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La historia de Cataluña en 20 momentos: de la Marca Hispánica al 1-O

La Renaixença sentó las bases del nacionalismo actual, tras varios siglos de decisiones desatinadas que mermaron el poder que había adquirido la Corona de Aragón

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Cataluña vive un momento histórico, al margen de la legalidad del referéndum de este 1 de octubre. Los orígenes de esta tierra se remontan al siglo IX, cuando la Marca Hispánica separaba el imperio de Carlomagno de la Península, musulmana. En esos momentos ya se hablaba catalán, aunque el primer documento en esa lengua, Les Homilies d’Organyà, es del siglo XII. La literatura catalana se convierte en referente con autores como Ramon Llull y novelas de caballerías como Tirant lo Blanc (1490), “el mejor libro del mundo”, según Miguel de Cervantes.

Tras la expulsión de los musulmanes, Cataluña comienza su expansión: surge la Corona de Aragón. Pero el descubrimiento de América y el cambio en la actividad comercial del Mediterráneo al Atlántico provocaron el descenso de la importancia económica y política de la región. Luego llegaron la Guerra dels Segadors (1640-59), donde, aunque Cataluña mantuvo la autonomía, perdió territorios a favor de Francia. Tampoco le salió bien la apuesta por Carlos III frente a Felipe V en la Guerra de Sucesión (1705-14). Aquí sí: Cataluña perdió las libertades. Fue el fin de la Corona de Aragón.

La revolución industrial

Cataluña empezó a recuperarse en el siglo XVIII, con la revolución industrial, y siguió en el XIX —pasado el susto de las guerras Napoleónicas—, siendo el territorio a la vanguardia de la industrialización en España y viviendo el inicio de un movimiento de resurgimiento romántico en la lengua y cultura catalanas, representado sobre todo por Antoni Gaudí. Es la Renaixença. Y sienta las bases del nacionalismo catalán, mientras la clase trabajadora se radicaliza, descubre el socialismo y protagoniza brotes ocasionales de violencia anarquista.

El nacionalismo catalán se refuerza con la Lliga Regionalista, un partido conservador fundado en 1901 y cuyo líder, Enric Prat de la Riba, se proclamó primer presidente de la Mancomunitat en 1913, un autogobierno conjunto limitado de las cuatro provincias catalanas. Un autogobierno suprimido en 1925 por la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Poco después, en 1931, los republicanos ganaron las elecciones mientras se instauró la Segunda República en España. Francesc Macià proclamó la República Catalana, que solo duró tres días, hasta que acordó con el Gobierno la restauración (solo nombre y símbolo) de la Generalitat.

La situación en España no mejoró y el general Francisco Franco perpetró un golpe de Estado que derivó en la Guerra Civil (1936-39). Barcelona, el gran bastión republicano, fue la última en caer. Este conflicto derivó en una dictadura de 40 años que todavía colea, y que supuso la supresión de la autonomía catalana. Miles de activistas se marchan al exilio. El presidente de la Generalitat Lluís Companys entre ellos: murió fusilado en Montjuïc. La apertura de España en la segunda parte de la dictadura benefició también a Cataluña en lo económico. Muerto Franco, llegó la Transición. Y la Constitución, hoy tan cuestionada. Y la integración europea —CiU apoya los gobiernos en minoría españoles—. Y los Juegos Olímpicos.

La visita de Mas a Rajoy

El punto de inflexión aceptado como el inicio de la situación actual se produjo en 2010, después de que el Tribunal Constitucional anulase 14 puntos clave del nuevo Estatut d’Autonomia. Sin embargo, el desgaste no llegó de un día para el otro; viene de lejos.

De hecho, no es hasta 2012, después de una visita del entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas (CDC), al presidente español, Mariano Rajoy (PP), cuando explota el nacionalismo. El representante catalán llegó a la Moncloa con una petición de pacto fiscal que el máximo cabeza del Ejecutivo desestimó por ser “contrario” a la Constitución.

La reunión se produjo a finales de septiembre. Pero en la Diada de ese mismo año, el independentismo azuzó a sus bases para que saliesen a la calle como muestra de fuerza con la que presionar a Rajoy. La negativa del presidente español, además del discurso del expolio fiscal y los recortes del Estatut, unidos a un gran aparato propagandístico y una buena coordinación de los actores implicados, han mantenido viva la llama de la independencia hasta ahora, aunque con retroceso, según las encuestas, los recuentos y los resultados electorales.

El segundo 'butifarréndum'

Entretanto, Mas convocó un butifarréndum el 9N de 2014 por el que le reclaman ahora más de 5 millones de euros. En este periodo, además, Convergència (hoy PDeCAT, tras su refundación para escapar de la mancha de la corrupción) ha perdido muchos diputados en el Parlament. Por ello, se ha unido a ERC en una lista conjunta y se ha puesto en manos de la CUP para mantenerse en el poder.

Un radicalismo que ha derivado en la convocatoria de un nuevo referéndum, aprobado al margen de la legalidad, con menos garantías que el anterior, pero de consecuencias mucho más graves para la sociedad y para la política del país. Es un pulso que nadie sabe cómo terminará. Entre otras cosas, porque ni los mismos impulsores se ponen de acuerdo sobre la gestión del resultado: ¿proclamación de la independencia en 48 horas? ¿Elecciones para conseguir más del 50% de los votos y actuar después? ¿Un proceso constituyente de máximo seis meses? El diálogo no es una opción a estas alturas. Pero necesariamente lo será a partir del 2-O.