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Cristina Colom,  directora de Digital Future Society / PABLO MIRANZO

Cristina Colom: "La tecnología nos puede ayudar, pero debe haber alguien al otro lado del teléfono"

La directora de Digital Future Society plantea soluciones a grandes problemas digitales que se han confirmado con la pandemia, desde la brecha de acceso a la discriminación por algoritmos

17 min

Digital Future Society es el espacio de debate y pensamiento de la Mobile World Capital de Barcelona (MWCBcn) donde se abordan los grandes debates éticos y legales unidos a la innovación. Los avances tecnológicos que nos facilitan la vida pero que también abren escenarios peligrosos tan amplios que van desde la existencia de mecanismos de control ciudadano, la discriminación por algoritmos y la propiedad de todos los datos que se generan en el día a día de cualquier persona, desde los más a los menos sensibles. Al frente de la organización está Cristina Colom, una especialista en comunicación corporativa, marketing, marca y reputación.

--Pregunta: ¿Cómo describiría la integración tecnológica real que se da en nuestra sociedad?

--Respuesta: Estamos en un momento de una transformación digital muy grande y radical. Ha afectado a todas esferas de nuestra vida cotidiana. En cómo trabajamos, educamos, en la movilidad, en la comunicación, en las cosas que podemos hacer en el hogar, etc. En todas ellas, la tecnología juega un rol cada vez más significativo y es prioritaria. Pero las oportunidades o beneficios que van vinculadas conllevan ciertos riesgos, ciertos dilemas que debemos analizar con profundidad y, después, abordarlos.

--¿De qué retos hablamos?

--Son muy amplios y van relacionados con la protección de los ciudadanos, en blindar sus derechos más fundamentales. Cuestiones básicas como la seguridad, la equidad o disponer de las mismas oportunidades, entre otras. Las podemos bajar. Podemos hablar de la desinformación, de la discriminación algorítmica, de la ciberseguridad, de la protección de los menores en internet o el uso de los datos. El reto más importante es abordar las brechas digitales. Más, si se tiene en cuenta el periodo del que venimos.

--¿La crisis epidemiológica del coronavirus?

--Antes de la pandemia ya había un brecha digital significativa, pero no era tan importante para la sociedad porque vivíamos una vida mucho más presencial. Con la pandemia se ha evidenciado que es muy grande, que casi la mitad de la población no tiene conectividad y que, más allá de esta brecha básica, hay muchas otras. Y todas ellas están vinculadas con lo digital. Cuestiones de género, de edad, de discapacidad. Para mi este es el reto más significativo que se debe abordar.

--El objetivo de la innovación tecnológica es que nos facilite la vida. ¿Se ha conseguido?

--La tecnología es una palanca de progreso y de bienestar, no hay duda de que nos ayuda a mejorar. Pero la debemos saber enfocar. El ciudadano debe estar en el centro de cualquier diseño o implementación tecnológica, y esta es la manera de erradicar las brechas digitales de las que hablábamos. Es evidente que necesitamos elementos básicos como son la infraestructura y la conectividad, pero la solución pasa por empoderar al ciudadano.

--¿En qué sentido?

--Tenemos que convertir al ciudadano en una persona digital. Debe conocer, entender e  interpretar todo lo que nos ofrece internet y, sobre todo, desarrollar un pensamiento crítico. Tener claro que no todo lo que está en internet es bueno.

--Casos como el reciente escándalo de Facebook ponen en duda que el ciudadano esté en el centro de los avances tecnológicos.

--No podemos generalizar. Estamos ante una emergencia digital porque muchos de los retos que nos traslada esta transformación digital no los habíamos anticipado. Considero que muchos problemas parten de que muchos desarrollos probablemente se hacían sin analizar a fondo el impacto que podía tener esa tecnología en la sociedad, no pensando específicamente en hacerlo mal. Y es aquí donde Digital Future Society pone el foco, en analizar los retos para buscar soluciones y llevarlas a la acción. Pero no lo podemos hacer solos, es una responsabilidad de todos.

 

 

--¿A quién se dirigen?

