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Entrada principal al mercado de Sant Antoni

El renacer de un icono modernista, otro desafío cumplido de Sacyr

El mercado de Sant Antoni cuenta con la mayor instalación termoactiva de España y se impone como ejemplo de edificio sostenible y eficiente

11 min

Acceder por cualquiera de las cuatro imponentes entradas al mercado de Sant Antoni es adentrarse en una obra de arte arquitectónica e ingenieril. Conformado por cuatro espacios triangulares y un gran octógono central, la lonja dibuja una curiosa forma de cruz a lo largo y ancho de una manzana entera del Eixample barcelonés. Sus cubiertas altas y las fachadas acristaladas permiten un interior bañado de luz cenital. 

Su reforma integral, que incluyó la construcción de cuatro plantas bajo rasante, lo ha situado como referente de sostenibilidad, eficiencia en la remodelación, y modernización de un edificio. Fue todo un desafío para la compañía Sacyr que asumió este ambicioso proyecto, y por el cual fue premiada como mejor obra de rehabilitación por la Asociación Cientifico-Técnica del Hormigón Estructural

Después de su reinauguración, hace algo más de un año, y tras haber estado casi una década en obras, este edificio vuelve a erigirse brillante y señorial, como centro neurálgico del barrio, del mismo modo que lo fué durante más de 100 años. Esta vez, de la mano de la compañía constructora, que lo ha hecho renacer totalmente adaptado a los nuevos tiempos. 

Una de las cubiertas del Mercado de Sant Antoni
Una de las cubiertas del mercado de Sant Antoni
El mercado de Sant Antoni tras su reapertura
El mercado de Sant Antoni tras su reapertura

Una nueva supermanzana

El jefe de obra de Sacyr Ingeniería e Infraestructuras del mercado de Sant Antoni, Pedro Carrera, recuerda que el inmueble original consistía principalmente en una planta central a pie de calle donde se encontraba la venta tradicional de productos frescos. “Todo lo que ahora son espacios abiertos o plazas abiertas al público, eran unos zonas completamente cerradas, donde se realizaban todas las descargas de materiales, productos, y aparcamiento logístico. Desde el punto de vista de la accesibilidad, al tener 140 años, no cumplía con las normas actuales”, señala Carrera.

De este modo, --agrega el jefe de obra-- el nuevo edificio ha pasado de tener cuatro accesos a tener 16 en la planta baja, todos adaptados y cumpliendo con las normas vigentes de accesibilidad. Asimismo, se eliminaron las antiguas pérgolas que lo rodeaban para crear cuatro zonas triangulares que unieran esta super manzana del Eixample.“Hemos dotado de mejor calidad de vida al vecindario, principalmente porque todo lo que antes eran las basuras, ahora se encuentran en la planta -3, así como toda la zona de aparcamientos y logística. Se evitan a los ruidos en la calle a altas horas de la noche que es cuando normalmente se realizan todas las descargas”.

 Más espacio y más versátil

En la planta principal están las tres zonas de venta al público de toda la vida: los encantes, el fresco y el dominical; con más espacio y paradas más grandes. Por supuesto, sigue el rastro dominical de libros que siempre lo ha caracterizado, situado en la parte exterior, y protegido por unas marquesinas extensibles.

Además, este icono del modernismo catalán, cuenta ahora con una superfície construida de 37.000 metros cuadrados más de los que tenía originalmente. En total, son 47.400 metros cuadrados repartidos en cinco plantas, cuatro de ellas subterráneas. Sacyr Infraestructuras se hizo cargo de excavar más de 180.000 metros cúbicos de tierra para la edificación de cada nivel.

“La construcción de estas cuatro nuevas plantas sótano incluye una zona comercial completa integrada en el mercado: un supermercado y un gimnasio”, explica Carrera. Estas novedades se adaptan a los conceptos actuales de los mercados modernos. “ Se ha integrado a la perfección dentro de un mercado tradicional una gran superficie comercial. Esto permite al usuario comprar el producto fresco de toda la vida además de tener la posibilidad de adquirir el resto de los productos sin tener que moverse del edificio”, prosigue Carrera.

Zona ampliada del mercado de Sant Antoni
Zona ampliada del mercado de Sant Antoni

Zona de aparcamiento sostenible

Otro de los aspectos destacables que la compañía ha realizado con la remodelación, es la zona de aparcamiento para los clientes. Situada en las plantas menos dos y menos cuatro, consta de una superficie útil de 14.239 metros cuadrados y una capacidad de 398 plazas para turismos, incluyendo 10 estacionamientos para personas con movilidad reducida.

