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Menorca: un museo al aire libre

Vueling te lleva a la isla bonita del Mediterráneo, que esconde innumerables espacios naturales protegidos y guarda, como si fuera un tesoro esperando a ser descubierto, multitud de rincones secretos y leyendas mágicas

Fernando Baquero

Cultura y tradición

El pasado de Menorca se respira en cada rincón de la isla. Desde torres y murallas antiguas a poblados prehistóricos, el legado de romanos, árabes, cartagineses, griegos, franceses, británicos y, por supuesto, españoles está siempre presente en todo su pequeño territorio. Especialmente en el casco antiguo de Ciutadella y Mahón, sus dos principales ciudades. La antigua cámara funeraria de la Naveta dels Tudons (1.500 aC), una de las grandes atracciones turísticas, y los museos de Alaior, Es Mercadal y Ferreries explican la historia de este pequeño trozo de las Baleares.

Las diversas etnias que se asentaron en Menorca jugaron un papel importante en el rico patrimonio de la isla. La artesanía, la ginebra y las abarcas son productos típicos tan llenos de tradición como las incontables fiestas menorquinas.  Las emblemáticas celebraciones de Sant Joan de Ciutadella, a finales de junio, son posiblemente el mayor reclamo popular de la isla. La imagen más esperada de estas fiestas patronales es el Caragol del Born, cuando un centenar de jinetes elegantemente engalanados hacen su entrada en la regia Plaça des Born pasando entre una excitada multitud mientras los caballos se alzan sobre sus patas traseras como símbolo de poderío y nobleza.

Su origen se remonta a principios del siglo XIV, cuando las romerías celebradas en la ermita de Sant Joan de Misa, en Ciutadella, se convirtieron, con el tiempo, en la práctica de juegos ecuestres, representados por los diferentes estamentos de la sociedad de la época. Los rituales y protocolos se han transmitido de padres a hijos durante siglos, lo que permite que actualmente podamos disfrutar de estos espectáculos cargados de emoción, sentimiento y tradición.

El protagonista indiscutible de las fiestas es el hermoso caballo menorquín. Un caballo que desde 1987 es reconocido mundialmente como raza pura y propia, descendiente directo de los pura raza árabes, ingleses y españoles. El caballo de Menorca es un animal esbelto y de majestuosa silueta, de capa negra y un porte sobrio, rústico, resistente y energético.

Gastronomía y vino

La gastronomía de Menorca se nutre de influencias catalanas, árabes y otros toques de culturas colonizadoras como la francesa y la británica. La escena gastronómica de Menorca es la piedra angular de su espíritu sostenible. Las especialidades clásicas de Menorca incluyen caldereta de llagosta, queso salado de Mahón, salchichas de sobrasada y botifarra condimentadas y, por supuesto, la mayonesa. Los mercados de productos frescos de Mahón y Ciutadella se sumergen en la cocina local, que se riega con vinos autóctonos de la isla.

En Menorca se elabora vino desde el siglo XIII. Tras una época crítica, en las últimas dos últimas décadas han vuelto a surgir nuevos proyectos, como la denominación geográfica Vi de la Terra Illa de Menorca (IGP). Hoy en día, importantes bodegas mantienen vivos los métodos de producción tradicionales e innovan con uvas como el merlot, syrah, chardonnay y malvasía.

La oliagua, una sopa exclusiva de la isla y otras recetas típicas como la pixotera de conejo hacen de la cocina local uno de los principales atractivos de la isla, lo que le ha valido para ser nombrada Región Europea de la Gastronomía 2022

 

Una isla sostenible

Menorca se mueve a un ritmo relajado, el que impone haber apostado antes que nadie por la sostenibilidad a través de la estrategia implementada por la Agencia de Estrategia Turística de las Islas Baleares (AETIB), para disminuir los impactos de la actividad turística. Gracias a la temprana protección de sus increíbles espacios naturales, esta isla tranquila y respetuosa con su entorno se beneficia de la suave visión de las brillantes olas turquesas que la rodean, de una campiña salpicada de muros de piedra y antiguos monumentos talayóticos, de faros aislados sobre cabos azotados por el viento y por blancas calas escondidas tras caminos polvorientos con olor a pino.