--Es una responsabilidad del sector privado: de las tecnológicas, de las startups y del mundo económico en general. También, obviamente, de las administraciones públicas y de cualquier representante de la sociedad civil. Todas las soluciones para que esta tecnología vaya más dirigida hacia el ciudadano o que el enfoque sea ciudadano pasa por la colaboración entre todos los agentes. Nosotros trasladamos que debemos construir una agenda digital que sea más equitativa, que no deje a nadie atrás, que sea más sostenible con el planeta y que lo hagamos entre todos.

--¿Se corre el riesgo de conseguir un decálogo de buenas intenciones que no se ejecute nunca?

--España y Europa pueden jugar un rol esencial para que no ocurra. El modelo europeo de valores y principios hace que nos replanteemos cómo diseñamos la tecnología. Empezamos con códigos de buenas prácticas para ver qué podemos hacer y qué no y ahora planteamos regulaciones de cuestiones como el uso que se hace de la inteligencia artificial, una cuestión pionera. En cuanto a la ley de protección de datos, incluso EEUU analizan nuestro modelo para empezar a aplicarlo allí. Hemos empezado a implementar algunas acciones que hacen que la tecnología y su diseño no sea una cuestión exclusiva de una empresa privada, sino que se trabaje con la administración pública y se tenga en consideración su impacto social.

--¿Cómo plantean recuperar a los que se queden atrás en los avances tecnológicos?

--Básicamente, en cómo afrontamos las brechas digitales. La solución es la de empoderar la ciudadanía, en lanzar auténticos programas de alfabetización digital. Los Next Generation nos puede ayudar en un país como España en este objetivo, pero también al resto de la Unión Europea. En brindar formación en habilidades digitales y en pensamiento crítico. Y no solo pienso en que se de en las escuelas, debe llegar a todos los colectivos. A todos los grupos y a todas las edades.

--Europa puede marcar la pauta a EEUU, pero ¿qué ocurre con Asia?

--Todavía falta mucho recorrido, y no solo hablo de la regulación, también del diseño de un tecnología más inclusiva. Nos debemos mirar bien en el espejo y decidir cómo queremos que sea la sociedad del futuro. Tenemos claro que será más digital, pero vamos a ver cómo la hacemos más inclusiva. Desde Europa marcamos las pautas y, al final, cualquier operador que quiera trabajar en Europa deberá cumplir con la regulación venga del mercado que venga. De la misma manera que la ley de protección de datos es una cuestión que EEUU ya empieza a revisar, Canadá va muy avanzado en ver cómo se evita que la inteligencia artificial discrimine a las personas. Si ocurre en estos países, probablemente podremos llegar a otros mercados como los asiáticos.

--¿Preocupa que en 20 años tengamos a una generación de personas mayores que sean incapaces, por ejemplo, de poner una lavadora?

--La preocupación la debemos tener ahora, especialmente después de la pandemia. Imaginemos cómo hubiera sido la crisis del coronavirus sin tecnología. Cómo hubiéramos sufrido sin podernos conectar o cómo hubiéramos descubierto la vacuna. La tecnología nos ha facilitado la vida en una situación dramática a nivel global, pero también sabemos que existen personas que están excluidas o que se están quedando excluidas de estos avances. Debemos buscar soluciones ya.

--¿Cómo se trabajan?

--En colaboración, sobre todo público privada. Empoderar al ciudadano sin dejar de tener en cuenta otro tema esencial. La tecnología nos ayuda mucho, pero no debemos imaginarnos un mundo solo en el ámbito tecnológico. Si brindo un servicio público, debo permitir que se recurra a una persona. No podemos eliminar, por ejemplo, las oficinas de atención ciudadana.

--Esto lo hemos visto también durante la pandemia. ¿Se deben recuperar?

--Necesitamos disponer de las vías paralelas, y no solo en una generación. La tecnología nos puede ayudar mucho, pero necesitamos que alguien esté al otro lado del teléfono. Un ejemplo claro lo tuvimos con las personas que no se vacunaban en Barcelona al no disponer de un correo electrónico para poder solicitar recibir la inmunización gratuita. Tenían que hacer una llamada y quizá ni les había llegado la información. Y se debe ofrecer este servicio a todo el mundo, pero también poder acceder a ella tanto de forma electrónica como presencial.

