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Imagen de la serie israelí 'Black Space' / NETFLIX

Los unicornios asesinos

La serie israelí, 'Black Space', no habla del conflicto de siempre con Palestina, y mezcla el thriller con el drama adolescente ideal para el consumo masivo

5 min

Aunque solo aparezca en la prensa por sus tanganas constantes con los palestinos, Israel es un país en el que pasan otras cosas y cuya industria audiovisual no está dedicada en su integridad a historias de mala vecindad y fundamentalistas hasídicos. En Israel hay espacio para series policiacas solventes y adictivas como Black Space, que acaba de colgar Netflix tras su exitoso paso por un canal local y cuyos ocho episodios son ideales para un fin de semana de encierro y relajación (no hace falta que llueva en el exterior, en la ciudad hebrea donde sucede la acción hace un sol de justicia todo el rato, aunque no sirva para iluminar la negritud que preside la existencia de casi todos los personajes de la serie).

Creada por Anat Gafni y Lahar Shavit y dirigida por Ofir Lobel, Black Space parte de una de esas premisas más propias de la sociedad norteamericana que de cualquier otra en el mundo: la masacre en un instituto, durante el Día de los Caídos, a cargo de cuatro sujetos armados con pistolas, vestidos con monos negros y ocultos tras máscaras de unicornio, animal que, en teoría, simboliza la bondad y la pureza. Se hace cargo del asunto el inspector Rami Davidi (Guri Alfi), quien enseguida descarta la posibilidad de que los responsables de la ejecución de los cuatro alumnos del instituto Hermitage sean los tres trabajadores palestinos que la policía encuentra escondidos en la azotea del edificio (aunque sus mandos insisten en la excusa política y hacen todo lo posible por demostrar que esos tres infelices son de Hamás o de Al Fatah).

Para Davidi, estamos ante lo que los gringos llaman un inside job; es decir, que los asesinos son cuatro estudiantes del centro que, por los motivos que sean, han escogido cuidadosamente a otros cuatro compañeros para eliminarlos. Una vez aceptada esa hipótesis, a Davidi le endilgan a una inspectora de menores, Morag Shmel (Reut Alush) para que le eche una mano y se cree la típica dinámica de la pareja de polis que empieza su relación de la peor manera posible para ir mejorando capítulo a capítulo.

Aunque no está exenta de tópicos, sobre todo en lo relativo a los personajes adolescentes --aunque es de agradecer ver a unos chavales que, en vez de pasarse el día meneando la cabeza ante la Torah, se dedican a beber y a drogarse como sus congéneres del resto del mundo civilizado--, Black Space (nombre de una web para mensaje cifrados de la red oscura a la que recurren asesinos y amigos de los asesinados) se revela como un thriller eficaz y, en cierta manera, normalizador: se agradece que en un producto israelí no se trate prácticamente el conflicto palestino ni aparezca ningún rabino. Podrá argüirse en su contra que Black Space es una serie americanizada e ideal para el consumo masivo, pero no me parece que ninguna de ambas cosas resulte especialmente perniciosa. Mezcla de thriller y drama adolescente, Black Space puede satisfacer a los consumidores de ambos géneros, aunque sin constituir un dechado de originalidad en ninguno de ellos.

Guri Alfi sostiene la serie prácticamente en solitario en su papel –no muy original, pero sí muy creíble gracias a su interpretación contenida, que no letárgica, nada que ver con Mario Casas en El inocente- de poli con problemas: se quedó tuerto durante una pelea en ese instituto que ahora debe investigar y que solo le trae malos recuerdos, el ojo de cristal no para de darle problemas a lo largo de toda la trama, su mujer está embarazada y la perspectiva de ser padre le provoca una mezcla de angustia y horror. A dos episodios del final, no sé si se va a liar con la inspectora Morag Shmuel, pero se advierte cierta tensión sexual entre ellos.