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La escritora y tertuliana Pilar Rahola / EP

Pilar Rahola

4 min

¡No me dejan largar, Puchi!

El único resultado práctico de las recientes detenciones de los miembros del llamado estado mayor del prusés ha sido la difusión de esas conversaciones en las que nuestro general Patton, David Madí, tilda de “subnormal” a todo el mundo mientras persevera en sus chanchullos patrióticos. Mi charla favorita del nieto de Mr. Floïd es la que mantiene con la verdulera mayor del régimen, Pilar Rahola, en relación al maltrato que ésta cree estar sufriendo a manos de Vicent Sanchis, director de TV3, a quien ve en brazos de ERC. En ella se lamenta la bacallanera de que le están segando la hierba bajo los pies a base de quitarle minutos de esparcimiento verbal en los programas de la casa, hasta el punto de que su presencia, que ella ya consideraba prácticamente simbólica, se va difuminando sin que nadie ponga remedio a la situación. No se conforma con que Puchi le haya prometido que habrá que ocuparse de Sanchis en su momento y, como única representante auto proclamada de JxCat en el aparato de agitación y propaganda del régimen, exige una actuación inmediata para recuperar su cuota de pantalla. La charla da mucha vergüenza, pero Pilarín ha optado por empeorar las cosas quejándose en público de su difusión, que la convierte, según ella, en una víctima más de las cloacas del estado.

Es evidente que, tras las monsergas patrióticas, no hay más que la defensa encarnizada del lucro personal a costa del erario público. Pilar se siente golpeada donde más le duele: la cartera. Y reacciona como una niña mimada, yendo a gimotear a sus jefes de filas y confiando en que sus lloriqueos surtan efecto: se juega un nivel de vida al que sus méritos no le habrían permitido acceder y que solo se explica en su lamentable condición de Voz de su Amo. Pensemos que, además, llueve sobre mojado: hace tiempo que en La Vanguardia se ha ido disminuyendo su presencia --si te molestas en leer los comentarios de los lectores a sus artículos, encuentras abundantes muestras de descontento, cuando no, directamente, asco en relación a lo que en ellos se sostiene--, y debería tener claro que, cuando al conde de Godó le traiga más problemas que alegrías, se le señalará la puerta de salida sin contemplaciones. Ser un esbirro del poder es lo que tiene, que éste puede cambiar de manos y los nuevos mandamases optar por prescindir de tus servicios.

Pilar Rahola pertenece a un sector del periodismo que ha existido toda la vida: los sicofantes del que manda. Los tuvo hasta Franco en las horrendas figuras de Jaime de Campmany o Emilio Romero. Y en todos los casos se trata de lo mismo, de dinero. El discurso rimbombante que trata de disimular el lucro oportunista nunca se lo ha creído nadie.