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La cantante Shakira / EP

Shakira

4 min

Quien paga, descansa

La cantante colombiana Shakira (Barranquilla, 1977) no parece estar viviendo sus mejores tiempos. Su matrimonio con el futbolista del Barça Gerard Piqué genera rumores de crisis (él ha dejado el domicilio familiar y se ha ido a un apartamento que tiene en la barcelonesa calle Muntaner) y el Ministerio de Hacienda español vuelve a interesarse por ella y por su supuesto olvido de haber pagado los impuestos correspondientes a unos años en los que tenía fijada su residencia en nuestro país. No es que Shakira sea la única habitante de nuestra nación que se escaquea lo que puede a la hora de cumplir con Hacienda, pero su caso resulta especialmente triste por el personaje que se ha fabricado de buena chica siempre preocupada por los pobres y deseosa de contribuir a mejorar sus condiciones de vida, como intenta hacer con esa ONG llamada Pies Descalzos consagrada a los niños menesterosos. Lo del escaqueo de Hacienda recuerda peligrosamente a las trapisondas de Bono, el cantante de U2, que siempre está quejándose de lo mal que va el mundo y luego sitúa su residencia fiscal en Holanda para pagar menos impuestos y que se joroben sus compatriotas, quienes, al parecer, no tienen problemas financieros desde los tiempos de la Hambruna de la Patata. Vamos a ver, yo de José Luis Moreno me espero cualquier cosa, pero de la chica del Waka Waka no.

Tampoco es que sea muy fan suyo, por otra parte. Creo que no empezó mal, pero enseguida derivó hacia un pop seudo étnico muy comercial, pero de riesgo cero. Estaba en su derecho, evidentemente. Y fue de las primeras estrellas latinas en ser tomadas muy en serio en Estados Unidos, algo que ahora, en la época de Rosalía y C. Tangana, parece fácil, pero no lo fue en la de Shakira y, en el fondo, sigue sin serlo.

También resulta muy triste la mezquindad inherente en despistar un dinerillo al fisco español por parte de una mujer que se ha hecho millonaria con sus quejidos y sus caderazos (nada que objetar a los segundos, los primeros hay veces que me sacan de quicio). En resumen, que lo de Shakira con Hacienda es, básicamente, cutre. Puede que lo que debe sea una suma inalcanzable para la mayoría de los españoles, pero para ella no es que sea calderilla, pero tampoco puede hablarse de una fortuna. Y, sobre todo, no se puede ir por ahí recaudando dinero para los niños pobres de Colombia y luego regateárselo al país en el que vives cuando no estás de gira.

Shakira es mona, bajita (la tuve al lado hace años, durante una entrega de premios del mundo de la música: no me pregunten qué hacía yo allí) y cae bien. Si no es una chica buena y dulce, la verdad es que interpreta ese papel a la perfección. Por eso le sale tan mal el rol de Bono Scrooge, que debería abandonar rápidamente y dejarlo en manos de profesionales de la hipocresía y la demagogia como el inefable cantante de U2, al que, de momento, habría que pedirle explicaciones por su desmoralizadora aparición en Ucrania. Para empezar.