Stalingrado: 75 años de la batalla más sangrienta de la historia

El conflicto que comenzó a cambiar el signo de la guerra dejó dos millones de muertos y supuso un notable revés para las tropas de Hitler

75 años de la batalla de Stalingrado
01.02.2018 00:00 h.
4 min

Número redondo para conmemorar la pelea más sangrienta de la historia. Este 2 de febrero se cumplen 75 años del fin de la batalla de Stalingrado (actual Volgogrado), la más dura de la Segunda Guerra Mundial. Las tropas soviéticas vencieron entonces a la fuerza invasora de Adolf Hitler en el río Volga. El conflicto dejó dos millones de muertos.

Para cuando los alemanes llegaron a Stalingrado (600.000 habitantes), ya habían penetrado 1.000 kilómetros en tierras soviéticas y estaban a punto de controlar las zonas petrolíferas del Cáucaso. Fue entonces cuando Hitler decidió mandar una parte de su ejército hacia la principal ciudad industrial y, por tanto, el objetivo clave para conquistar el sur de la Unión Soviética. Hitler quería borrar también todo rastro de Stalin.

Paulus contra Chuikov

Al mando del 6º Ejército alemán estaba el general Friedrich Paulus, un estratega de mesa pero que nunca había dirigido un regimiento; los 330.000 soldados que destinó allí el líder nazi el 17 de julio de 1942 toparon con la resistencia local, dirigida desde el frente por el general Vasili Chuikov. El ataque alemán empezó el 23 de agosto; el contraataque, a finales de noviembre. Y comenzó a cambiar el signo de la guerra.

La Unión Soviética decidió no evacuar Stalingrado, en un movimiento clave para que los soldados se sintieran arropados y asumiesen que luchaban por algo más que por unos escombros. Ello fue clave, pero también el Volga, que cruza la ciudad e impidió a los nazis rodearla. A cambio la bombardearon. Y mataron, mucho. Pero sus tanques, ideales para la lucha en campo abierto, fueron una trampa en la urbe derruida.

Frío, falta de recursos y el avance local

Chuikov apostó por la táctica de abrazar al enemigo, y colocó a sus soldados estratégicamente en edificios convertidos en fortalezas y en la zona de desembarco del Volga para ralentizar el temido avance alemán, nada acostumbrado al enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Y le salió bien.

El 24 de noviembre, pocos días después del inicio de la contraofensiva soviética, Hitler prohibió a sus soldados el abandono de la ciudad y ordenó que les entregasen suministros por vía aérea. Fue insuficiente. En diciembre, el 4º Ejército Panzer alemán trató de romper el cerco soviético de la ciudad. Fue incapaz. El frío, la falta de recursos y el avance soviético lograron la rendición de los remanentes del 6º Ejército.

Dos millones de muertos

Como en cualquier guerra, todos perdieron. En las potencias del Eje (alemanes, rumanos, italianos y húngaros) se contaron más de 800.000 muertos, heridos, desaparecidos o capturados; de los 91.000 prisioneros, menos de 6.000 regresaron a los países de origen. El resto falleció en la prisión soviética y en campos de trabajo.

En el bando soviético, los historiadores militares rusos estiman que al menos 1,1 millones de integrantes del Ejército Rojo perdieron la vida, o quedaron heridos, o desaparecieron, o fueron capturados en la batalla. También murieron 40.000 civiles.

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