Menorca ha sabido equilibrar su enorme potencial turístico con la protección de un entorno salvaje y de ricas tradiciones locales. Reserva de Biosfera por la Unesco desde 1993, ha conseguido que parajes naturales y vírgenes hayan escapado al desarrollo más salvaje, como demuestra el Parc Natural s'Albufera des Grau, con 50 kilómetros cuadrados de relucientes lagunas de agua dulce en los que se puede practicar kayak, remo o dejarse sorprender por su colección de aves.

Una costa de postal

Poco más de 200 kilómetros de costa y más de un centenar de playas y calas bordeadas de pinos blancos relucientes abrazan la costa menorquina. En la costa sur, Cala Mitjana, Cala Macarella, En Turqueta y Talaier justifican ser inmortalizadas en una postal, mientras que las calas de Pregonda y Algaiarens, protegidas por las dunas, y la playa de Cavalleria de color rojo dorado son una invitación constante a la aventura por su carácter salvaje.

Al este de la isla se encuentra el impresionante puerto natural de Maó, por el que las potencias europeas lucharon durante siglos. Bordearlo en barco es un curso intensivo de historia mientras se otea desde el mar magníficas mansiones, muelles en calma o el puerto de Es Castell. Desde allí, se llega al Fort de Marlborough del siglo XVIII construido por los británicos y la formidable Fortaleza de La Mola, una creación española del siglo XIX.

Rincones con encanto...

Menorca esconde más encantos de los que uno pueda imaginar. Uno de los grandes atractivos de la isla son sus pueblos del interior y las villas pesqueras que tiene repartidas a lo largo de su costa. El color blanco de sus casas, las calles de piedra y su esencia mediterránea son sus señas de identidad.

Binibeca Vell

Está ubicado a unos cinco kilómetros de Mahón. Es una creación del famoso arquitecto español Antonio Sintes Mercadal, quien a principios de los 70 construyó este conjunto de edificios de dos plantas con el objetivo de recrear un pueblo de pescadores tradicional. Con un diseño morisco, comprende un pequeño laberinto de calles adoquinadas y casas encaladas, todas con vistas a un pequeño puerto.

Fornells

Villa marinera en la accidentada costa norte con calles encaladas, casitas tradicionales, un precioso paseo marítimo repleto de restaurantes y un puerto pesquero y deportivo. La bahía de Fornells forma parte de la reserva marina de Menorca y cerca se encuentra la Reserva La Concepción, donde se pueden visitar las salinas del siglo XIX. 

Mahón

Esta ciudad fundada en lo alto de un acantilado por un hermano de Aníbal Barca, domina el puerto natural más grande de Europa con sus más de cinco kilómetros de extensión. En el centro histórico, las pequeñas plazas están bordeadas por edificios del siglo XVIII y los miradores elevados ofrecen impagables vistas panorámicas. Un paseo por el casco histórico permite descubrir el patrimonio y legado cultural que han dejado las diferentes civilizaciones que han pisado estas tierras, repleto de casas señoriales y edificios históricos. Romanos, vándalos, bizantinos, normandos y musulmanes o ya más recientemente británicos o franceses han dejado su huella en Mahón.

 

 

... y pueblos que invitan a vivir

Ciutadella

Se trata de un bello municipio de aire señorial, con calles estrechas de piedra y encantadoras casas blancas. Uno de sus principales atractivos es su puerto pequeño y pintoresco, que durante el día ejerce las funciones de muelle pesquero y deportivo, pero que, por la noche, se convierte en un lugar de ocio, con bares y restaurantes de pescados y marisco. Sus puntos de interés son las casas señoriales del centro histórico, la Catedral, el Castillo de San Nicolás, la Plaza de Ses Voltes y su hermoso puerto natural. Aunque técnicamente se considera una ciudad, originariamente fue concebida como un puerto. El casco antiguo ofrece una atractiva y colorida arquitectura que refleja su rica historia.

Es Mercadal

A la sombra de El Toro, la cota más alta de toda la isla, este pueblo blanco conserva casi intacto el encanto de la arquitectura tradicional y la esencia menorquinas. La iglesia parroquial de Sant Martí, de estilo renacentista y edificada en el siglo XIV, el aljibe construido durante los años de la dominación británica por orden de su primer gobernante, Richard Kane y el santuario de la Virgen de Monte Toro (siglo XVII) con sus increíbles vistas de todo el perímetro insular, le acreditan como uno de los rincones más llamativos de la isla.

