencia: la dualidad y la paranoia se dibujan ante nuestros ojos en los personajes de Stevenson, Flaubert o Tolstoi; y, en el teatro isabelino, Shakespeare perpetró la invención de los humano. Cuando Bernardt presentó la Iphigenia de Racine en París, los encopetados maestros de la Academia de la Ciencia estaban sentados en el patio de butacas. Era el momento de los descubrimientos; el planeta se abría en un atlas geográfico, mientras la dramaturgia develaba los lindes interiores del corazón, gracias a Berenice, a Cleopatra o a la propia Iphigenia, todas antecedentes de las heroínas en ciernes, como Emma Bovary, la duquesa Sanseverina, la señora Dolloway o nuestra Ana Ozores. Desde la noche de aquel estreno, Bernardt fue un conejillo de indias de estratosférica extravagancia. Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, tuvo toda su vida una foto de la actriz sobre la mesa de trabajo ¿Qué vio? Descubrió, creo, el rostro de la fragilidad, el dintel que enmarca  la puerta del dolor y del placer humano. Del mismo modo, la larga carrera de la Velasco indica su capacidad infinita de hacer reír y llorar. Ella también es Divina, pero no espera peregrinaciones para cumplir con su anunciado adiós; se va despidiendo de la escena de poco en poco, digamos que lo hace a la castellana con un rictus que mezcla temeridad y rigor, las dos cualidades exigidas por Stanislavski

Su penúltimo adiós fue de la mano de su hijo, el dramaturgo Manuel Marsó Velasco, que estrenó con Antonio Resines  El funeral en el teatro Calderón de Valladolid el pasado 16 de marzo. Ella le llama “mi cómplice desde que nació” y casi se funde de emoción al recapitular seis décadas sobre las tablas. Concluye así: a lo mejor “me corto la coleta”. Lo suelta para que los incrédulos nos hagamos a la idea. Pero son legión los que confirman el arrastre sin fin de esta mujer que no lo dejará si no la obligan las candilejas al estilo de aquel torero, maestro del natural y Faraón de Camas

Concha es hija de las tablas y hermana del celuloide. Velasco es, además de todo, una permanencia, como lo fue Fernán Gómez

Concha es hija de las tablas y hermana del celuloide. Pero me inclino por pensar que le interesa sobre todo lo que huele  a Celestina, Miguel Miura, Buero Vallejo o Jacinto Benavente. Ella sabe que el Madrid dramático de hoy conserva el estigma de los Ramones (Valle y Gómez de la Serna). Sobre los adoquines del Barrio de las Letras o por las aceras de Gran Vía, uno puede imaginar que cruza su mirada con una mujer insondable de ojos negros. Podría ser Concha y aunque hayas visto alguna vez Cine de Barrio en TVE o Las chicas del cable, el castillo no se desmorona. Velasco es, además de todo, una permanencia, como lo fue Fernán Gómez, en los rendez vous televisivos de café y copa, antes de sus portentosas memorias, resumidas en El tiempo amarillo.

El ruido político y el tráfico son una matraca pertinaz hasta que  se apagan las luces y se encienden las medias luces de las bambalinas. Es en la escena donde empieza todo. La metáfora del mundo es la mejor expresión de su verdad. Sea en el Paralelo barcelonés del Ven y ven..., en el Romea y el Poliorama de las Ramblas o en los aforos madrileños, como el Compac Gran Vía, en el Real, en el Lope de Vega o en el Español de la calle Príncipe, antiguo corral de comedias, el espacio escénico más grande del mundo. Concha lo ha pisado todo: el Lope de Sevilla (inaugurado en la Expo del 29 y sede actual del Festival de Música Antigua); el Cervantes de Málaga; el Góngora de Córdoba; el Campoamor de Oviedo; el Jovellanos de Gijón... Los que se suben saben que si la sensualidad se disfraza acaba siendo zalamera, pero pocos reconocen que para quien afronta el dolor y la risa, como lo ha hecho la Velasco, el arte es sencillamente el mejor lenitivo

No la llamaría versátil, que es como llamarle pillo a Marcello Mastroianni. A Concha la llamaría sabia, lo que es

La Concha de La Colmena en el papel de iza callejera o la que evoca a sus tías carnales, sombrereras en la Plaza Mayor de la capital del Pisuerga, la voz lanzada del teatro de texto, su Hécuba total, el susurro en el cine intimista, el jolgorio hispano de Tony Leblanc, son la misma. No la llamaría versátil, que es como llamarle pillo a Marcello Mastroianni, porque supo compaginar Sostiene Pereira, Ojos negros y la Dolce Vitta. A Concha la llamaría sabia, lo que es.