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Los 40 años de las Voyager 1 y 2 por el espacio

Las dos naves, que incluyen sonidos e imágenes de la Tierra, se comunican a diario con la NASA mientras exploran un mundo desconocido

09.08.2017 00:00 h.
4 min
Los 40 años de las naves Voyager por el espacio

Son las naves humanas más antiguas y las que han llegado más lejos. Las Voyager 1 y 2 llevan 40 años explorando el universo, portando imágenes y sonidos de la Tierra en un disco dorado y comunicándose a diario con la NASA.

Los lanzamientos tuvieron lugar en el verano de 1977, en un momento de alineación favorable de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. La Voyager 1, lanzada el 5 de septiembre, es la única nave que ha entrado en el espacio interestelar; su hermana, lanzada el 20 de agosto, es la única que ha volado por esos cuatro planetas exteriores. Las hemanas han explorado todos los planetas gigantes de nuestro sistema solar externo; 48 de sus lunas, y el sistema único de anillos y campos magnéticos que poseen estos planetas.

Los grandes descubrimientos

Gracias a ellas, sabemos que hay volcanes activos más allá de la Tierra, en la luna Ío de Júpiter; que hay evidencias de un océano subterráneo en la luna Europa del mismo planeta; que hay una atmósfera parecida a la nuestra en la luna Titán de Saturno; que Urano tiene un satélite helado, Miranda, o que en la luna Tritón de Neptuno hay géiseres fríos y helados.

Las hermanas Voyager dejaron los planetas atrás hace tiempo y ninguna de ellas se acercará a otra estrella durante 40.000 años. Pero continúan mandando observaciones sobre las condiciones en que disminuye la influencia de nuestro sol y empieza el espacio interestelar.

Diferencias espaciales

La Voyager 1 está a 21.000 millones de kilómetros de la Tierra. Viaja a través del espacio interestelar hacia el norte. Allí los rayos cósmicos son cuatro veces más abundantes. La Voyager 2, a 17.700 millones de kilómetros, viaja hacia el sur. Su entrada en el espacio interestelar permitirá a los científicos comparar las dos regiones.

Nadie sabía, hace 40 años, que seguirían funcionando hoy. Pero al estar preparadas para la fuerte radiación de Júpiter, lo están también para los viajes posteriores. Cada Voyager tiene sistemas redundantes que permiten que la nave cambie a la reserva autónoma si es necesario; y tres generadores termoeléctricos.

Sin riesgo de impacto

El espacio está casi vacío, por lo que no corren riesgo de impacto por objetos grandes. Eso sí, los científicos están atentos a las nubes de material diluido que cruza la Voyager 1, restos de estrellas que explotaron hace millones de años, piezas clave en la investigación. Es probable que en el próximo lustro encuentren algo totalmente.

La energía de las naves disminuye cada año, por lo que los ingenieros aprenden a operarlas bajo restricciones de potencia cada vez más estrictas. Necesitan para ello a expertos en el diseño de la tecnología de los años 70 del siglo XX. Los miembros del equipo estiman que tendrán que apagar el último instrumento científico para 2030. Pero segurián su trayecto en silencio.

Las naves podrían durar miles de millones de años. Un día tal vez serán las únicas huellas de la civilización humana.

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