Ferreries

El tercer pueblo de Menorca, entre Mahón y Ciutadella, ofrece productos agrícolas y quesos producidos en las granjas de los alrededores. Entre los tesoros que guarda se encuentran las playas de Cala Galdana o Cala Mitjana o el Castell de Santa Agueda.

En las últimas décadas, este municipio ha ganado mucho peso industrial. Fábricas de calzado, marroquinería y joyería, fábricas de muebles y su ingente producción de abarcas artesanales le han dado un gran impulso comercial.

La Menorca secreta

Menorca tiene mucho que ofrecer más allá de sus famosas playas y calas de aguas transparentes. Esta isla también propone pueblos con encanto, atardeceres de película, paisajes campestres, senderos para practicar el ecoturismo, barrancos y humedales. Esta Menorca secreta se puede descubrir gracias a unos circuitos y caminos naturales que enlazan la Menorca más rural y desconocida.

La ruta de los 7 faros

Estos eternos guardianes del mar fueron construidos para evitar naufragios y siniestros marítimos, pero sus peculiaridades y los magníficos paisajes de su entorno los convierten en los lugares perfectos para alejarse del mundo. Cerca de Ciutadella se encuentra el Faro de Punta Nati, sobre acantilados escarpados por el fuerte viento que describen un paisaje impactante. En el extremo más septentrional de la isla se sitúa el Faro del Cap de Cavalleria, construido en 1857 a cien metros sobre el nivel del mar tras haber sido testigo de más de 700 naufragios. Dentro del Parque Natural de s’Albufera des Grau sobresale el Faro de Favàritx (1922), rodeado de un paisaje de otro mundo, incluso lunar, un entorno sobrecogedor y agreste, de rocas negras y fuerte oleaje. El Faro de San Carlos, el más antiguo de la isla (1852) se encuentra dentro de la zona militar de las ruinas del Castillo de San Felipe. El Faro de la Illa de l’Aire, hogar de la famosa lagartija negra, fue construido en 1850 en el islote que hay frente a la playa de Punta Prima. El Faro d'Artrutx (1858) vigila las turísticas zonas de Cala’n Bosch y Son Xoriguer.  Y, finalmente, en la entrada del puerto antiguo de Ciutadella, se halla el Faro de Sa Farola, el más urbano de todos.

El Camí de Cavalls

La mayoría de las playas de Menorca están unidas por un camino histórico de 185 kilómetros que recorre la isla desde hace siete siglos. Ser trata de un camino circular, catalogado como ruta GR de gran recorrido (GR223). El trazado se recorre en una semana o por etapas, sea practicando senderismo, paseos a caballo o en bicicleta de montaña.

Camí d’en Kane

Sendero de 20 kilómetros que atraviesa Menorca desde Ciutadella a Mahón. Originariamente sirvió para facilitar el traslado de las tropas y para que los ganaderos y agricultores tuvieran un adecuado acceso a los mercados locales. Con el tiempo, este camino fue olvidado. Ahora ha sido rehabilitado y ofrece una interesante imagen de Menorca, a través de prados, campos y antiguas viviendas.

Arqueología mágica

Menorca cuenta con una de los más impresionantes restos arqueológicos de toda Europa de más de dos mil años de antigüedad que ilustran la etapa prehistórica de la isla.  Las construcciones talayóticas se levantaron con una técnica ciclópea, es decir, utilizando piedras de grandes dimensiones colocadas en seco, sin argamasa. La mayoría de monumentos preservan gran parte de su estructura, y las investigaciones realizadas han permitido identificar sepulcros megalíticos, hipogeos, cuevas naturales con muralla, pozos, talayots y salas con cubierta de losas, además de las conocidas navetas y taulas. Son más de 1.500 yacimientos que forman un patrimonio arqueológico de incalculable valor y único en el mundo. 

Son Catlar

Cerca de Ciutadella, es el asentamiento talayótico más grande que existe. El poblado se encuentra rodeado de una gran muralla ciclópea de más de 900 metros de longitud. En su interior se conservan tres talayots (originariamente torres defensivas y de vigilancia), torres, bastiones, cimientos y una puerta de entrada principal. Fuera de la muralla hay algunos restos de viviendas y una pequeña necrópolis.