También dispone de siete plazas para vehículos eléctricos y 102 para motocicletas, de las cuales 8 son para modelos eléctricos.“ La posibilidad de acceder con el coche facilita mucho la comodidad y garantiza el acceso a todo tipo de personas”, señala el jefe de obra.

Hallazgo del baluarte de Sant Antoni

Sin embargo, llegar a este punto, supuso un enorme desafío para Sacyr Ingeniería ya que tendría que integrar, además, parte de la historia medieval de la ciudad en sus entrañas. Durante las obras, se encontró inesperadamente una parte enterrada del baluarte de Sant Antoni, su correspondiente contraescarpa  y parte de la Vía Augusta romana con sus vias de centuriación. “Cuando ejecutamos la primera fase de cimentaciones profundas, ya éramos conocedores de la existencia del vestigio romano. La sorpresa vino cuando empezamos a excavar más profundamente para empezar a hacer los cuatro sótanos, cuando aparecieron muchos más metros lineales de contramuralla y los restos romanos”, explica Carrera.

Este hallazgo hizo que la obra tuviera que replantearse completamente para poder integrar los restos arqueológicos. Así, una reforma que estaba prevista para cinco años, se alargó hasta ocho años. La constructora tuvo que apear provisionalmente 400 metros cuadrados de Vía Augusta Romana y casi 80 metros lineales de contramuralla. “Se decidió mantenerlos, además se encontraron ruinas romanas del siglo I antes de Cristo, incineraciones  e inhumaciones”, añade Carrera.

Integración de los restos arqueológicos

Lo primero que supuso el hallazgo fue que el departamento de Arqueología y Patrimonio y el departamento de Mercats de Barcelona -ambos pertenecientes al ayuntamiento- tuvieron que llegar a un acuerdo sobre qué cantidad de metros mantener de estas ruinas, ya que no todos los 2.000 metros cuadrados que existían tenían la misma importancia. Carrera explica que finalmente llegaron al mejor acuerdo posible: “Integrar dentro del propio edificio todos los restos arqueológicos sin que llegue a afectar a la propia funcionalidad del mercado.”

El desarrollo de este complejo proyecto de ingeniería dio como resultado un perfecto equilibrio entre la preservación de la historia y la adaptación de los avances más punteros. Hoy se puede pasear por el mercado, haciendo un maravilloso recorrido histórico. Contemplando un tramo de la legendaria Vía Augusta o el Baluarte de Sant Antoni, el que fuera la puerta de entrada de reyes y nobles en la Barcelona medieval.

Apuesta por la eficiencia energética

Convertir un edificio del siglo XIX en un edificio sostenible que aproveche la energía es uno de los mayores retos que ha afrontado la constructora en este proyecto. Para ello, la empresa apostó por la geotermia: “Se trata de aprovechar la temperatura del subsuelo a lo largo de todo el año para que esta sea la fuente de climatización del edificio. De este modo, se usa una energía renovable y gratuita, acorde con los valores medioambientales”, apunta Carrera.

Esta es, sin duda, la mayor obra de cimentación termoactiva que se haya llevado a cabo en España. Hubo que instalar intercambiadores geotérmicos en los muros pantalla que dotan al edificio de una climatización de 600 kw térmicos. Los muros se instalaron a 40 metros de profundidad, por lo que se rebajó el terreno a más de 10 metros a partir bajo el nivel freático. 

Uno de los cuatro espacios ampliados del mercado de Sant Antoni
Uno de los cuatro espacios ampliados del mercado de Sant Antoni

140 años de historia                                                                                                                                                              

Se inauguró el mismo año que empezó a construirse la Sagrada Familia, 1882, en una Barcelona en plena efervescencia industrial. La ciudad empezaba a dejar atrás los problemas por la insalubridad que generaban sus estrechas calles y abrazaba, desde 1860, un proyecto urbanístico para ensancharse e higienizarse. 

El mercado de Sant Antoni ya se contemplaba en el Pla Cerdà, aunque finalmente fue Antoni Rovira i Trias el arquitecto que se hizo cargo del proyecto. El edificio, igual que la Torre Eiffel, era parte de la corriente de la arquitectura del hierro, que utilizaba nuevos materiales llegados con la revolución industrial. Hierro, acero laminado, hormigón y vidrio eran los materiales con los que empezaba a construirse el futuro. 

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El mercado de Sant Antoni a principios del siglo XX