--¿La pandemia ha sido el gran laboratorio de pruebas?

--Ha visibilizado los retos y esos dilemas que ya sabíamos que existían. Las propias Naciones Unidas han sacado durante años informes que mostraban esos datos, pero probablemente para las administraciones públicas no era un tema prioritario porque en esos momentos las escuelas y los hospitales funcionaban. La pandemia ha visibilizado los retos y, sobre todo, que todo el mundo se ponga las pilas para trabajar en buscar soluciones.

Cristina Colom,  directora de Digital Future Society / PABLO MIRANZO
Cristina Colom, directora de Digital Future Society / PABLO MIRANZO

--¿Ocurre?

--Naciones Unidas dispone de una iniciativa de cooperación digital, incluso cuenta con un panel de expertos internacionales para entender cómo se debe avanzar en esa sociedad digital. Cuando entidades como Naciones Unidas o la Comisión Europea trabajan en ver cómo la tecnología es más inclusiva o en cómo buscamos soluciones más sostenibles a su uso implica que nos estamos empezando a poner las pilas. Si miramos las administraciones públicas locales, la Generalitat o el Gobierno, también priorizan programas de lucha contra las brechas digitales. Ya es una realidad y ocurre en muchos otros países. Y debemos tener claro que las soluciones son globales. Debemos trabajar de forma conjunta para buscar soluciones.

--¿Estamos dónde deberíamos estar?

--Probablemente no, pero sí que la pandemia ha evidenciado esos retos y las administraciones y el sector privado son más conscientes. Y allí es dónde Digital Future Society juega un rol conector. Nosotros lo que hacemos es vincular todas esas entidades para que trabajen en buscar soluciones.

--¿Cómo valoraría una de estas primeras soluciones, la normativa de protección de datos?

--Seguramente podría ser más ambiciosa o llegar más lejos, pero era necesaria. El uso de los datos es otro de los elementos esenciales de esa digitalización. La ley no da todas las soluciones en cuestiones como definir de quién son esos datos, cómo se consiguen o cómo se monetiza pero brinda la base para que como ciudadano te sientas protegido --cosa que no ocurre en otros países-- pero también para seguir avanzando en cuestiones como la regulación de la inteligencia artificial. Su desarrollo ya es una realidad y ahora debemos vemos los límites de su uso. Creo que son piezas de un mismo puzle que se debe trabajar. Si solo me basara en un código de buenas prácticas tampoco podríamos asegurar que una empresa privada los cumple. Una normativa es más clara para todos y llega incluso a penalizar

--La tecnología te da lo mejor, pero también puede llegar a mecanismos de control ciudadano. ¿Ese es el debate ético?

--Se debe tener en cuenta que el uso de los datos es esencial para el desarrollo propio de la tecnología. La cuestión es cómo los usamos de forma adecuada. Como no habíamos anticipado el debate, al principio las empresas los requerían por fines desconocidos para los ciudadanos y, probablemente, solo en beneficio de la propia compañía. Esto ahora no puede ocurrir. La ley te protege respecto a ello. Es parte del debate, pero no se puede demonizar.

--Su trabajo no parece tener fin. ¿Cómo plantean ejecutarlo?

--Es un futuro inmediato, ya estamos en ello. Construimos esa agenda digital que consideramos que debe ser más sostenible, más equitativa y más justa para no dejar nadie atrás. Es incesante, pero trabajamos con todos los agentes que tienen voz, los públicos y los privados. Es importante la colaboración entre las distintas entidades, pero también abogamos para que la tecnología no solo la diseñe el tecnólogo. Que sociólogos o filósofos que tengan otras visiones en el desarrollo.  

--¿Qué aceptación tiene?

--Cada vez es mayor. Si nos fijamos en masters o cursos universitarios del ámbito tecnológico, solo con el tipo de profesorado que tienen se ven como cada vez hay perfiles de otros sectores. Completan las visiones tecnológicas, que son importante. Incluso ocurre en los centros de investigación y a nivel internacional. Incluso los tecnólogos abren el foco. Antes solo pensaban en desarrollar un producto o servicio concreto, ahora también plantean el impacto de la tecnología en el ciudadano. Es un gran avance.