Naveta des Tudons

Se trata de un tipo de naveta funeraria en perfecto estado de conservación, con forma de nave invertida, donde se realizaban entierros colectivos. Durante las excavaciones se encontraron hasta cien individuos acompañados de ajuares y pequeñas ollas donde se depositaban ofrendas durante los ritos funerarios.

Es Castellet de Calescoves

Al sur de la isla, este enclave estuvo ocupado desde la prehistoria. Entre otros hallazgos, una necrópolis talayótica con más de noventa cuevas e hipogeos de enterramiento excavados en los acantilados, un embarcadero y un santuario de época romana

Cala Morell

Esta necrópolis es un conjunto de catorce cuevas, que cuentan con columnas interiores, ventanas y ábsides, entre otros elementos. Están situadas a 14 kilómetros al norte de Ciutadella.

La herencia británica

Hoy en día todavía quedan vestigios de la influencia británica. Las características ventanas de guillotina de las casas típicas de Menorca, muebles de época de estilo inglés, el consumo de ginebra y anglicismos en el habla de los menorquines recuerdan en cada centímetro de la isla el periodo de dominio inglés. La zona este de la isla es la que concentra un mayor número de testimonios de aquella época. Es Castell es el mejor exponente. Fundado como Georgetown en honor al rey Jorge III, fue construido según las pautas de la arquitectura inglesa del siglo XVIII. Fort Marlborough es una peculiar construcción militar que sirvió para proteger el castillo de San Felipe y, al mismo tiempo, la entrada del puerto de Mahón. La Torre Stuart y la Torre de Fornells son dos de las once atalayas defensivas alzadas por los británicos a lo lago de todo el litoral menorquín.

El peso de la herencia británica es especialmente evidente en Mahón. En el puerto, destaca el antiguo hospital militar de la Illa del Rei y el Arsenal de La Marina. En el centro de la ciudad son ejemplos interesantes el Principal de Guardia, el Palacio del Gobernador y los cuarteles de la Explanada, además de los balcones cerrados con cristales que toman el nombre del inglés bow window. Precisamente, el léxico es otro fiel testimonio del pasado británico de Menorca. Además de la palabra boínder, el menorquín conserva interesantes anglicismos como grevi (gravy, salsa), pinxa ( pilchard, sardina en salaó), xoc ( chalk, guix) o ull blec ( black eye, ull morat).

El Castillo de San Felipe se levantó a mediados del siglo XVI, como consecuencia del ataque del pirata Barbarroja. Durante las sucesivas dominaciones británicas se fue ampliando hasta convertirse en una de las fortificaciones más importantes de su tiempo en todo el Mediterráneo. Los españoles lo demolieron en 1782 pero todavía se puede visitar el complejo sistema de galerías subterráneas que conectaban las diferentes zonas del castillo. 

 

Un escenario para las artes escénicas

Menorca no es solo turismo, naturaleza e historia. Es también cultura. Flamenco, ópera, gospel, teatro, poesía… Toda la magia de las artes escénicas se citan en la isla en espacios culturales con un pasado esplendoroso, el Teatro Principal de Mahon, el Teatre des Born de Ciutadella y las antiguas canteras de Lithica.

El Teatro Principal de Mahón es una de las monumentales joyas culturales que tiene Menorca. La afición por la música y el teatro de los menorquines hace que continuamente se programen interesantes actividades durante todo el año. Construido en 1829, es el teatro de ópera más antiguo de España. Al teatro le da la bienvenida la escultura de Talia (musa clásica de la comedia), una figura femenina un tanto andrógina, en bronce, de tres metros de altura y líneas clásicas.

El Teatre des Born de Ciutadella fue construido entre 1873 y 1875 en un solar que una vez albergó un cuartel de caballería. Su diseño se inspiró en una serie de teatros barceloneses, sobre todo en el Teatro Romea. 

Las antiguas canteras de piedra de s’Hostal, donde se extraía el marés (piedra típica en las construcciones), se transformó en 1994 en Líthica, un espacio lúdico-cultural que acoge danza, música y teatro junto a un Laberinto de Piedra y un Circuito Botánico de la Biodiversidad.