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Miguel Vicente, presidente de Tech Barcelona / TB

Miguel Vicente: “El sector tecnológico es el mejor ascensor social que ha existido nunca”

El presidente de Tech Barcelona reclama una formación profesional “tecnológica” que recupere a los jóvenes que no entran en el mercado laboral

15 min

Miguel Vicente (Vinaroz, 1972) mantiene toda su pasión por el mundo tecnológico. La idea de ver crecer una empresa, desde los primeros planes hasta la posibilidad de adquirir otras para ser un referente internacional, le sigue motivando como ninguna otra cosa. Es el presidente de Tech Barcelona, y cofundador y presidente del fondo Antai Venture Builder, y protagonista esencial del sector desde hace más de dos décadas, con éxitos como Wallapop, o Lets Bonus. En esta entrevista con Crónica Global señala que hay “mucha liquidez” en todo el mundo con la idea de invertir en buenos proyectos. Y entiende que Barcelona es uno de los mejores lugares para aunar talento y recursos que consigan proyectar grandes empresas internacionales. No duda en destacar la dimensión social: “El sector tecnológico es el mejor ascensor social que ha existido nunca”, con la reclamación de que sirva ahora para ayudar a los jóvenes sin empleo a entrar en el mercado laboral. Y, frente a los pesimistas, tiene claro que Barcelona “está mucho más cerca de Londres que de Marsella”.

--Pregunta: ¿En qué momento se encuentra Barcelona en el sector tecnológico, tras la pandemia, y en medio de un cierto clima de pesimismo y de sensación de decadencia?

--El ecosistema tecnológico de Barcelona se vio afectado por el Covid, pero también se ha aprovechado para fomentar una mayor digitalización, que ha crecido en un 30%. El problema que tenemos sigue siendo el mismo que antes y es que en España hay pocos fondos de inversión grandes. Al no poder viajar, con la pandemia, ir a buscar a esos grandes inversores ha sido más difícil. Pero este año estamos viviendo un récord, con una inversión en España, hasta julio, de 2.500 millones, de los que más de la mitad han llegado a Barcelona. Hemos visto rondas como las de Wallapop, Glovo o Wallbox, que es un ejemplo de madurez, y que saldrá a bolsa en Estados Unidos.

--¿Barcelona no ha perdido, por tanto, sus buenas posiciones en el contexto internacional?

--Barcelona sigue como tercera o cuarta ciudad europea en todos los ránkings de atracción de talento. Llevamos entre 20 y 25 años de esfuerzo, un tiempo con el que se ha logrado la formación de equipos, a partir de experiencias como Privalia o Wallapop. Existe una gran vocación internacional y en el entorno macroeconómico lo que vemos es que hay una enorme liquidez, con capital comprometido y con muchos emprendedores. El crecimiento se ha centrado en el e-commerce, pero también en el sector de las fintech, en el sector de la educación, en la sanidad y el bienestar físico, en la ciberseguridad o en la logística.

--¿Qué se precisa desde el ámbito de la Administración?

--En España la ley de emprendedores está en borrador, y el sector sigue aportando propuestas, a partir de un diálogo que debería ser fructífero. El Gobierno ha puesto sobre la mesa una iniciativa interesante, que sigue lo que se ha hecho en Francia, con una inversión de fondos de capital riesgo para lograr ‘unicornios’ y un mayor crecimiento internacional. Es una iniciativa con 4.000 millones de euros, en la que participa el ICO, con la voluntad de potenciar el sector de la inteligencia artificial, la robótica, o el blockchain. Se trata de un ámbito que precisa de tiempos más largos para invertir en I+D, pero que, después, tiene ventajas competitivas a través de patentes para crear campeones nacionales, como Wallbox. Además, impacta en sectores como la salud, la agricultura o la movilidad. Al mismo tiempo, el propio sector tecnológico también ha buscado salidas, con ventas como la de Marmota, con una tecnología propia para colchones on line que ha adquirido el Grupo Flex. En este proceso, las firmas corporativas han aumentado su peso en la financiación de startups, y han pasado de suponer un 10% o 15% a un 25% o 30%, condicionadas por la necesidad de la digitalización.

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Miguel Vicente, presidente de Tech Barcelona / TB

--¿Respecto al peso en el PIB y a la generación de puestos de trabajo, dónde está el sector?

--El sector ha creado empleo durante la pandemia, pero nos gustaría que el peso se elevara y se situara sobre el 25% del PIB y el 20% del empleo. Hay países que han marcado el camino, como Estados Unidos. Allí, con un 0,5% del PIB en inversión en fondos de capital riesgo, se han logrado compañías que representan el 25% del PIB y el 20% del empleo, con una creación de puestos de trabajo cinco veces más rápido y de mayor calidad. Para ello, todos debemos trabajar juntos. El sector tecnológico lo imaginamos como el rompehielos de la economía y la punta de lanza para la digitalización de toda la economía. Es la correa de transmisión. Y los fondos europeos pueden ayudar para ese objetivo.

--Esa es una aspiración, ¿pero desde qué realidad se parte?

--Estamos en la mitad, sobre un 12,5% del PIB y un 10% del empleo.

--¿Barcelona puede superar, por tanto, su dependencia del sector turístico?

--Nos fijamos en diferentes indicadores. Si hablamos de que la inversión extranjera aumenta unos 2.000 millones, eso repercute en el peso del PIB, con empresas que se instalan en Barcelona, en los centros tecnológicos. Si un hub industrial genera empleo en relación a uno directo por uno indirecto, en nuestro caso la relación es de un uno a cinco. Nuestro sector compite en talento y capital, y es cierto que ese capital no está a nivel local. Es una asignatura pendiente, aunque estamos en el camino para corregirlo. Tenemos una vocación global y ese problema lo enmarcaría también dentro de Europa. La Unión Europea no se puede permitir ser una colonia tecnológica de Estados Unidos. Y debemos tener nuestros propios unicornios. Es el nuevo tablero de ajedrez, con Estados Unidos y China, y Europa no puede perder ese tren. De hecho, en los últimos años ha recuperado posiciones, y ha multiplicado por cinco el número de unicornios. Necesitamos, sin embargo, más fondos de capital riesgo.

