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Boole y Borges, demiurgos del ciberespacio

Boole y Borges, demiurgos del ciberespacio

El matemático y el escritor predijeron que nuestro mundo estaría dominado por la red de redes

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Abrimos Google. Tecleamos "pensadores revolucionarios de los dos últimos siglos". Aparecen algunos nombres: Gandhi, Mandela, el Che, etc. Borges ni aparece pese a tener 87.100.000 entradas. Seguimos con la búsqueda individualizada de algunos más: Marx, 83.100.000 resultados; Lenin, 37.400.000 ¿Realmente fueron tan revolucionarios para nuestra sociedad? George Boole apenas tiene 2.150.000 entradas, y a él le debemos el mundo digital que continuamente altera nuestra realidad.

Boole era un pensador autodidacta con valores liberales, una especie de freelance del XIX de los que le sumaban horas al día quitándoselas a la vida simplemente para calmar la curiosidad. En 1854 llegó a formular la lógica del 1 y el 0. Redujo su álgebra a estas dos cifras para no indicar cantidades, sólo mostrar presencia (1) y ausencia (0). En base a un simple cálculo de primaria (uno por uno es siempre uno y cero por cero es siempre 0) desarrolló todo un teologúmeno. Según el matemático y filósofo, la nada es sólo el cero, y el cero estaba con Dios, que era el uno. Y por medio de ellos fueron hechas todas las cosas, entre otras la vida, la luz de la humanidad. Una luz que se convierte en cero cuando se apaga, cuando deja de existir.  Una teoría sencilla que dio lugar a algo tan complejo como el ciberespacio. Su sistema binario posibilitó digitalizar la vida a partir de los dos niveles de voltaje con los que operan la ciencia de la computación: contacto cerrado, el 0; contacto abierto, el 1.

En la génesis booleana a partir del cero, de la nada, de la no corriente se origina un nuevo mundo, una copia “mejorada” de la realidad, como el creado por Borges en el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. En el relato, una sociedad secreta del siglo XVII se organiza para inventar un país imaginario. Tras dos siglos la idea es retomada por un millonario excéntrico, Ezra Buckley, quien no se conforma con un espacio acotado por fronteras y sugiere crear todo un universo ilimitado al que llamaría Tlön. Sus preceptos, su historia y su lengua se recogerían en A First Encyclopaedia of Tlön, cuyo tomo XI el protagonista llega a encontrar en un hotel. A partir de ahí, Borges detalla como un clarividente diversos aspectos de Tlön íntimamente ligados con la realidad cibernética que vivimos hoy. Boole crearía el mundo binario, pero Borges escribió sus estatutos.

Predicción cumplida

En Tlön el materialismo es una herejía, ya que presupone la existencia de lo material y lo material no tiene cabida en la ficción. Los habitantes son parte de una divinidad indivisible, todo son creadores como en la red de redes. Consideran al idealismo como el sentido común, concretamente la filosofía de George Berkeley (1685-1753), un pastor que propugnaba que cuando se habla de un objeto real, verdaderamente se habla de la percepción del mismo. Como en el ciberespacio, en Tlön los objetos no son sino haces de percepción, y al fin y al cabo es esto lo que perdura en el tiempo, el recuerdo. Un tiempo que tampoco existe. Los conceptos, las ideas nunca caducan ni en Tlön ni en la web.

Borges conjeturaba que la tierra se convertiría en Tlön en pocas generaciones. El mundo virtual al que antaño sólo era posible acceder descifrando caracteres en un libro, ahora se sincretiza y actúa sobre nuestras vidas como las novelas de caballería de El Quijote, solo que son las computadoras las que hoy día decodifican los algoritmos para proyectar en pantallas la vida que nos hacen desear. Como contempla la letra de un tema de Antonio Vega: "Bienvenido a la oscuridad, donde la luz no deja de brillar [...] / Bienvenido a la creación, a la quietud, al lento contemplar. / Ilusión de un mundo mejor, donde el temor se desvanece entre nubes de vapor / Abre bien los ojos / es la hora de aprender./ Eres el cerrojo / y eres tú la llave también".