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El presidente catalán, Pere Aragonès, en el Club Siglo XXI en Madrid / EP

Pere Aragonès

6 min

El ultimátum del Niño Barbudo

El actual presidente de la Generalitat, Pere Aragonès (Pineda de Mar, 1982), también conocido por los alias de El nen barbut o El petitó de Pineda, se fue a Madrid a decirles a los españoles que a ver si se toman en serio la mesa de negociación en la que no creen ni sus socios de gobierno, los de Junts x Puchi, porque, según él, puede ser la última oportunidad que tengan de ordenar un poco el problema catalán. El hombre pronunció su jeremiada en el Club Siglo XXI, ideal para este tipo de paripés que no suelen servir para nada, pero con los que el estado se las apaña para quedar más o menos bien con los pelmazos de la periferia. Sánchez envió al acto a un par de ministros (puede que elegidos por sorteo) y el resto del aforo se completó con sindicalistas, algún que otro representante de Podemos y los Comunes, un número indeterminado de desocupados y Gabriel Rufián, obligado a hacer acto de presencia en los actos oficiales de su jefe de filas.

Como era de prever, TV3 se encargó de presentar la excursión madrileña del responsable de que sus nóminas lleguen con puntualidad británica como un acto de innegable importancia en el que Aragonès puso los puntos sobre las íes y, prácticamente, les cantó las cuarenta a los españoles mientras instaba a los socialistas a echar el resto en la entelequia de la mesa de negociación porque ahí tenían la última oportunidad de llegar a algún tipo de acuerdo con el lazismo, como si eso constituyera alguna prioridad entre la clase política nacional. No dijo nada nuevo porque él y los suyos llevan años encerrados con el mismo juguete: el referéndum de autodeterminación, en el que volvió a insistir con el bonito lema “Atrévanse a ganarlo y también a perderlo”. Pedro Sánchez ni se molestó en responderle, cediendo la palabra a Salvador Illa, quien se apresuró a decir que el referéndum en cuestión ni está ni se le espera.

Lástima de billetes de AVE. Aragonès soltó la tabarra habitual, en Madrid hicieron como que le prestaban atención (aunque mi impresión es que se le considera un pelmazo que siempre está dando la chapa con lo mismo), se llevó unos (inmerecidos) elogios de Manuela Carmena, fuese y no hubo nada. Trámite cumplido. Todos los presidentes de la Generalitat han pasado por el Club Siglo XXI y el actual no iba a ser una excepción. ¿Será consciente de que se fue a Madrid a perder el tiempo y a incrementar la mala fama de cansinos y atorrantes que arrastramos los catalanes desde hace años gracias a gente como él? ¿Realmente cree que, cuando se reúna la célebre mesa de diálogo, va a salir de ella con la promesa gubernamental de un referéndum de autodeterminación? ¿Se da cuenta de que más le vale portarse bien con los socialistas y echarles una mano cuando lo necesiten porque como llegue a ganar las elecciones el PP (puede que de la manita de Vox) van a pintar bastos en serio para los separatistas? Y, sobre todo, ¿es consciente Aragonès de su actual irrelevancia?

El prusés ya no representa un peligro para la unidad de España. Ni para el actual gobierno, que lo ha reconocido públicamente, para gran contrariedad del mundo lazi. Sánchez se desharía de Rufián en cuanto pudiera, igual que de Yolanda Díaz o Arnaldo Otegi, personajes que solo le sirven para mantenerse atornillado al sillón, que es lo único que le preocupa. Las veladas amenazas del niño barbudo, presentadas de manera épica en la televisión del régimen, no preocupan lo más mínimo al gobierno español y llegan a resultar ridículas porque recuerdan a los ladridos afónicos de un caniche ante un pitbull. Hace tiempo que, en Madrid, le han tomado las medidas a Aragonès y juegan a darle pescadito para que no se rebote en exceso y les jorobe los presupuestos y asuntos semejantes. Saben que el pobre petitó de Pineda tiene al enemigo en casa –Borràs y Jordi Sánchez, teledirigidos desde Flandes por el Hombre del Maletero-, consagrado a hacerle la vida imposible y aplicándole la misma deslealtad que al gobierno de la nación. Hablar en nombre de Cataluña cuando tienes en contra a más de la mitad de la población y a tus socios de gobiernillo solo se lo puede tomar en serio TV3 por la cuenta que le trae. Y adoptar una actitud de sietemachos perdonavidas como la de Aragonès en su reciente visita a Madrid solo contribuye a convertirlo, a pasos agigantados, en lo que lleva camino de ser desde que tomó posesión del cargo: un hombre ridículo. Después de Mas, Puigdemont y Torra, uno más.