Un poste de carga de Wallbox / WALLBOX
Un poste de carga de Wallbox / WALLBOX

--¿Ese es el obstáculo, entonces? ¿No hay capital propio local o no se destina al sector tecnológico?

--Es la gran asignatura, sí. Si no tienes fondos locales, estás en desventaja, porque muchas operaciones se cierran también por relaciones personales, de proximidad. El problema, como decía, también lo tiene Europa, que cierra operaciones con capital de Estados Unidos. Hay que aproximar, también, la universidad al sector, para que se puedan crear empresas. Una cuestión que debemos superar es que Barcelona, a pesar de tener una comunidad científica muy bien valorada, eso no se plasma en la creación de compañías tecnológicas o spin-off. Y todo ello nos debería llevar a un plan para los jóvenes. No nos podemos permitir el alto porcentaje de paro juvenil. Y debería impulsarse una especie de Formación Profesional de carácter tecnológico para los jóvenes, para adaptarse de forma rápida a ese sector, que no necesita solo ingenieros informáticos, sino profesionales muy variados.

--Lo que explica, en todo caso, contrasta con el clima de pesimismo, ¿por qué se produce?

--Porque vivimos en una situación muy desigual. Este año es como un oasis, con un empujón fuerte, con grandes inversiones, y por ello decimos que debe ser la punta de lanza para la creación de proyectos más disruptivos. Si durante la pandemia, por ejemplo, los comercios hubieran tenido el 60% de venta on line, lo hubieran llevado mucho mejor. Pero todavía estamos a tiempo. Y por eso debemos ser optimistas. Lo hemos visto en Estados Unidos, en el norte de Europa, en Israel y ahora en Francia. La apuesta por el sector tecnológico tiene un efecto tractor para toda la economía. Puede salvar a muchos jóvenes y levantar el ánimo de toda la economía.

El Pier01 luce la nueva denominación de Barcelona Tech City / CEDIDA
El Pier01 luce la nueva denominación de Barcelona Tech City / CEDIDA

--Barcelona ha logrado una buena posición internacional, pero el hub tecnológico de Basf se ha instalado en Madrid al entender que hay más “disponibilidad de talento y menos rotación”. ¿Por qué?

--Sobre la rotación, al considerar que en Barcelona puede haber más proyectos que generan más atracción, hay que decir que también hay empresas que se instalan en Barcelona con su hub correspondiente. Puede ser, en todo caso, una explicación. Pero lo que está claro es que si hay una buena apuesta de valor, esas empresas fidelizan a sus empleados. Tampoco podemos olvidar que hay muchas ciudades en toda España, como Madrid, que tienen buenos proyectos. Hay competencia.

--¿Las administraciones están alineadas con los objetivos que se han planteado desde el sector?

--En Tech Barcelona trabajamos en un campus urbano tecnológico, con varios hubs en red, con el Pier01, que ha demostrado su capacidad y la creación de talento. Y luego tenemos el Pier03, y tenemos la intención de poner en marcha un hub centrado en biotecnología y salud, en Via Laietana. Y tenemos el proyecto del edificio de Correos y un espacio para las fintech en la Bolsa de Barcelona. Todos estos proyectos son de colaboración pública-privada, un modelo en el que creemos con mucha fuerza. Trabajamos también con el Consorcio de la Zona Franca, con Foment y con más de 35 socios corporativos.

--¿Ese es el salto que se necesitaba, contar con las grandes empresas?

--Sí, con Telefónica, con Damm, con el Mobile…Tenemos compañías en todas las fases de crecimiento. Es una de nuestras características, junto a la vocación internacional, con un 60% de los proyectos de carácter internacional. Todo ello nos garantiza lo mejor de los dos mundos, ese baile que decimos entre un elefante y una gacela, entre la gran empresa y la agilidad de la startup.

--¿Cómo ve Barcelona a diez años vista?

--La veo con mucho optimismo. Tenemos una sociedad civil organizada, y debemos ser capaces de marcar prioridades, con el reto que supone el paro de la gente más joven y sin descuidar a los más mayores. Debemos tener en cuenta que el sector tecnológico --yo estudié con una beca-- es el mejor ascensor social que ha existido nunca. Nadie te pide quién es tu padre o tu madre. Lo único que importa es tu talento y tu capacidad de trabajo, y genera riqueza e igualdad de oportunidades. Imagino la tecnología como un medio y como decía Steve Jobs si le das a la gente medios y herramientas tecnológicas harán cosas maravillosas. Tiene un impacto positivo en nuestras vidas, para la salud, para la movilidad, para el medio ambiente y la sostenibilidad. Y si se consigue el trabajo conjunto de todas las administraciones y el sector se podrá transformar también el conjunto de la economía.

--Pero si insistimos en ese clima de cierto pesimismo por el futuro de la ciudad, ¿dónde está Barcelona, más cerca de Londres o de Marsella, vista como icono de una ciudad media que no está en la primera división?

--Sin duda, estamos más cerca de Londres que de Marsella. Si hacemos las cosas bien, en la misma dirección, podemos aprovechar muy bien las oportunidades que llegarán, como ha hecho París. Aunque Londres nos saca varias cabezas, y la competencia es feroz, tenemos oportunidades. Pero sin caer en la autocomplacencia, porque, como digo, la competencia es feroz y el tablero de juego es global.