Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Retrato robot de Tomás Gimeno / TWITTER
Examen a los protagonistas de la semana

Tomás Gimeno

5 min

Filicidio no es machismo

No se nos ocurre un crimen más abyecto que matar a un niño. Y cuando ese crío es tu propio hijo, la cosa adquiere ya carácter de monstruosidad. Estos últimos días hemos podido asistir a dos casos desoladores de esta clase de crimen, los de Tomás Gimeno, en Canarias, y María Cristina Rivas, en Sant Joan Despí. El primero se cargó a sus dos hijas de corta edad para vengarse de su exmujer, y la segunda hizo lo propio con su niña de cuatro años para matar en vida al padre de la criatura, del que llevaba dos años separada. Ambas acciones son malvadas y estúpidas --cuánta razón llevaba Bioy Casares cuando afirmaba que insistimos mucho en la maldad y poco en la estupidez, que suele estar detrás de casi todas las meteduras de pata irreparables--, pero han recibido un tratamiento diferente por parte de la sociedad y de los medios de comunicación.

Enseguida se ha tildado lo de Gimeno de crimen machista, cuando yo no estoy tan seguro de que se trate de eso, pues pienso que el filicidio es una pulsión funesta de la que no tiene la exclusividad el macho de la especie. Que la violencia del hombre hacia la mujer es una lacra social y un problema grave en la España actual solo lo niegan los votantes más cavernícolas de Vox, pero la campaña supuestamente feminista contra Gimeno tengo la impresión de que yerra el tiro, ya sea por ignorancia, ya sea porque es de utilidad para una determinada agenda política. Las manifestaciones populares contra el asesino canario no han tenido su equivalente en el caso de la mujer de Sant Joan Despí, cuando el crimen es exactamente el mismo: la venganza vicaria contra el excónyuge y progenitor de las víctimas. El señor Gimeno es un indeseable por lo que ha hecho, pero no por ser un hombre, como si ser un hombre fuese lo que le ha llevado a actuar del modo en que lo ha hecho. Juraría que el filicidio, como la estupidez, está repartido de forma bastante democrática entre los miembros de nuestra sociedad y obedece claramente a problemas mentales, no de género. Seas hombre o mujer, si lo único que se te ocurre para jorobar a tu expareja es eliminar a los hijos que compartís, es que algo no te funciona bien en la cabeza. No estamos aquí ante el matón que golpea, maltrata o mata a su mujer: ese personaje lamentable, ciertamente, solo se da entre mis congéneres. Estamos ante sendos casos de insania sentimental que, probablemente, requieren atención psiquiátrica, además del castigo penal que merecen. Y ambos casos deberían ser tratados de la misma manera, cosa que no veo que se esté haciendo. El mensaje que se nos traslada, exagerando un poco, es que Gimeno hizo lo que hizo porque es un hombre, y no me extrañaría que pronto saliera alguien a disculpar a Rivas con la excusa de que era una pobre perturbada a la que, probablemente, volvió tarumba su exmarido, quien acabaría siendo el culpable, en el fondo, de la desgracia final.

La versión más histérica del feminismo está confundiendo interesadamente las cosas, con la colaboración de algunas figuras de la política de la mal llamada nueva izquierda, las mismas que son capaces de llamar a Rociíto para solidarizarse con ella, aunque la hija de La Más Grande esté haciendo caja a lo bestia con sus infortunios familiares. El crimen machista es repugnante, desde luego, pero es que lo del asesino canario no me parece un crimen machista, sino un triste filicidio, algo que puede cometer cualquier progenitor trastornado (e, insisto, estúpido), sea hombre o sea mujer, cuando no puede soportar que las cosas no le hayan salido según lo previsto. Quedo, pues, a la espera de los insultos de todas esas buenas personas a las que tanto les gusta subirse encima de un muerto para parecer más altas.